Marzo 1
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Porque Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo”. Efesios 1:3-5
Dios te ama desde hace mucho, mucho tiempo.
El sorprendente desborde de alabanza de Pablo al inicio de su carta a los Efesios nos anuncia la maravilla de todo lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo. Una de las características que lo hace tan llamativo es que comienza con Dios, lo que nos recuerda que, antes que nosotros existiéramos, Él tomó la iniciativa de atraer a personas a Sí mismo. Podemos vernos tentados a creer que necesitamos buscar a Dios por medio del esfuerzo humano; de hecho, muchas religiones mundiales enseñan precisamente eso. Sin embargo, desde el comienzo, la Biblia nos enseña que es Dios en realidad quien se acerca a nosotros.
Nuestra elección en Cristo no es alguna especie de ocurrencia histórica tardía; se remonta hasta la eternidad pasada, antes de la creación. Sí, nosotros decidimos seguir a Cristo, pero recordar que nunca hubiéramos podido escoger a Dios sin que Él nos haya escogido antes de la creación del mundo nos da una lección de humildad. No serías capaz de decidirte a seguirlo si Él no hubiera decidido antes hacerte Su hijo.
Existe una tensión delicada al reconciliar la responsabilidad del hombre con la soberanía de Dios. Muchos creen que debemos escoger entre ambas cuando, en realidad, las dos son bíblicas y se encuentran conectadas. Son dos verdades que van hombro a hombro; parecen irreconciliables para nuestra mente humana finita y, sin embargo, son completamente verdaderas. No es necesario desgastarnos intentando empataras como ejercicio intelectual. En cambio, somos libres de responder con humildad y asombro ante la bondad de nuestro Dios Todopoderoso hacia nosotros.
La doctrina de la elección no es una bandera debajo de la cual marchamos, sino un bastión para nuestra alma.¹ Marca toda la diferencia para nuestra seguridad y gozo. Una vez que reconoces con humildad que tu identidad en Cristo fue establecida en el primer momento en que Dios puso Su afecto sobre ti, antes del inicio del tiempo, encuentras libertad y confianza. No necesitas imaginarte alguna razón en ti mismo para entender por qué has recibido Su gracia maravillosa; simplemente puedes disfrutar de saber que Él te ha elegido porque te ama. No necesitas vivir cargado por tu pecado ni destrozado porque sabes que estás avanzando con demasiada lentitud en tu vida cristiana, porque Su amor nunca se basó en tu desempeño ni en tus promesas de mejorar. Puedes caminar por las cumbres y los valles de la vida con la seguridad de que eres amado por Aquel que creó y que dirige todas las cosas. Al mismo tiempo, puedes comprender que, ya que nunca podrías haber ganado Su amor, nunca podrás perderlo.
1 Eric J. Alexander, “The Basis of Christian Salvation” [“El fundamento de la salvación cristiana”] (sermón, 1984).
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
