Todos hemos escuchado historias dramáticas de conversiones que ocurren de la noche a la mañana. Y sí, eso sucede. Sin embargo, muchas veces, detrás de lo que vemos hay años de semillas sembradas. Llegar a la verdad del Señor es un proceso que lleva tiempo.
Piensa en tu propia historia. Tal vez recuerdas con claridad el momento decisivo en que creíste en Jesús; tal vez no. Pero, antes de ese punto, es probable que hayan existido muchos momentos pequeños que te fueron acercando, poco a poco, a tu conversión.
Así fue en mi caso. Crecí en un hogar cristiano; sin embargo, aun en ese entorno, me tomó años comprender en profundidad la gracia asombrosa del evangelio.
Cuando lo que parece repentino ha tomado décadas
Llevo cuatro años trabajando en un ministerio dirigido a estudiantes universitarios. En ese tiempo, he visto pocas conversiones, pero sí numerosos pasos pequeños hacia el Señor.
Pienso en una estudiante alemana a quien conocí. Cuando nos encontramos, no era cristiana ni vivía conforme a la fe. En poco tiempo, comenzó a asistir a todos los eventos del ministerio, formulaba numerosas preguntas sobre la Biblia y la fe, empezó a congregarse en la iglesia e incluso compartió con su novio su nuevo amor por Cristo. Fue asombroso presenciar esa transformación.
Pero detrás de esa conversión, que parecía haber ocurrido de la noche a la mañana, había una historia más profunda. En su niñez, sus padres solían orar con ella. Con el tiempo dejaron de hacerlo, pero me confesó que lo extrañaba. Las semillas ya estaban sembradas.
En realidad, el proceso fue largo; tomó décadas. Yo solo fui testigo de la etapa final. Y ahora ella continúa en ese mismo camino, como todos nosotros, creciendo cada vez más en conformidad con la voluntad del Señor.

Mi experiencia con los hindúes
Había un voluntario en nuestro ministerio, un cristiano originario de la India, que afirmaba que el tiempo promedio de conversión de un hindú al cristianismo era de diez años. Sostenía, además, que la manera más eficaz de dar testimonio era involucrarse en la vida comunitaria de la iglesia.
Esto me ayudó enormemente en mi ministerio con los hindúes. En muchos casos, fui la primera persona en invitarlos a examinar sus creencias y a buscar la verdad, en lugar de aceptarlas únicamente por tradición familiar o presión social. En ellos no había una semilla previamente sembrada.
Estas conversaciones fueron difíciles, y tuve que recordarme la importancia de la paciencia. Confío en haber contribuido a iniciar ese proceso en algunos de ellos, y oro al Señor para que otras semillas sean plantadas y que otros creyentes puedan regarlas en el futuro.
Había un estudiante hindú que se convirtió a partir de una conversación con mi líder durante un viaje de campamento que realizamos. Nos llenó de alegría. Pero detrás de ese momento había un proceso previo: su compañero de cuarto ya había estado hablándole del evangelio durante mucho tiempo. Nosotros solo presenciamos el desenlace.

Claves para perseverar cuando no ves resultados
¿Tienes a alguien en tu vida con quien has compartido el evangelio varias veces y no ves ningún resultado? Ya sea un vecino, un amigo, un padre o algún familiar, no te desanimes. A continuación, te presento algunas ideas que pueden ayudarte a perseverar cuando te encuentres en esa situación:
• Sé una presencia constante en sus vidas
Cultiva una relación genuina e involúcrate en su realidad cotidiana. Cuando estén listos para conversar, sabrán que pueden acudir a ti.
• Ama sin condiciones
Muéstrales amor, incluso cuando no percibas cambios evidentes. No son proyectos, sino personas (Jn. 13:35).
• Como dice mi mamá: recuerda que todos están en su propio camino
Sé paciente. Cada persona transita su propio proceso, y solo Dios conoce plenamente ese recorrido.
• Nunca dejes de orar
Solo el Espíritu Santo puede transformar los corazones. Persevera en la oración por ellos (1 Tes. 5:17; Jn. 6:44).
• No olvides que el Señor es soberano
La salvación de otros no descansa en tus hombros. Dios conoce y ama a cada persona más de lo que nosotros podemos comprender.

En 2 Pedro 3:9, el apóstol afirma que “el Señor no se tarda en cumplir Su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con ustedes, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento”. ¡Qué grande es la misericordia de nuestro Señor!
Ahora bien, es importante hacer una precisión: nada de esto implica que debamos relajarnos o dejar de compartir el evangelio, amparándonos en que el Señor es paciente o soberano. Como señaló uno de mis pastores en un sermón reciente: “No abuses de la paciencia del Señor”.
Comparte el evangelio, porque el tiempo es corto. Pero descansa, porque nuestro Dios es soberano.
Habrá personas que rechacen por completo el mensaje. La Biblia habla de “sacudir el polvo de los pies” cuando no nos reciben a nosotros ni aceptan el mensaje que compartimos. Hay momentos, y personas, que exigen discernimiento para saber cómo, o incluso si, conviene continuar.
En todo caso, recordemos la inmensa paciencia que el Señor ha tenido con nosotros y procuremos extender esa misma paciencia a los demás.
Piensa ahora en alguien a quien quisieras ver conociendo al Señor. ¿Cómo puedes seguir amándolo con fidelidad, perseverando en la oración y confiando en el Señor?
