Existe un tipo de personalidad con la que estoy seguro de que todos estamos familiarizados, un tipo de personalidad impetuosa, impulsiva y propensa a actuar de forma espontánea y poco pensada. Es la personalidad de Simón Pedro, a quien conocemos muy bien por medio de las páginas de las Escrituras. El discípulo que se tiró por la borda para intentar caminar sobre el agua, el que exclamó: “…no solo los pies, sino también las manos y la cabeza” (Jn 13:9), el que sacó la espada para proteger a su Salvador; y el que, cuando lo vio después de Su resurrección, se arrojó inmediatamente por la borda para nadar hacia la orilla. Le amamos por su valentía, por su audacia, por su naturaleza desinhibida.
He reflexionado antes sobre cómo Jesús fue el primero en identificar una cualidad preciosa en Pedro, pues tan pronto lo conoció, Jesús le dijo: “‘Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú serás llamado Cefas’, que quiere decir Pedro” (Jn 1:42). Pedro y Cefas significan “roca”, lo que nos dice que desde el primer momento Jesús vio una cualidad de fortaleza y firmeza en este hombre. Comprendió que, sumadas a una naturaleza impetuosa, habían virtudes que lo establecerían como líder entre los líderes de la Iglesia primitiva.

En una ocasión leí a un autor comparar este tipo de personalidad con un río salvaje que atraviesa una zona montañosa. El río corre rápido pero errático, feroz en su poder y peligroso en su estado salvaje. Pero un día, un poblador llega a un lugar de su curso donde ve que puede aprovechar la energía del río; entonces, construye un canal para contenerlo y dirigirlo. En el punto donde el agua corre más rápido, el poblador construye un molino de agua para generar energía. Parte del río lo dirige a través de canales donde las aguas, que ahora se mueven suavemente, pueden regar los campos y hacer crecer los cultivos. Otra parte del río la dirige a un lugar donde surgirá una ciudad y sus habitantes podrán beber de corrientes frescas y limpias. Lo que antes era una fuerza de destrucción es ahora una fuerza de bien y de crecimiento.
Y de ese modo, a Dios le encanta utilizar personalidades impetuosas. Cuando las personas se arrepienten de sus pecados y le profesan lealtad, no erradica su personalidad como si la hubiera creado mal desde un inicio o como si no hubiera nada en ella que pudiera utilizar o redimir. Más bien, canaliza su personalidad, la reorienta, la domina, la perfecciona. Aunque santifica a Su pueblo, no lo destruye por completo para luego rehacerlo de tal manera que todos sean iguales. Así como utiliza a los sabios y a los sencillos, a los grandes y a los pequeños, a los sociables y a los introvertidos, también usa tanto a los impetuosos como a los precavidos. Doma y templa su personalidad de tal manera que en lugar de hacer daño hace bien y en lugar de dejar un rastro de destrucción deja un rastro de amor y servicio. Toma la audacia, toma la pasión, toma el celo, y lo dirige hacia Sus propios y preciosos propósitos.

Así que si tienes una personalidad como la de Pedro, cobra ánimo. Cobra ánimo, porque así como Dios lo usó a él, Él puede y te usará a ti. Y no te utilizará a pesar de tu personalidad, sino por medio de ella. Él te creó, Él te ama y Él te utilizará.
Si tienes un hijo, un cónyuge u otro ser querido que tiene ese tipo de personalidad atrevida, sé agradecido. Asegúrate de no dar por sentado que esa personalidad es de algún modo inferior a su personalidad opuesta. Es posible que tengas que insistir en que esta personalidad esté matizada por una medida de cautela, al igual que una personalidad cautelosa puede necesitar ser matizada por una medida de audacia. Pero date cuenta de que Dios utiliza todo tipo de personas para llevar a cabo Sus buenos y gloriosos propósitos. Acoge la personalidad en lugar de reprimirla.
Dios se complace en utilizarnos para Su servicio, tal como lo hizo con Pedro. Y aunque nos transforma y santifica, no nos destruye en el proceso. Aquel que da audacia al tímido, también le da paciencia al impulsivo. Aquel que le da valentía a la persona propensa a la inactividad, también da cautela a la persona propensa a la espontaneidad. Él utiliza lo que somos para llevar a cabo Sus propósitos y para traer bendición al mundo.
Publicado originalmente en Challies.