El adulterio es un asunto grave. Al menos, es un asunto grave en la mente y el corazón del Dios que creó el sexo y el matrimonio, y que estableció límites sabios para ambos. ¿Pero por qué? ¿Por qué el adulterio es un asunto tan grave? Christopher Ash ofrece seis razones en su libro Casados para Dios. Traeré sus ideas a medida que avanzamos en nuestro recorrido.
1. El adulterio es dar la espalda a una promesa
En la mente del adúltero, la búsqueda de otra persona no es en primer lugar dar la espalda, sino dirigirse hacia alguien: hacia alguien que resulta deseable y encantador. “Me lo merezco”. “Ella suple mis necesidades”. “Él me entiende”. “Ella hace las cosas que mi esposa no hace”. Pero, en el fondo, el adulterio es, antes que nada y de manera muy significativa, dar la espalda. Es dar la espalda a la persona a quien se le hicieron promesas en presencia de testigos. Y lo que es más importante, es abandonar las promesas hechas en presencia de Dios y, de ese modo, dar la espalda a Dios mismo.

2. El adulterio lleva al adúltero de la seguridad al caos
Debido a que el adúltero ha dado la espalda, entra en una vida de lealtades divididas.
Una vez que la promesa se rompe, la barrera se vulnera, el muro seguro del matrimonio se derrumba y se desata el infierno. El adúltero descubre que, después de todo, no ha cambiado un lugar seguro (su matrimonio) por otro lugar seguro (el nuevo hogar con la nueva pareja). Esa es la ilusión, pero la realidad es muy diferente. Los adúlteros pronto se dan cuenta de que han entrado en un mundo donde la infidelidad es la norma; después de todo, si se puede romper un conjunto de votos, ¿por qué no otro?
Incluso cuando el adúltero permanece leal a esa nueva pareja, sigue existiendo una vida dividida, una familia dividida, recuerdos divididos. “Para el adúltero, el pasto parece mucho más verde al otro lado de la cerca, pero no es ni de lejos tan verde como parece”. Las acciones del adúltero lo alejan de la seguridad de la estabilidad y lo llevan directo al desorden.

3. El adulterio es secreto y deshonesto
El adulterio es inherentemente secreto e inherentemente deshonesto. Tiene que serlo, porque nadie quiere pregonar a los cuatro vientos que está rompiendo una promesa. El adulterio ama la oscuridad y huye de la luz, y mientras pueda, intenta mantenerse en secreto. “Mientras que la noticia de un matrimonio se difunde con anuncios de alegría e invitaciones, la noticia de un adulterio se filtra por rumores y bajo presión”. ¡Auch! Eso por sí solo debería decirnos qué hay en el corazón del adulterio, pues el pecado ama permanecer en la oscuridad, mientras que la justicia ama la luz. El adulterio depende de un secreto deshonesto.
4. El adulterio destruye al adúltero
El adulterio no le hace ningún favor al adúltero. Por el contrario, socava y erosiona el carácter y la integridad. “Como todo pecado secreto, carcome como un químico nocivo la integridad de quien lo comete. En el momento en que cualquiera de nosotros abre una brecha entre lo que dice ser públicamente y lo que realmente es en privado, nos dañamos al nivel más profundo posible”. ¿No ocurre siempre lo mismo con el pecado? Promete mucho, pero da muy poco. Promete libertad y entrega cautiverio. Promete plenitud y entrega vacío. El adulterio destruye al adúltero aun cuando le promete gozo y vida.

5. El adulterio daña a la sociedad
Podemos ampliar el alcance desde el individuo hasta la sociedad que lo rodea y ver que el daño también continúa allí. El adulterio perjudica el tejido mismo de la sociedad. “Cada acto de adulterio es como una bola de demolición que impacta contra los muros seguros del tejido social. Provoca odio y enemistad. Fomenta una cultura que considera que los límites del matrimonio no necesitan ser tan rígidos”.
Nos encanta pensar que nuestros pecados son solo nuestros, que solo nos conciernen a nosotros. Pero no, nuestro pecado va mucho más allá de nosotros mismos e impacta a los demás. Con el adulterio vemos esto incluso en la incertidumbre de los amigos o colegas sobre cómo hablar o cómo reaccionar cuando se enteran de un caso de adulterio. Vemos el daño que causa si llegan a decir: “Al menos ahora es más feliz”. El adúltero quita un ladrillo más del cimiento del matrimonio.

6. El adulterio perjudica a los hijos
El adulterio causa un daño gravísimo a una parte inocente: los hijos. “Porque los hijos están justo en medio de todo, en la intimidad del hogar familiar quebrantado por la traición a las promesas, oscurecido por el secreto y las mentiras, dividido por el conflicto y los odios”. Los hijos prosperan cuando hay estructura, cuando hay estabilidad, cuando hay paz y orden. Los hijos sufren daño cuando el adulterio trae caos, conflicto y desunión. Los hijos son partes inocentes que sufren un daño terrible cuando el adulterio separa a sus padres.
Conclusión
Por estas razones y muchas más, el adulterio es un asunto de la mayor gravedad. No es de extrañar, entonces, que la Biblia contenga advertencias tan serias y reiteradas en su contra:
No cometerás adulterio (Ex 20:14).
¿Puede un hombre poner fuego en su seno
Sin que arda su ropa?
¿O puede caminar un hombre sobre carbones encendidos
Sin que se quemen sus pies?
Así es el que se llega a la mujer de su prójimo;
Cualquiera que la toque no quedará sin castigo (Pro 6:27-29).
El que comete adulterio no tiene entendimiento;
El que lo hace destruye su alma (Pro 6:32).
Sea el matrimonio honroso en todos, y el lecho matrimonial sin deshonra, porque a los inmorales y a los adúlteros los juzgará Dios (Heb 13:4).
Publicado originalmente en Challies.