Abril 29
«Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo». Filipenses 2:9
Filipenses 2:5-8 es una hermosa declaración sobre la humanidad, la deidad, el ministerio y la humillación de Cristo. Después de haber trazado un mapa de la humildad del Hijo de Dios encarnado hasta Su muerte en una cruz, ¿a dónde va tu mente? Naturalmente, pensamos en la resurrección. Pero Pablo no hace eso. Él nos lleva a la exaltación de Cristo.
Pablo dice que hay una conexión lógica entre la humillación de Jesús y Su exaltación: «Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo» (v. 9, énfasis añadido). ¿En qué consiste esta exaltación? En que el Padre ha dado a Su Hijo el trono y ha ordenado este mundo para que un día «al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre» (vv. 10-11).
Pero ¿por qué conviene Su exaltación? Las Escrituras nos dan varias respuestas. En primer lugar, la exaltación de Cristo es adecuada porque cumple la profecía del Antiguo Testamento y demuestra que Dios cumple Su palabra. El reconocimiento mundial de Jesús como Señor ocurrirá porque Dios lo prometió. 600 años antes de que Jesús llegara a la historia humana, Isaías registró estas palabras de Dios: «Mi Siervo prosperará, será enaltecido, levantado y en gran manera exaltado» (Is 52:13). Y así, Cristo vino a cargar con el dolor y el pecado del mundo, cumplir el rol de Siervo sufriente, ser levantado en una cruz y luego resucitado para ser exaltado en Su trono. Como escribió Pablo en otro lugar: «Tantas como sean las promesas de Dios, en Él todas son sí» (2Co 1:20).
En segundo lugar, la exaltación de Cristo es apropiada porque Él es Dios. La Biblia nos enseña que el Hijo es uno con el Padre. Debido a Su divinidad, la exaltación es una necesidad; ¡no hay otro lugar donde Dios pueda sentarse! Ningún otro asiento es adecuado para el Hijo, excepto a la derecha de Su Padre.
Por último, la exaltación de Cristo es adecuada porque es el Hijo amado de Su Padre. Dios Padre vio al Hijo ir a la cruz de manera obediente para cumplir el pacto de redención y lo escuchó gritar con dolor: «Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27:46). El Padre sabía que el Hijo sufrió esa agonía por amor al Padre y por amor a Su pueblo. El Padre no dejaría a Su perfecto Hijo en esa terrible condición. ¿Cómo podría el amor del Padre hacer otra cosa que no fuera exaltar al Hijo desde Su humilde condición?
La humillación de Cristo por nosotros y Su exaltación por encima de nosotros son sin duda suficientes para llevarnos al punto de inclinarnos en alegre sumisión a Él. Nos muestran que hay uno que tiene el rango para exigir nuestra obediencia y el carácter para merecer nuestra adoración. Nos recuerdan que lo mejor del cielo será la persona más gloriosa del cielo:
No miraré la gloria, sino a mi Rey de gracia; No miraré la corona que da, sino Su mano traspasada; El Cordero es toda la gloria de la tierra de Emanuel.¹
¹ Anne R. Cousin, «The Sands of Time Are Sinking» «Las arenas del tiempo se están hundiendo».
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
