Noviembre 5
«Las mujeres vecinas le dieron un nombre y dijeron: ‘Le ha nacido un hijo a Noemí’. Y lo llamaron Obed. Él es el padre de Isaí, padre de David». Rut 4:17
La historia importa. Tu historia importa.
Tú eres quién eres, en cierta medida, debido a quiénes fueron tus padres, quiénes fueron tus abuelos, etc. Inevitablemente, tú y yo somos producto de nuestros linajes, y como resultado, somos prueba viviente de la providencia de Dios, que nos ha traído a este lugar en este momento.
Cuando Rut dio a luz a Obed, el nieto de Noemí, no podía saber lo que el narrador cuenta al lector: Obed sería el abuelo del gran rey David y, por tanto, sería el antepasado de Jesús. Pero Dios lo sabía, por supuesto; y así vemos aquí el plan redentor de Dios en acción. Rut y su familia no fueron controlados por fuerzas ciegas ni arrastrados por el mar del azar. El nacimiento de Obed fue un recordatorio más de que Dios se preocupa, Dios gobierna y Dios provee, y que Él siempre está trabajando detrás de las decisiones humanas y los giros de la vida, llevando a cabo Sus propósitos.
Este es el misterio de toda la historia: que Dios ha unido todos los elementos de nuestro pasado, por separados y distintos que sean, para empujarnos y guiarnos a ser quienes somos y a estar donde estamos ahora. Antes de que nuestros corazones infantiles pudieran concebir lo que estaba sucediendo, Dios estaba proveyendo de manera bondadosa y llena de gracia para nosotros: en las madres que nos alimentaron, en los amigos de la familia que nos cuidaron o en los abuelos que nos acompañaron.
Desde que fuiste concebido, Dios te ha guardado y guiado, incluso en los días más oscuros. Tú y yo no somos conjuntos aleatorios de moléculas. Somos creaciones divinas, y Dios cuida de cada uno de nosotros. Y no solo eso, sino que somos divinamente redimidos. Desde el principio, Dios ha obrado a través de individuos y familias, formando Su pueblo. Desde Génesis hasta Apocalipsis, tenemos vislumbres de este propósito redentor y eterno. El mismo injerto de Rut, una moabita, en esta familia redimida da testimonio de la misericordia soberana y total de Dios, en la que usó su improbable matrimonio con Booz para producir el linaje del rey David y de Cristo Jesús.
Ejemplos como el de Rut deberían fortalecer la fe en lo que Dios puede hacer. Deberían animarnos a decir a nuestros amigos y vecinos que las glorias y las tragedias que ocurren en nuestra nación, las alegrías y las penas en nuestras propias vidas, y los dolores y las decepciones de la vida familiar encuentran su sentido último no en la historia humana o en la biografía, sino como parte del plan de Dios. Él se ha dado a conocer como amoroso y santo, personal e infinito, Creador y Redentor, Sustentador y Gobernador. Nos ha introducido en la gran historia de redención, la única historia que durará para siempre.
¡Esto es una buena noticia! Es el alimento para nuestras almas cuando los días se vuelven oscuros y las dudas se hacen reales. Es la seguridad de que Dios nunca nos abandonará. Esto da sentido a la vida.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
