Mayo 9
Oh Dios, Tú eres mi Dios; te buscaré con afán. Mi alma tiene sed de Ti, mi carne te anhela cual tierra seca y árida donde no hay agua. Así te contemplaba en el santuario, para ver Tu poder y Tu gloria (Salmos 63:1-2).
Solo Dios puede satisfacer un corazón como el de David. David era un hombre conforme al corazón de Dios. Fuimos creados para ser así.
Esta es la esencia de lo que significa amar a Dios: estar satisfechos en Él. ¡En Él, no solo en Sus dones, sino en Dios mismo, como la gloriosa persona que es!
Amar a Dios implica obedecer todos Sus mandamientos, implica creer toda Su Palabra, implica agradecerle por todos Sus dones. Pero todo eso es desbordamiento. La esencia de amar a Dios es admirarlo y disfrutarlo por completo como Él es. Y es este disfrute de Dios lo que hace que todas nuestras demás respuestas lo glorifiquen verdaderamente.
Todos lo sabemos intuitivamente y también por las Escrituras. ¿Nos sentimos más honrados por el amor de quienes nos sirven desde las limitaciones del deber o desde los placeres de la comunión?
Mi esposa se siente más halagada cuando le digo: “Me hace feliz pasar tiempo contigo”. Mi felicidad es el eco de su excelencia. Lo mismo sucede con Dios. Él es más glorificado en nosotros cuando estamos más satisfechos en Él.
Nadie ha alcanzado la satisfacción perfecta en Dios. Con frecuencia, me apena percibir que mi corazón está quejumbroso por haber renunciado a los placeres del mundo. Pero he probado que el Señor es bueno. Por la gracia de Dios ahora conozco la fuente del gozo eterno.
Por eso amo invertir mis días atrayendo a las personas hacia el gozo, hasta que puedan decir conmigo: “Una cosa he pedido al Señor, y esa buscaré: que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Señor y para meditar en Su templo” (Salmos 27:4).
Devocional tomado del artículo “Loving God for Who He Is: A Pastor’s Perspective”.
