Abril 28
Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree, del judío primeramente y también del griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela (Romanos 1:16-17).
Necesitamos justicia para ser aceptables ante Dios. Pero no la tenemos. Lo que tenemos es pecado.
Dios tiene lo que necesitamos y no merecemos: justicia; y nosotros tenemos lo que Dios odia y rechaza: pecado. ¿Cuál es la respuesta de Dios a esta situación?
Su respuesta es Jesucristo, el Hijo de Dios que murió en nuestro lugar y cargó con nuestra condenación. “Enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne” (Romanos 8:3). ¿De quién fue la carne que cargó con la condenación? La Suya. ¿De quiénes eran los pecados que estaban siendo condenados? Los nuestros. Este es el gran intercambio. Aquí está de nuevo en 2 Corintios 5:21: “Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él”.
Dios pone nuestros pecados sobre Cristo y los castiga en Él. Y en la muerte obediente de Cristo, Dios cumple y reivindica Su justicia y nos la imputa. Nuestro pecado sobre Cristo; su justicia sobre nosotros.
No podemos enfatizar lo suficiente que Cristo es la respuesta de Dios a nuestro mayor problema. Todo se debe a Cristo.
No puedes amar demasiado a Cristo. No puedes pensar demasiado en Él, ni agradecerle demasiado, ni depender demasiado de Él. Todo nuestro perdón, toda nuestra justificación, toda nuestra justicia está en Cristo.
Este es el evangelio: la buena noticia de que nuestros pecados recaen sobre Cristo y Su justicia sobre nosotros, y que este gran intercambio llega a ser nuestro no por obras, sino solo por fe. “Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).
Aquí está la buena noticia que alivia las cargas, da alegría y fortalece.
Devocional tomado del sermón “When the Lord Does Not Take Account of Sin”.
