Todos nos hemos familiarizado con este patrón. Todos hemos visto a miembros de la iglesia sentirse insatisfechos y luego descontentos, faltando a la iglesia de vez en cuando y luego de manera constante. Todos hemos visto el patrón y hemos empezado a temer la conclusión casi inevitable. Esto es especialmente desalentador cuando el motivo de la partida no es un área de desacuerdo teológico esencial, sino algo mucho más común y mucho menos importante: sentimientos heridos, disputas triviales o asuntos de preferencia.
Este patrón es tan común que todos deberíamos asumir que nosotros mismos podríamos caer en él en algún momento. Siendo este el caso, ¿qué deberías hacer cuando empieces a sentir descontento en tu iglesia? ¿Qué deberías hacer cuando sientas ese anhelo de recoger tus cosas y seguir adelante? ¿Qué deberías hacer cuando te encuentres ansioso por escabullirte de una iglesia para entrar en otra? Me gustaría ofrecer solo algunas sugerencias que espero que consideres y pongas en práctica.
Ora por el directorio
Consigue una copia del directorio de miembros de la iglesia y comprométete a orar por cada persona de la lista al menos una vez. Ora por cada persona o cada familia por nombre. Ora lo que la Biblia modela y lo que el Espíritu te impulse. La oración es una de nuestras responsabilidades fundamentales los unos hacia los otros y tiene una forma de avivar nuestros afectos. Mientras oras por esas personas, que esto te recuerde que no te estás alejando simplemente de un club o una institución, sino de una comunidad; incluso de una familia.

Comprométete a servir
Cuando uno está descontento, la tentación siempre es dejar de servir, retirarte de cualquier ministerio en el que hayas estado involucrado. Antes de irte, vuelve a comprometerte a servir a los demás durante un periodo de tiempo, al menos varios meses. El amor tiende a enfriarse cuando dejamos de amar a los demás y tiende a reavivarse cuando empezamos a amar de nuevo. Además, es mientras servimos que el Señor nos recuerda que Él nos ha dado dones específicos para que podamos usarlos para bendecir a nuestros hermanos cristianos.
(A modo de paréntesis, es casi universalmente cierto que cuando las personas abandonan las iglesias por razones pobres o inadecuadas, han dejado de orar por sus hermanos miembros de la iglesia y han dejado de servirles. Rara vez la gente se va cuando es constante en la oración y diligente en el servicio).

Recuerda lo bueno, no solo lo malo
En momentos en que estamos heridos o desanimados, solemos obsesionarnos con lo que otros han hecho mal, no con lo que han hecho bien. Así que, mientras consideras irte, oblígate a recordar no solo los fallos de la iglesia, sino también sus bendiciones. Recuerda no solo los malos momentos, sino también los buenos; no solo las veces que falló, sino también las veces que se unió a la causa. Recuerda todas las veces que te bendijo, te expresó bondad y te apoyó. Es posible que descubras que este lado de la balanza pesa mucho más que el otro.

Reflexiona profundamente
Puede haber muchas buenas razones para dejar una iglesia por otra, pero ciertamente hay muchas malas. La peor razón de todas es permitir que un pecado no identificado o no arrepentido sea el factor determinante. Por tanto, antes de dejar cualquier iglesia, piensa cuidadosamente si el pecado o la santificación está marcando el camino; si sientes la necesidad de irte porque has crecido en santidad o porque tu santidad ha disminuido. Demasiadas personas permiten que el pecado, y no el Espíritu, las guíe hacia la puerta.

Ora a fondo
La única manera de reflexionar adecuadamente es orar a fondo. Necesitas esforzarte en la oración para llegar a estar convencido de que tu partida es consistente con la voluntad de Dios. Ora para que Dios exponga tu corazón, guíe tus sentimientos y aclare tus motivos. Ora para que tu deseo más profundo sea honrarle y glorificarle, ya sea que eso signifique quedarte o irte.

Conversa sobre el tema
Es posible que la iglesia esté en el error, pero también es posible que tú lo estés. Es posible que haya un problema grave con el liderazgo de la iglesia, pero también es posible que haya un problema grave con tu santificación. Ten el carácter y la honestidad de preguntar a alguien: “¿Estoy tomando una decisión sabia?”. Y asegúrate de que esa persona sea del tipo que te confrontará si necesitas ser confrontado. No te vayas si hombres y mujeres dignos de confianza te dicen que te quedes.
El hecho es que, en una cultura consumista como esta, una cultura en el que el cliente siempre tiene la razón, demasiada gente deja demasiadas iglesias con demasiada facilidad. Es poco probable que alguno de nosotros esté por encima de la tentación de marcharse por razones pobres y dejar tras de sí un rastro de dolor y confusión. Así que, antes de tomar esa decisión, ora por las personas de la iglesia y sírveles diligentemente. Pide a Dios sabiduría y pide guía a otros. Y entonces, solo entonces, vete con la confianza de que tu partida es la voluntad de Dios. Al hacerlo, habrás honrado a Dios, servido a los demás y modelado cómo dejar bien una iglesia.
Publicado originalmente en Challies.