El poder y los privilegios de los hijos de Dios

La oración privada revela nuestra relación con Él, fortalece nuestra comunión y transforma nuestros deseos. ¿Qué lugar ocupa la oración a solas en tu vida?
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Ahora es el momento de echarle un nuevo vistazo a tu vida de oración personal y pensar en uno o dos pequeños ajustes que podrías hacer en los próximos días. Por lo general, la mejor forma de crecer y avanzar no es hacer un cambio radical, sino identificar uno o dos pequeños cambios que te darán resultados a largo plazo.

O tal vez tengas poca o ninguna vida de oración personal (algo que podría ser tan común entre los cristianos profesantes como siempre lo ha sido), y realmente necesites empezar desde cero. Quizás sientas de primera mano el peso de la advertencia de Francis Chan: “Mi mayor preocupación por esta generación es tu incapacidad para concentrarte, especialmente en la oración”. Quizás eso sea cierto en tu caso, y estés listo para un cambio.

Ya sea que necesites una pequeña autoevaluación o estés aprendiendo como principiante, me gustaría ofrecerte algunos puntos clave sobre la oración privada. Pero empecemos por explicar por qué la oración privada, o la “oración en el aposento”, es tan importante en primer lugar.

Orar “en el aposento”

La “oración en el aposento” toma su nombre del famoso Sermón del Monte de Jesús en Mateo 5 – 7. El contexto son las instrucciones de Jesús de que no “practicar [tu] justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos” (Mt 6:1).

Cuando ustedes oren, no sean como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad les digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará (Mt 6:5-6).

Esta generación tiene dificultades para concentrarse, especialmente durante la oración. / Foto: Unsplash

Así como orar al alcance del oído de los demás tenía sus recompensas intrínsecas en el judaísmo del siglo primero, lo mismo ocurre en nuestras comunidades eclesiásticas del siglo veintiuno, ya sea en la iglesia, en un grupo pequeño o simplemente en la mesa con amigos y familia. Es fácil caer en la trampa de que nuestra motivación principal al orar con otros sea causarles impresión, ya sea por la duración, el tono, el tema o la jerga, todo cuidadosamente elegido para producir ciertos efectos únicamente en quienes nos escuchan.

Es una línea difícil de mantener, porque debemos orar en público (en la iglesia, en nuestros hogares y en otros lugares) y la oración pública debe tener en cuenta que otros están escuchando; debe pensar en los demás. Pero acecha el peligro de dejar a Dios de lado y centrar nuestra atención en hacernos ver impresionantes.

La oración pública debe considerar a quienes escuchan, sin desplazar a Dios del centro. / Foto: Lightstock

Prueba de autenticidad

Pero la “oración en privado” nos sirve como prueba de autenticidad para nuestras oraciones públicas. Como comenta Tim Keller sobre Mateo 6:5-6:

La prueba infalible de la integridad espiritual, dice Jesús, es tu vida de oración en privado. Mucha gente ora cuando así lo exigen las expectativas culturales o sociales, o tal vez por la ansiedad que les causan circunstancias difíciles. Sin embargo, quienes tienen una relación genuina con Dios como Padre querrán orar desde lo más profundo de su ser y, por tanto, orarán aunque nada en el exterior los obligue a hacerlo. Lo hacen incluso en momentos de sequía espiritual, cuando no hay ninguna recompensa social ni experiencia que lo justifique. (La oración, 23)

La oración privada es una prueba importante para saber si somos auténticos.

Quienes tienen una relación genuina con Dios como Padre querrán orar desde lo más profundo de su ser. / Foto: Lightstock

Remedio para nuestras carencias

Pero orar no es solo una prueba de nuestra sinceridad, sino también un remedio constante para nuestras carencias y la falta de deseo que con frecuencia sentimos por Dios. Orar, dice John Piper, “no solo es la medida de nuestros corazones, que revela lo que realmente deseamos, sino que también es el remedio indispensable para nuestros corazones cuando no anhelamos a Dios como deberíamos” (Cuando no anhelo a Dios, 153).

La oración privada muestra quiénes somos realmente en lo espiritual y es esencial para sanar todas esas áreas en las que nos sentimos quebrantados, necesitados, carentes y rebeldes.

La oración es el remedio indispensable para nuestros corazones cuando no anhelamos a Dios / Foto: Pexels

Contexto para la relación

Además, como señala Keller, orar es esencial para “una relación genuinamente vívida con Dios como Padre”. Este es el corazón de la oración: no es obtener cosas de Dios, sino obtener a Dios. Orar es donde le respondemos a Dios, en respuesta a Su Palabra para nosotros, y experimentamos lo que significa disfrutarlo como un fin en Sí mismo, no solo como un medio para nuestras peticiones. En la oración, disfrutamos del regalo de que Dios nos escuche y descubrimos por nosotros mismos que no somos solo siervos, sino amigos (Jn 15:15). No somos solo oyentes de Su Palabra, sino Sus propios hijos que tienen Su corazón (Ro 8:15-16; Ga 4:6-7). Él quiere escucharnos. Tal es el poder y el privilegio de orar.

Aquí es donde vemos por qué Jesús practicaba tan bien lo que predicaba sobre la oración y sobre buscar un “lugar apartado”. No tenía ninguna carencia que compensar, ni dudas sobre Su autenticidad, pero anhelaba desesperadamente la comunión con Su Padre. Y por eso, una y otra vez, oraba a solas. “Después de despedir a la multitud, subió solo a la montaña para orar; y… estaba allí solo” (Mt 14:23; también Mr 6:46). No solo una vez, sino como un hábito constante, “se retiraba a lugares solitarios y oraba” (Lc 5:16). “Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, Jesús salió y fue a un lugar solitario, y allí oraba” (Mr 1:35).

Orar es esencial para una relación genuinamente vívida con Dios como Padre.  / Foto: Lightstock

Antes de elegir a Sus doce discípulos, “se fue al monte a orar, y pasó toda la noche en oración a Dios” (Lc 6:12). Incluso en Getsemaní, tres veces “se fue y oró” (Mt 26:36, 42, 44; también Mr 14:32-42). Desde el inicio de Su ministerio hasta la víspera del Viernes Santo, hizo de la oración privada una parte esencial de Su relación con el Padre.

Por eso, es difícil exagerar la importancia de la oración privada. Es, en muchos sentidos, la medida de quiénes somos espiritualmente. La forma en que oramos, dice J. I. Packer, “es la pregunta más importante a la que jamás nos enfrentaremos”.

Orar es donde le respondemos a Dios, en respuesta a Su Palabra para nosotros. / Foto: Lightstock

Cinco sugerencias para la oración en privado

Está claro que la oración en privado es importante, incluso esencial, para el cristiano. Pero la forma en que la llevamos a cabo se adapta maravillosamente a nuestras diversas experiencias, rutinas y patrones, en las diferentes etapas de nuestra vida. Mientras evalúas (o empiezas) tus propios ritmos y prácticas, aquí te dejo cinco sugerencias para enriquecer tu oración en privado.

1. Crea tu “lugar apartado”

Encuentra tu lugar habitual para orar de manera privada, y si no puedes encontrar un lugar ya listo, créalo. Puede ser simplemente un escritorio despejado o algún lugar donde puedas arrodillarte. Muchos han descubierto que junto a la cama resulta más fructífero que estar acostado en la cama. Quizás puedas encontrar un cuarto o un rincón debajo de las escaleras, con suficiente espacio para sentarte o arrodillarte, y suficiente luz para leer e incluso escribir. Tener tu lugar favorito te ayudará a ser constante al orar de forma privada.

Encuentra tu lugar habitual para orar de manera privada. / Foto: Lightstock

2. Empieza con la Biblia

Como orar no es una conversación que iniciamos nosotros, sino una respuesta a que Dios nos habla primero por medio de Su Palabra, muchos de nosotros hemos aprendido, al igual que George Mueller, a empezar con las Escrituras. Mueller cuenta que, durante diez años, comenzaba cada día intentando de inmediato hacer una oración ferviente y prolongada, solo para darse cuenta finalmente de cuán más ricas y enfocadas eran sus oraciones cuando surgían en respuesta a la Palabra de Dios.

A partir de entonces, Mueller comenzaba con una breve oración pidiendo la ayuda de Dios mientras leía; luego se dirigía primero a la Biblia y prestaba atención a Dios en Su Palabra, meditando en las Escrituras, para luego pasar, mediante la disciplina de la meditación, a su momento de orar diariamente.

Antes de hablar con Dios, escucha lo que Él tiene que decir a través de Su Palabra. / Foto: Unsplash

3. Adora, confiesa, ten gratitud gracias, suplica

Después de leer y meditar en la Biblia, y antes de abrir las puertas a la “oración libre” (expresar lo que sea que tengamos en el corazón), puede ser útil tener alguna forma preparada a la mano. William Law aconsejaba que las devociones matutinas “tuvieran algo fijo y algo libre”. Lo mismo ocurre con la oración privada.

Martín Lutero recomendaba orar siguiendo la forma del Padre Nuestro con palabras nuevas cada día. Una fórmula que ha resistido el paso del tiempo es ACAS: adoración, confesión, agradecimiento y súplica. Primero, adora a Dios alabándolo por la verdad revelada en tu lectura y meditación de las Escrituras; luego, confiesa tus propios pecados, fallas y debilidades; después, agradece por Su gracia y misericordia; y, por último, suplica (pídele, ruega) por tus peticiones personales, por tu familia, por tu iglesia y más.

Una fórmula que ha resistido el paso del tiempo es ACAS: adoración, confesión, agradecimiento y súplica.  / Foto: Lightstock

4. Comparte tus deseos, y desarróllalos

Primero, algo fijo; ahora, algo libre. Esta es la “oración libre”, en la que oramos desde el corazón y expresamos las cargas y ansiedades que nos agobian ese día y en esa etapa de la vida. En la oración privada, somos más honestos con Dios y con nosotros mismos. Expresa lo que hay en tu corazón a tu Padre. Él ya lo sabe, pero quiere escucharlo de ti. Este es un privilegio indescriptible.

Pero orar a Dios no es solo el lugar para abrir tu corazón, sino también para desarrollar tus deseos. Ahí hay poder. La oración cambia nuestros corazones como nada más lo hace. Quizás especialmente cuando seguimos las oraciones de la Biblia, en los salmos y las oraciones del apóstol  Pablo (como en Ef 1:17-21; 3:16-19; Fil 1:9-11; Col 1:9-12) y otras, como guías para dar forma y expresar nuestros deseos hacia Dios.

5. Mantén la frescura

Cambia un poco las cosas para un nuevo año, un nuevo mes o una nueva etapa de tu vida. Ya sea regularmente o solo de vez en cuando, escribe tus oraciones con atención y cuidado (una faceta valiosa de la disciplina de llevar un diario), o afina tus afectos en la oración con ayuno, o tómate un respiro del caos de la vida con algún retiro especial de silencio y soledad.

Pocas cosas merecen tanto nuestra atención y dedicación como el privilegio y el poder de orar de manera privada.


Publicado originalmente en Desiring God.

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David Mathis

Es editor ejecutivo de desiringGod.org y pastor de Cities Churchin Minneapolis. Él es esposo, padre de cuatro hijos y autor de «Habits of Grace: Enjoying Jesus through the Spiritual Disciplines» (Hábitos de Gracia: Disfrutar a Jesús a través de las Disciplinas Espirituales).

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