Misericordia para el ciego

Nunca conocerás a Jesucristo como una realidad en tu vida hasta que lo conozcas como una necesidad. Jesús todavía escucha, todavía se preocupa, todavía se detiene y todavía salva.
Foto: Lightstock

Abril 25

«Cuando oyó que era Jesús el Nazareno, comenzó a gritar y a decir: ‘¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!'» Marcos 10:47

El ciego Bartimeo estaba sentado en la más absoluta oscuridad. Podía oír la multitud, el movimiento, el bullicio de la gente que hablaba. Podía oír la algarabía que indicaba que Jesús de Nazaret estaba en algún lugar de la oscuridad, pero era incapaz de verlo. Reconociendo que esta podía ser su única oportunidad de llamar la atención de Jesús, con desesperación gritó: «¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!».

La sencillez y claridad de la petición de Bartimeo era un testimonio de su fe; indicaba que realmente creía que Jesús era capaz de hacer lo que le pedía. Por la gracia de Dios, el ciego Bartimeo vio lo que muchos otros no habían visto: vio que en Jesús podía encontrar la misericordia de Dios. Y cuando Jesús se dirigió a su necesidad, Bartimeo y todos los que observaron el encuentro comprendieron que su fe era la razón de su sanidad. Pero Bartimeo nunca cometió el error de pensar que lo único que necesitaba era su vista física. Por eso, en cuanto recibió la vista de Jesús, «lo seguía por el camino» (Mr 10:52).

En este encuentro vemos un microcosmos de todo el evangelio. La Biblia utiliza a menudo la ceguera como metáfora de la situación de los hombres y mujeres. Por ejemplo, el apóstol Pablo dice: «el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo» (2Co 4:4); y el mismo Jesús dijo: «Yo vine a este mundo… para que los que no ven, vean» (Jn 9:39). Y antes, en el Evangelio de Marcos, leemos que, aunque los discípulos seguían a Jesús, todavía no veían ni entendían todo lo que Él les enseñaba, por lo que les preguntó: «Teniendo ojos, ¿no ven? Y teniendo oídos, ¿no oyen?» (Mr 8:18).

¿Cómo, entonces, es posible que los ciegos vean? Igual que con Bartimeo: yendo a Jesús y clamando a Él por misericordia, pidiendo el perdón amoroso y la nueva vida que solo Él puede dar. Nunca conocerás a Jesucristo como una realidad en tu vida hasta que lo conozcas como una necesidad. Esa es una verdad que debemos comprender para poder disfrutar del primer día de nuestra nueva vida siguiéndolo a Él; pero también es una verdad que debemos recordar para seguir adelante en nuestras vidas siguiéndolo a Él. Cualquiera sea la forma en que necesites misericordia en este momento, míralo con los ojos de la fe que Dios te ha dado y simplemente pídele. La buena noticia es que Jesús todavía escucha, Jesús todavía se preocupa, Jesús todavía se detiene, Jesús todavía presta atención y Jesús todavía salva.


Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios

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Alistair Begg

Alistair Begg is the senior pastor of Parkside Church in Cleveland, Ohio, the Bible teacher at “Truth For Life,” and the author of Brave by Faith: God-Sized Confidence in a Post-Christian World. He is married to Susan, and together they have three grown children and five grandchildren.

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