Noviembre 7
Pero [Dios] da mayor gracia. Por eso dice: “Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes”. Por tanto, sométanse a Dios. Resistan, pues, al diablo y huirá de ustedes. Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes (Santiago 4:6-8).
Santiago nos enseña que existe una preciosa experiencia de “mayor gracia” y de que Dios se “acerca” a nosotros. Sin duda, es una experiencia maravillosa: mayor gracia y una cercanía especial con Dios. Pero pregunto: ¿es esta experiencia del amor de Dios incondicional? No. No lo es. Depende de que nos humillemos y nos acerquemos a Dios. Dios “da [mayor] gracia a los humildes… Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes”.
Hay experiencias preciosas del amor de Dios que requieren que combatamos el orgullo, busquemos la humildad y valoremos Su cercanía. Esas son las condiciones. Por supuesto, las condiciones en sí mismas son obra de Dios en nosotros. Pero, aun así, siguen siendo condiciones que nosotros cumplimos.
Si esto es cierto, me temo que las afirmaciones imprecisas y bíblicamente descuidadas de que el amor de Dios es incondicional pueden impedir que las personas hagan justo lo que la Biblia dice que deben hacer para disfrutar de la paz que tanto anhelan. Al intentar dar paz mediante la “incondicionalidad”, podríamos estar privando a las personas del remedio que la Biblia establece.
Sin duda, proclamemos alto y claro que el amor divino de la elección, el amor divino de la muerte de Cristo y el amor divino de nuestra regeneración, es decir, nuestro nuevo nacimiento, son absolutamente incondicionales.
Y proclamemos incansablemente la buena noticia de que nuestra justificación se basa en el valor de la obediencia y el sacrificio de Cristo, no en el nuestro (Romanos 5:19: “Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de Uno los muchos serán constituidos justos”).
Pero declaremos también la verdad bíblica de que quienes se humillan y se acercan a Dios a diario, disfrutarán de las experiencias más plenas y dulces de la gracia de Dios y de Su cercanía.
Devocional tomado del artículo Does Unconditionality Conceal the Remedy?
