¿Soy seguro de mí mismo o simplemente arrogante? Nos hacen esta pregunta con frecuencia, y tenemos que responderla por nosotros mismos. El carácter valeroso y la humildad no son contradicciones en la voluntad de Dios, ni tampoco lo son en la vida de nuestro Salvador. Él vino a traer paz, y también vino a traer una espada figurativa.
Pero en nuestras propias vidas, debemos descubrir la diferencia entre la confianza y la arrogancia, y ese es el desafío que un oyente llamado Max quiere resolver hoy. “¡Hola, pastor John!”, nos escribe Max en su correo electrónico.
“Mi pregunta para ti es la siguiente: ¿podemos sentirnos poderosos o seguros de nosotros mismos o tener una alta autoestima en lo que Dios nos ha hecho ser por medio de Cristo? ¿Cómo se distingue esto del orgullo que conduce a la destrucción? Si es así, ¿cómo lo hacemos? ¿Cómo buscamos el sentimiento de poder, confianza o alta autoestima al vivir lo que Dios nos ha creado para ser, pero con humildad? Tú pareces alguien que lo hace bien. ¡Gracias!”.
John Piper
Bueno, tengo que admitir que me repugna el término “alta valoración personal”. La razón es que llevo cincuenta años, sí, cincuenta años, viendo cómo ese término (y su término hermano, “autoestima”) es utilizado por la cultura secular y atea como explicación de la mayoría de las condiciones psicológicas negativas y como remedio para hacer que una persona sea más útil y productiva. La falta de autoestima es el diagnóstico de mil problemas hoy en día. Una mayor autoestima es la receta para mil mejoras.
Y la razón de ello, en mi opinión, es bastante obvia. Cuando Dios desaparece, el siguiente foco más probable para la estima, la confianza y la seguridad soy yo mismo, el yo. Creo que esa fue precisamente la tentación en el jardín del Edén. Creo que esa es la esencia bíblica del pecado: sustituir a Dios por uno mismo como nuestro tesoro, confianza, estima, valor.
Bueno, ya me he desahogado.
“Bien hecho”
La pregunta sigue siendo válida, porque sé por la Biblia que Dios quiere que llevemos una vida significativa, eficaz, productiva, de gozo, segura, valiente, intrépida y competente. El mundo tiende a interpretar cada una de esas categorías en términos de autoexaltación, pero yo no los interpreto así. La cosmovisión bíblica da a todas esas palabras un significado completamente diferente.
Cuando nuestras vidas hayan terminado y hayamos confiado en Él por Su gracia capacitadora para cada buena obra, Dios quiere que escuchemos las palabras: “Bien hecho, siervo bueno y fiel”. No está mal querer escuchar de Cristo las palabras: “Bien hecho. Has sido fiel”. La pregunta es: ¿le dirá “Bien hecho” a una persona que tenía una alta autoestima o a una persona que ha sido un siervo dependiente de Dios, centrado en Dios, confiado en Dios y que exalta a Cristo, como muchos otros lo han sido? Esa es la pregunta.
Por tanto, reformularía la pregunta que me han hecho de la siguiente manera: ¿cuál es la diferencia entre actuar con orgullo y actuar de manera que nuestras vidas sean significativas, fructíferas, intrépidas, competentes, productivas, felices y seguras, sin orgullo?
Preguntas para diagnosticar el orgullo
Aquí hay ocho preguntas de diagnóstico para detectar el surgimiento del orgullo en nuestras vidas mientras perseguimos esos objetivos.
Pregunta 1. ¿Crees y aceptas con alegría (y ambas cosas son importantes, creer en tu mente y aceptar con alegría en tu corazón, tu voluntad) el hecho de que tu propia existencia, personalidad y dones se los debes a Dios, y no a tí mismo?
- “Por la gracia de Dios soy lo que soy” (1Co 15:10).
- “No que seamos suficientes en nosotros mismos para pensar que cosa alguna procede de nosotros, sino que nuestra suficiencia es de Dios” (2Co 3:5).
- “¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?” (1Co 4:7).
La pregunta no es solo: “¿Creo en este principio?”, sino: “¿Me encanta que sea así?”. ¿Te deleitas y te regocijas en la dependencia absoluta de Dios por lo que eres?
Pregunta 2. ¿Crees y aceptas con alegría el hecho de que cada una de tus circunstancias, en todos sus detalles, se debe a Dios y no a ti mismo?
“Más bien, debieran decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora se jactan en su arrogancia. Toda jactancia semejante es mala” (Stg 4:15-16). En otras palabras, si algo sucede en la vida que te eleva o te derriba, es por obra del Señor. ¿Te alegra que Él esté al mando de tu vida hasta tal punto?
Pregunta 3. ¿Crees y estás feliz de aceptar el hecho de que todo tu trabajo duro, esfuerzo personal y fuerza de voluntad para lograr cosas se deben a Dios?
Algunas personas dicen: “Bueno, sí, Dios está a cargo de mis circunstancias, pero lo que hago con ellas, sí, eso se lo debo a mí mismo, y por eso puedo estar orgulloso y jactarme. Yo me levanté por mis propios medios, mientras que otras personas languidecen ahí abajo”. Eso no es cierto. Pablo dijo: “He trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí” (1Co 15:10). Así que Pablo atribuyó a la gracia de Dios no solo su existencia, salvación y circunstancias, sino también su fuerza de voluntad para trabajar duro.
¿Te alegra que, cuando terminas tu jornada laboral, puedas decir de todos tus esfuerzos: “No yo, sino la gracia de Dios que estaba conmigo”? ¿Te alegra? ¿O sientes que Dios te está robando algo?
Pregunta 4. ¿Te propones depender conscientemente de Dios en todo lo que haces, de tal manera que, cuando termines tu servicio, Dios reciba la gloria en lugar de ti?
Estoy pensando en 1 Pedro 4:11. Ha sido un sello distintivo de mi orar al avanzar hacia cualquier ministerio, como el que voy a realizar hoy al mediodía y para el que necesito ayuda. “El que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén”. Entonces, lo que dice es esto: no solo es cierto que Dios me da lo que necesito, sino que confío activamente en que lo hará. Soy consciente de que aquí no soy nada. No puedo hacer nada por mí mismo.
Pregunta 5. ¿Anhelas la alabanza de los hombres y tratas de posicionarte de manera que la gente vea tus buenas obras y te alabe?
Jesús advirtió contra aquellos que aman la alabanza de los hombres. “¡Ay de ustedes, fariseos! Porque aman los primeros asientos en las sinagogas y los saludos respetuosos en las plazas” (Lc 11:43). Oh, cuánto necesitamos examinar nuestros corazones, tanto a los 25 como a los 75 años. ¿Amo, ansío y busco la alabanza y el reconocimiento de otras personas?
Pregunta 6. ¿Te relacionas con los humildes o siempre necesitas estar rodeado de gente importante?
“Tengan el mismo sentir unos con otros. No sean altivos en su pensar, sino condescendiendo con los humildes. No sean sabios en su propia opinión” (Ro 12:16).
Pregunta 7. ¿Te sientes con derecho al reconocimiento, la comodidad y el respeto, de modo que te enfadas cuando no los obtienes, en lugar de responder como dijo Jesús, es decir, “alégrate cuando te persigan, te calumnien y no te den el respeto que mereces” (ver Mt 5:11-12)?
El sentirnos con derecho es uno de los signos más claros de un orgullo profundamente arraigado.
Pregunta 8. Por último, y por encima de todo lo demás, ¿te encanta ver a Cristo engrandecido? ¿Te encanta ver a Cristo exaltado por encima de todas las cosas, independientemente de si obtienes reconocimiento o no?
“Es necesario que Él crezca, y que yo disminuya” (Jn 3:30). Pablo dijo: “Mi anhelo y esperanza [es] que… Cristo será exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte” (Fil 1:20). Creo que ese fue uno de los primeros sermones que prediqué cuando llegué a Bethlehem. Mi objetivo, amigos, mi ardiente deseo, es que Cristo sea glorificado. Quiero predicar de tal manera, quiero escribir de tal manera, quiero hacer podcasts de tal manera que Jesús se vea grandioso y la gente se vaya diciendo: “Cristo es grandioso. Dios es grandioso”.
A Él sea la gloria
Así que, por supuesto, y con esto volvemos al fondo de la pregunta que creo que él estaba planteando, utiliza todos tus dones, toda tu inteligencia, todas tus circunstancias, relaciones, competencias y valor para vivir la vida más productiva y significativa posible.
Y hazlo todo para que Cristo se vea grandioso, hermoso y precioso, diciendo y amando la verdad de que “de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos” (Ro 11:36).
Publicado originalmente en Ask Pastor John, APJ 2038
