Junio 10
«Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti, sino solo practicar la justicia, amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios?». Miqueas 6:8
Cuando John Newton, el escritor de himnos y pastor del siglo dieciocho, predicó sobre este versículo, tituló su sermón «No hay acceso a Dios sino por el evangelio de Cristo». ¿Por qué usaría un título que parece no conectarse con el versículo? El propio Newton comentó: «Casi no hay un pasaje en la Biblia más generalmente malinterpretado».¹ Al parecer, el título de su sermón tenía por objeto corregir los malentendidos comunes. El título de Newton nos alerta sobre el peligro de leer las virtudes descritas aquí y luego intentar vivirlas sin el evangelio, o proclamarlas en lugar del evangelio, como un medio de acceso a Dios. Ninguno de estos hace justicia a lo que el profeta —y el Señor— pretendían. La mejor manera de entender Miqueas 6:8 no es como una lista de cosas que contribuyen a nuestra justificación, sino como evidencias de ella. Cuando lo vemos así, con la motivación y las metas adecuadas, podemos entender el llamado del Señor tanto a Israel como a nosotros.
El Señor, por medio de Miqueas, nos dice primero que «practiquemos la justicia», es decir, comprometernos a actuar según la voluntad y el propósito de Dios. Por ejemplo, en Deuteronomio, Moisés dice que Dios «hace justicia al huérfano y a la viuda, y muestra Su amor al extranjero dándole pan y vestido» (Dt 10:18). Queremos preocuparnos por las cosas que a Dios le importan, lo que significa tomar en serio tales prioridades, buscando «[hacer] bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe» (Ga 6:10).
Segundo, el Señor nos dice que «amemos la misericordia». Si hacer justicia es la acción, la bondad amorosa es la actitud del corazón que la alimenta. Es una compasión de buen corazón; la cual asegura que busquemos la justicia no como cumplimiento de algún deber, sino como una acción alegre de bondad.
Tercero, debemos «andar humildemente». En otras palabras, debemos caminar en sumisión a la voluntad de Dios, abrazando nuestra total dependencia de Él en cada paso del camino. ¿Por qué Miqueas termina este versículo con humildad? Primero, porque es lo que se requiere para reconocer que no obedecemos perfectamente el llamado a amar la misericordia y hacer justicia, necesitando así el perdón del Señor, no solo Sus mandamientos. Y segundo, porque así como le obedecemos a la manera de Miqueas 6:8, al final el fruto de nuestras obras no depende de nosotros.
Tú y yo no podemos arreglar el mundo; en su lugar, debemos confiar la solución al Rey y Juez del mundo. Hacerlo nos motiva, con Su ayuda, a vivir el evangelio que nos ha salvado a través de expresiones de justicia, misericordia y humildad, para el bien de nuestro prójimo, para el testimonio de la iglesia y para la gloria de Cristo. A través de los siglos, Miqueas te llama hoy a reflexionar humildemente sobre tu necesidad del evangelio, a mirar tu corazón y pedirle al Espíritu que lo haga crecer en misericordia como la de Cristo, y luego a mirar a tu mundo y buscar activamente la justicia.
1 The Works of the Rev. John Newton [Las obras del Rev. John Newton] (1808), Vol. 2, 543.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
