Agosto 19
“Esta copa es el nuevo pacto en Mi sangre, que es derramada por ustedes”. Lucas 22:20
Jesús cumple las promesas de Dios y distribuye todas Sus bendiciones. Ha introducido el nuevo pacto y ha asumido Su tan esperado rol de verdadero Rey. De Jesús fluyen todas las bendiciones. A través de Él se cumplen todas las promesas. A Él se le da toda la gloria.
Los cristianos reconocen estas verdades en la mesa de Comunión de la Cena del Señor cuando tomamos la copa y recordamos que Jesús derramó Su sangre, la sangre del nuevo pacto, para el perdón de nuestros pecados. En la cruz, Jesús murió para llevar el castigo que merecemos para que los pecadores, que no merecen Su misericordia y gracia, puedan disfrutar de las bendiciones del perdón.
Esto significa que cuando ponemos nuestra fe en Jesús, podemos estar seguros de que Él ha tomado nuestro pecado y el juicio que conlleva y nos ha dado toda Su justicia a cambio. Jesús murió la muerte que nosotros merecemos. Vivió la vida perfecta que nosotros no pudimos vivir. Dios nos ha envuelto en la pureza de Su perdón a través de la provisión de Su Hijo. No podemos dejar de asombrarnos de que estas cosas sean ciertas, por la fe, en nosotros.
Los profetas del Antiguo Testamento fueron claros: vendría un Rey que sería descendiente de David, y cumpliría las promesas de Dios. Establecería el gobierno de Dios, introduciría una nueva era y se ocuparía de los efectos del mal. Aunque Jesús no parecía un Rey mientras colgaba de la cruz, fue Su momento de mayor victoria. Y cuando Jesús salió de la tumba, Su resurrección declaró que no era simplemente el hijo de David, sino también el Hijo de Dios, capaz de conquistar incluso la tumba.
Él tiene toda la autoridad, y a través de Él fluye una corriente interminable de gracia y misericordia. Solo Aquel que es la fuente de tal poder puede transformar un corazón y demostrar que es digno del afecto de nuestras almas.
Jesús ahora mismo gobierna y reina a la derecha del Padre, pero también reina en los corazones de los que confían en Él. No hay mejor día que hoy para que los perdidos rindan sus armas de rebeldía, se inclinen humildemente ante este digno Rey, admitan que Él es el mismísimo Salvador que tan urgentemente necesitan, y le pidan que reine en el trono de sus vidas. ¿Es Cristo tu Rey? Entonces, como Su súbdito, adórale y alábale, y como Su embajador, ve y trabaja para que otros conozcan esta esperanza que has encontrado.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
