Cuando los buenos sentimientos son malos… y viceversa

Cuando sintamos lo que Dios quiere que sintamos, tan fuertemente como Él quiere que lo sintamos, tendremos emociones piadosas.

¿Cómo se sienten las emociones piadosas? Para empezar, sabemos que Dios quiere que tengamos emociones positivas como el amor, la alegría y la paz, ¿verdad? Sí, pero ¿te has dado cuenta también de que hay emociones positivas que se supone que no debemos sentir? Tendemos a pensar que un cristiano es alguien que se siente “animado” y “feliz” todo el tiempo, pero las Escrituras nos dicen que hay momentos en los que no debemos alegrarnos. Por ejemplo: “No te regocijes cuando caiga tu enemigo” (Pro 24:17). Y también hay cosas por las que no debemos sentir amor, por ejemplo: “[No] amen el juramento falso” (Zac 8:17). Del mismo modo, quizás imaginemos que Dios no aprueba los sentimientos negativos como el odio, la ira y los celos. Eso es cierto, a veces. Pero puede sorprenderte que otras veces Dios nos ordena sentir emociones negativas como la ira y el odio. Debemos enojarnos (Ef 4:26) y aborrecer lo malo (Ro 12:9). En resumen: “Hay… tiempo de amar, y tiempo de odiar” (Ec 3:1, 8). Contrario a lo que podamos creer, los cristianos deben ser personas que aman y que odian. Está claro que Dios no evalúa nuestras emociones como lo hacemos nosotras. Así que si las emociones felices no son siempre correctas y las emociones infelices no son siempre incorrectas, ¿cómo saber si sentimos de manera piadosa o no? Es muy sencillo: Las emociones piadosas surgen de creencias y valores piadosos. En otras palabras, las emociones piadosas surgen de creencias y valores que corresponden a verdades y valores de la Palabra de Dios. De la misma manera, las emociones pecaminosas fluyen de creencias y valores pecaminosos. La pregunta crucial es esta: ¿Creemos lo que Dios dice que es verdad y valoramos lo que Dios dice que debemos valorar? Si es así, tendremos emociones verdaderas. En otras palabras, nuestras emociones positivas son impías si aprobamos cosas que Dios dice que están mal o si encontramos placer en cosas que Dios odia. Si nos alegramos de la caída de alguien que nos desagrada, si nos deleitamos con un sabroso chisme o si encontramos placer en la presentación de una conducta pecaminosa en un programa de televisión, nuestras emociones positivas no están basadas en creencias ni en valores divinos. Aquí es donde nuestras emociones revelan con frecuencia quiénes somos de verdad: ¿Qué nos hace felices? ¿Qué amamos? ¿Qué nos complace? ¿Qué nos entusiasma? Si nuestras emociones positivas están centradas en valores impíos, o si nuestras esperanzas están puestas en creencias impías, estos sentimientos no son agradables a Dios. Por otro lado, nuestras emociones negativas son piadosas cuando se levantan contra el pecado y el sufrimiento. Así que es correcto afligirse por la tragedia del aborto y la injusticia del racismo. Deberíamos indignarnos contra la pornografía y el tráfico sexual. Deberíamos sentirnos asqueados por las calumnias y los chismes. Deberíamos sentirnos mal cuando la verdad de Dios y los valores bíblicos son rechazados o violados. De hecho, carecer de emociones negativas en cualquiera de estos casos revelaría una falta de carácter moral de nuestra parte. “Sería imposible… que un ser moral se mantuviera indiferente e impasible en presencia del mal percibido”, escribió el teólogo B. B. Warfield. ¿Con qué frecuencia, para nuestra vergüenza, carecemos de las emociones negativas que Dios requiere? El pastor Clifford Pond escribió: “Es en el nivel de nuestras emociones donde nuestras imperfecciones quedan más claramente expuestas. Nos dolemos de las cosas equivocadas, nos reímos de las cosas que deberían indignarnos. Este es un verdadero indicador de nuestra pureza mental y con demasiada frecuencia revela nuestras faltas”. Así que nuestra ira puede ser piadosa o pecaminosa; nuestros sentimientos de amor y afecto pueden ser piadosos o pecaminosos. Nuestra tristeza puede ser correcta y nuestra felicidad puede ser incorrecta. Aun nuestros celos y ansiedad pueden ser piadosos, dependiendo de las creencias y valores que haya detrás de ellos (Cnt 8:6; 1Co 7:34). ¿Cómo podemos saber si tenemos emociones correctas? No podemos saber esto al decir: “Es que me siento bien”. Debemos preguntarnos: “¿En qué cosas creo para que me hagan feliz o triste?”, y: “¿Qué cosas valoro para que estén causando estas emociones?”. Cuando aprendamos a evaluar nuestras emociones —no por si son positivas o negativas, sino por cómo reflejan nuestras creencias y valores— nos será fácil ver las emociones que Dios demanda. No solo debemos tener los sentimientos adecuados, sino que también debemos sentir con la intensidad adecuada. Todas nuestras emociones “deberían ser proporcionales al valor real de sus objetos”, explica el profesor Mark Talbot. “Por ejemplo, prácticamente todo el mundo reconoce que hay algo realmente malo en los cónyuges que no quieren a su esposo o esposa mucho más de lo que quieren a sus perros, o en los padres que no están mucho más implicados emocionalmente con sus hijos que con sus vehículos”. En otras palabras, deberíamos sentir con mayor intensidad las cosas más importantes. Así que preguntémonos: “¿Qué es lo que más siento?”, o, más importante: “¿Por quién tengo los sentimientos más fuertes?”. Las Escrituras nos dicen cuál debe ser la respuesta: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu fuerza, y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo” (Lc 10:27). Cuando sintamos lo que Dios quiere que sintamos, tan fuertemente como Él quiere que lo sintamos, tendremos emociones piadosas. Este es un fragmento del libro “Emociones verdaderas”, Páginas 63-66. Por Editorial Poiema. Puedes adquirir el libro en el siguiente link https://poiema.co/products/emociones-verdaderas?utm_source=WEB&utm_medium=extracto&utm_id=SDJ&utm_term=SDJ  

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