Este siempre ha sido uno de mis proverbios favoritos: “La cabeza canosa es corona de gloria, y se encuentra en el camino de la justicia” (Pro 16:31). Es un versículo que choca fuertemente con la cultura occidental y su glorificación de la juventud. Pero es uno que es totalmente consistente con una cosmovisión bíblica y su énfasis en la sabiduría.
El libro de Proverbios tiene como propósito demostrar dos formas muy diferentes de vivir. Contrasta el camino de la sabiduría con el camino de la necedad. En esta visión generalizada de la vida, los necios toman malas decisiones, sufren las consecuencias y mueren jóvenes. Los sabios toman buenas decisiones, disfrutan de las consecuencias y viven hasta una edad avanzada. El Antiguo Testamento no ve a las personas mayores como “ancianos” o “ciudadanos de la tercera edad”, sino como “cabezas canosas”. Debido a que el cabello cano se asocia con una vida larga, la cual a su vez se asocia con la sabiduría, esto es un honor, no un insulto.
Proverbios 20:29 dice: “La gloria de los jóvenes es su fuerza, y la honra de los ancianos, sus canas”. Si estás ayudando a alguien a mudar muebles, podrías señalar a tu hijo y decir: “Lo traje para que sea el músculo”. Lo estás definiendo por solo una parte de su cuerpo, pero lo dices como un cumplido. Después de todo, “la gloria de los jóvenes es su fuerza”. Pero a medida que pasan los años y la fuerza se desvanece, ese gran atributo es reemplazado por otro. La fuerza es reemplazada por la sabiduría, de modo que la gloria o el esplendor de los ancianos es su sabiduría, la cual se representa en el cabello cano. Los jóvenes son grandes en fuerza pero pequeños en sabiduría; los ancianos son pequeños en fuerza pero grandes en sabiduría. Dios tiene un lugar o un papel para ambos.

Por supuesto, los proverbios son reglas generales para la vida, no verdades universales. No todos los que tienen canas son sabios, al igual que no todos los jóvenes tienen un par de bíceps gloriosos. Hay algunos jóvenes débiles y algunos ancianos necios. Pero el punto es claro. Mientras que todos envejecen y la mayoría eventualmente verá su cabello volverse gris, solo aquellos que son sabios (aquellos que han vivido una vida justa) son capaces de considerar ese cabello cano como una “corona de honra”.

Necesitamos saber que esta corona no es un símbolo de un título o cargo, sino el reconocimiento de un logro. No es simplemente otorgada, sino que debe ganarse. No es el tipo de corona que se coloca sobre la cabeza de un rey en su coronación, sino el tipo de corona que se coloca sobre un ganador en su celebración de victoria. Y aunque cualquier corona conlleva autoridad, este tipo de corona conlleva una autoridad relacionada con el logro; una autoridad que surge cuando alguien ha demostrado su dominio sobre algo.

Si quieres aprender ajedrez, nadie tiene más autoridad para enseñártelo que una persona que ha sido coronada como gran maestro. Si quieres aprender un deporte, nadie tiene más autoridad para enseñártelo que una persona que ha sido coronada como el jugador más valioso. En este proverbio, la corona se le ha dado a una persona que ha dominado el arte de vivir. Ha recibido una corona que reconoce y muestra públicamente su éxito al vivir la vida. ¡Esa es una corona bastante buena!
Y la Biblia nos hace un llamado a cada uno de nosotros a ganar esa corona. En un sentido, esa corona simplemente se te da, te guste o no, pero en otro sentido más significativo, tiene que ganarse. Todos envejecen, pero no todos se vuelven sabios. Todos llevan canas, pero no todos llevan la corona. Esa corona necesita ser ganada mediante una vida justa. Por tanto, cada uno de nosotros necesita preguntarse: ¿estoy viviendo el tipo de vida que permitirá que ese cabello cano (esa prueba de que he envejecido) también represente un símbolo de que he crecido en sabiduría, de que he vivido una vida justa?
Este artículo se publicó originalmente en Challies.