Septiembre 4
“El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Ambos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban”. Génesis 2:24-25
El matrimonio es un regalo de Dios que hemos manchado con el pecado. Estos versículos describen una alianza de amor de perfecta confianza, sin rastro de vergüenza y de perfecta unidad. Tristemente, un efecto tangible de vivir en un mundo caído es que, fuera de las películas, ningún matrimonio es solo eso ni siempre así. La tragedia del pecado es que nuestra propia naturaleza es corromper lo que Dios ha creado para nuestro bien y para Su gloria, de manera que se pierde la belleza y el disfrute del matrimonio como Dios lo planeó. No obstante, ¡hay esperanza! El Espíritu de Dios nos capacita a los creyentes para considerar el matrimonio según Su diseño.
Primero, debemos reconocer que fuera de Cristo, los hombres y las mujeres están en completa rebeldía contra los propósitos de Dios. No se trata de que simplemente estemos confundidos en cuanto a la naturaleza del matrimonio; más bien, nuestros deseos pecaminosos son completamente opuestos incluso a lo que sí entendemos. Por lo general, el matrimonio que nos ofrece la Biblia es percibido como una jaula, una restricción o un invento humano de la antigüedad, como una especie de vestigio inútil de alguna generación pasada. Si vemos el diseño de Dios para el matrimonio con esta perspectiva, es porque estamos predispuestos a decir: “No me gustan los planes de Dios. Haré esto a mi manera”.
Pero cuando estamos unidos a Cristo, Dios nos permite ver el matrimonio conforme a Su diseño. Sin importar las leyes del gobierno, la Escritura es absolutamente clara: cualquier cosa que no sea una relación monógama y heterosexual no puede ser y no es un matrimonio delante de Dios, porque eso es lo que Él decidió que sería el matrimonio desde el principio. La confirmación de Jesús de la descripción del matrimonio de Génesis 2 demuestra que nada ha cambiado entre el diseño original de Dios y el actual (Mt 19:4-6). No debemos manipular ni reajustar la Biblia para acomodar las tendencias sociales que buscan definir de otra manera el matrimonio. Aunque con frecuencia el patrón de Dios para el matrimonio bíblico es menospreciado por nuestro mundo caído, si creemos que la Biblia es la misma Palabra de Dios, respaldaremos su enseñanza en la manera como ordenamos nuestra propia vida, como hablamos de las relaciones de otros y como oramos por ellos.
Como creyentes, debemos reconocer que el objetivo de Dios para los matrimonios de todas las culturas y épocas es que reflejen el amor de Cristo por Su pueblo y Su compromiso hacia este (Ef 5:22-25). Y debemos recordar que el Señor Jesús vino a renovar y a reparar todo lo que está roto y distorsionado como resultado de la caída. Solo en Cristo y a través de Él es posible ver el matrimonio según el patrón y el plan de Dios. En lugar de que vivamos cada uno a su manera, Él, en Su misericordia, nos ha invitado a inclinar nuestro corazón ante Su diseño sin igual. Para algunos, demandará un gran sacrificio personal obedecer a Dios en esta área. Para todos los que vivimos en el siglo veintiuno, demandará valentía para permanecer firmes en los caminos de Dios cuando los del hombre se nos oponen. En tu contexto y circunstancias, ¿qué significará para ti pensar, hablar y actuar de manera que refleje el diseño de Dios para Su gran regalo del matrimonio?
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
