Tres años después: lo que Aileen agradece 

Aileen Challies nos abre su corazón por el dolor de haber perdido a su hijo, y nos recuerda que Dios sigue siendo bueno.
Foto: Tim Challies, vía X

En los últimos tres años he hablado mucho de Nick. He escrito muchos artículos y he hecho bastantes entrevistas, e incluso he publicado un libro. Y he sido consciente en todo ese tiempo de que solo puedo hablar de una pequeña parte de nuestra pérdida, porque había muchas personas que amaban a Nick y que lo perdieron. Hoy es el tercer aniversario de su muerte y le pregunté a Aileen si se sentía preparada para escribir algo. Me dijo que sí, así que hoy le entrego este espacio a ella.

Cuando estuve en Nashville para la presentación del libro Estaciones de aflicción, a Tim le preguntaron varias veces: “¿Cómo están tu esposa y tus hijas?”. La pregunta se hizo con tanta frecuencia que, después de reflexionar, creo que la gente entiende que Tim ha estado matizando la forma en que habla de mi experiencia con el dolor, así como de la de nuestras hijas. Ha tenido mucho cuidado de solo dar voz a su experiencia en los últimos años, y de expresarla de tal manera que la gente no suponga que la experiencia del resto de la familia coincide necesariamente con la suya. Lo amo por esto y lo aprecio mucho. Después de todo, la historia de Tim es solo una parte de la historia. Eso es porque el dolor de un padre es diferente del dolor de una madre. Esto tiene sentido. Dios ha creado a cada persona para que sea única, lo que significa que la experiencia de dolor de cada persona es única. La relación de cada persona con el difunto también es diferente, y esto se presta a diferencias en cómo cada persona lleva su luto. Para agregar otra capa de complejidad, cada circunstancia de pérdida es también diferente. Cuando escuchamos a las personas que han perdido a seres queridos, sorprende continuamente lo diferente y única que es cada situación, cómo el dolor se muestra de forma distinta en cada persona y en cada circunstancia. Este debe ser otro ejemplo de cuán formidable y maravillosamente hemos sido hechos. 

Tim me preguntó recientemente si para el segundo aniversario de la muerte de Nick estaría dispuesta a escribir algo al respecto, algo que pudiera ayudar a responder a la pregunta de cómo me encuentro.

Me dijeron que probablemente tardaría unos dos años en volver a la normalidad, y parece que el final del segundo año es el comienzo de una nueva temporada. Por ello, me parece apropiado recordar y reflexionar sobre las cosas por las que estoy agradecida.

Tim Challies junto a su esposa Aileen y sus tres hijos. Al extremo derecho de la imagen, su hijo Nick, quien falleció en el 2020. /Foto: Godtv

Agradezco que Dios me haya preparado

Dios ha sido bondadoso. Nos ha dado una de las cosas más difíciles y, sin embargo, también nos ha dado tanto para ayudarnos a sobrevivir. Al mirar atrás, ahora veo cómo me preparó hace años para resistir semejante tormenta. Él me bendijo dándome una base teológica que en mi momento más débil simplemente tuve que desplegar. Puedo ver cómo nos dio lo que necesitábamos momento a momento para seguir caminando en la fe a través de tal sufrimiento. Cuando nada me parecía cierto, cuando Dios no me parecía bondadoso, cuando no me parecía bueno, cuando no me parecía justo, tenía una elección: podía elegir creer lo que mi corazón y mis emociones me decían, que Dios era cruel, inhumano e injusto, o podía elegir creer lo que mi mente sabía que era cierto sobre el carácter de Dios y confiar en que, eventualmente, mis emociones alcanzarían a mi mente. Hay días en los que esto sigue siendo una lucha, pero he aprendido a no confiar en mis sentimientos. Las emociones no pueden informar a la verdad. Más bien, la verdad debe informar a las emociones. Dios no nos abandonó, caminó con nosotros y nos preparó. Tuve que tomar la decisión consciente de ver Su presencia, pero Él estaba allí. Estoy muy agradecida de que, en Su misericordia, me preparó.

Estoy agradecida por la soberanía de Dios

La soberanía de Dios es reconfortante y aterradora al mismo tiempo. Creo que de forma abstracta sabía que el Señor podía elegir hacer lo que quisiera en nuestras vidas. Pero, de repente, el 3 de noviembre, aprendí dramáticamente que Él realmente hará cualquier cosa. Aún así, estoy muy agradecida de que Dios tenga el control. Esta situación solo sería peor si Dios no tuviera control sobre ella. Dios tenía todo el derecho de elegir esto para nosotros. Puede que no me guste mucho, pero sé que tiene un propósito con ella. Como humanos, parece que tenemos una necesidad imperiosa de entender por qué suceden las cosas. Nos hace sentir mejor si podemos atribuir un propósito específico a las dificultades que experimentamos. Pero la realidad es que, en nuestra debilidad y fragilidad humana, Dios no nos ha concedido esa capacidad. Podemos adivinar, podemos sospechar, pero no podemos saber con certeza. Dios, en cambio, nos concede conocimiento de Su soberanía, y nos pide que confiemos, por fe, en que todas las cosas obran para nuestro bien y para Su gloria. No sé cómo esto viene a ser verdad en la muerte de Nick. Creo que nunca sabré, en esta tierra, el propósito completo de este sufrimiento en nuestras vidas. Pero sé que un día todo tendrá sentido. Puedo esperar pacientemente, confiando en el carácter de Dios. Doy gracias a Dios porque Él ve el panorama completo, tiene el control de todas las cosas y nada sucede fuera de Su voluntad. Doy gracias porque Dios es soberano.

Collage fotográfico de Nick publicado por sus padres. / Foto: Tim Challies

Estoy agradecida de que esto sea temporal

También sé que, por difícil que sea, todo es temporal. Inicialmente dividíamos los días según las cosas difíciles que teníamos que hacer, una después de la otra. Podría haber sido la llamada al forense o a la funeraria. Podría haber sido elegir la ropa o empacar las pertenencias. Pero durante mucho tiempo nuestra vida estuvo dividida en segmentos, definidos por la siguiente cosa difícil que teníamos que hacer. Con el paso del tiempo, esas cosas difíciles se van superando. Aún así, la realidad es que siempre tendremos la siguiente cosa difícil que hacer. La vida en este mundo caído así lo dicta. Pero un día, ya no habrá la siguiente cosa difícil. Estoy muy agradecida de que este mundo no sea nuestra ciudad permanente. Hasta ese día, cuando el Señor me llame a casa, mi trabajo en esta tierra aún no ha terminado. Así que esperaré pacientemente, soportando lo que sea necesario, hasta que un día no haya más duelo, ni clamor, ni dolor, y toda lágrima sea enjugada y la muerte no exista más. Estoy muy agradecida de que esto sea temporal. 

Estoy agradecida por haber podido ser la mamá de Nick.

Quería contarte todo sobre Nick, pero al empezar a escribir esto me he dado cuenta de que todavía no puedo. Quizás en otro momento, cuando el dolor sea un poco menos crudo, cuando mi corazón duela un poco menos, podré compartir un poco más sobre mi primogénito, el primero que me hizo madre. Dios, en Su misericordia, me dio un hijo que trajo luz y alegría a mi vida durante 20 años. A pesar de toda la tristeza, estoy muy agradecida de haber podido ser mamá de mi Nick. 

Pocos días después de la muerte de Nick escribí a una amiga y le expresé mi anhelo de que llegara el día en que regresara el gozo. Sabía lógicamente que algún día llegaría, pero al mirar hacia delante, lo único que podía ver era dolor y tristeza. Han sido días muy, muy difíciles. Pero Dios, en Su bondad y misericordia, nos ha sostenido. Nos hemos afligido, lamentado y llorado. Pero a medida que la marca de los dos años llega a su fin, estoy viendo que el gozo regresa, un gozo que está menos manchado por la tristeza. Estoy agradecida. Dios ha estado presente. Y creo que terminaré aquí como he terminado cada nota que he escrito en los últimos dos años: Dios sigue siendo bueno.

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Esta foto es muy especial, ya que captó el primer momento en que Nick empezó a responderle a Aileen y a “hablarle”. / Foto: Tim Challies

Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

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