Cuatro buenas preguntas para evaluar el rol de la tecnología en nuestras vidas

¿Has pensado alguna vez cuánto tiempo pasamos hablando con nuestra tecnología? Cuatro preguntas sencillas —sobre propósito, problemas, consecuencias y el corazón— nos ayudan a evaluar si la tecnología está ocupando su lugar correcto en nuestras vidas.
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¿Has pensado alguna vez cuánto tiempo pasamos hablando con nuestra tecnología? ¿Cuántas veces al día le damos órdenes a Alexa, a Siri o a ChatGPT? Estamos en constante comunicación con nuestros dispositivos y por medio de ellos. Y debido a que ya estamos acostumbrados a hacerles preguntas profundas y personales, quizá nos vendría bien hacerles algunas preguntas buenas y honestas sobre ellos mismos. He aquí cuatro preguntas que propongo que hagamos a cualquier tecnología que se haya convertido (o tenga el potencial de convertirse) en algo profundamente arraigado en nuestras vidas. 

¿Para qué fuiste creada? 

Una tecnología casi siempre acabará haciendo aquello para lo que fue creada. Sin embargo, nosotros, los consumidores, rara vez sabemos exactamente para qué se creó la tecnología. Si encontramos su propósito original, no nos sorprenderá saber cómo pronto empezará a cambiarnos y a moldearnos. Si una tecnología se creó para aplicaciones militares, no será extraño que nos trate como soldados. Si se creó para uso hospitalario, no debería sorprendernos que nos trate como médicos. Si comprendemos que los teléfonos móviles se introdujeron para mantener a los hombres de negocios en contacto con la oficina mientras estaban en casa o de viaje, no nos maravillará que nuestros teléfonos móviles tiendan a hacer precisamente eso. El teléfono simplemente hace aquello para lo que fue creado.

El pesimista podría decir que cada nueva tecnología se anuncia como un medio para abordar algún gran problema, pero al final es rápidamente absorbida por la industria del entretenimiento. Quizás esa persona no esté muy lejos de la verdad. La televisión no se anunciaba originalmente por su valor como entretenimiento, y, sin embargo, hoy es casi todo lo que hace, tanto si vemos comedias o reality shows, como si vemos las noticias (que se han convertido en gran medida en su propia forma de entretenimiento). Quizás esto no sea siempre cierto, pero nos señala una realidad importante: nuestras tecnologías tienen consecuencias imprevistas. Cuando creamos una nueva tecnología o añadimos una a nuestras vidas, podemos tener una idea de cómo se desenvolverá, pero rara vez las cosas salen exactamente como las habíamos planeado. La mayoría de las veces, las consecuencias son muy distintas de lo que esperábamos. 

Esto se debe, al menos en parte, a la realidad de que la invención de una tecnología casi siempre precede a su función. Por lo general, la tecnología se crea independientemente del uso que se le vaya a dar. Por lo general, solo después de que se inventa una nueva tecnología utilizamos nuestra creatividad e ingenio para encontrar formas de integrarla en nuestras vidas. Esto agrava sus consecuencias imprevistas. Si una tecnología se creó específicamente para aplicaciones empresariales y la adaptamos a un servicio de adoración, veremos que hay algunas ideologías empresariales envueltas en esa tecnología (como cuando llevamos PowerPoint de la sala de juntas al santuario).

El consumidor sabio de tecnología se dará cuenta de que la tecnología que utiliza hoy, la tecnología que ha llegado a amar y de la que depende, tendrá consecuencias imprevistas en su vida y en el mundo que lo rodea. No se fijará solo en la tecnología en sí, sino en la función para la que fue creada, en el problema que estaba destinada a  resolver en un principio.

¿Cuál es el problema que esta tecnología soluciona y de quién es el problema? 

En sus obras, Neil Postman propone que nos preguntemos ante cualquier nueva tecnología: “¿Cuál es el problema para el que esta tecnología es una solución?”. Asumiendo que incorporamos nuevas tecnologías a nuestras vidas para ayudarnos a resolver los problemas de la vida, Postman sugiere que pensemos detenidamente qué esperamos conseguir con o por medio de cualquier tecnología. Es una pregunta buena y justa, incluso obvia, pero con demasiada frecuencia optamos por ignorarla.

Cuando nos preguntamos qué problema pretende resolver una tecnología, empezamos a entender cómo actuará en nuestras vidas. Incluso podemos descubrir que una gran tecnología nueva es una solución a algo que ninguna persona normal consideraría un problema. Podemos descubrir que lo que el fabricante de un dispositivo considera un problema, o quiere que consideremos un problema, carece totalmente de sentido. Quizás el problema se haya fabricado simplemente para convencernos de que necesitamos un determinado producto.

Una vez identificado el problema, también debemos preguntarnos: “¿De quién es el problema?”. En casi todos los casos, una nueva tecnología resolverá algún tipo de problema, pero quizás no sea nuestro problema. Puede suceder que un nuevo dispositivo no resuelva ningún problema en mi vida, pero mi compra sí contribuye a la ganancia anual del fabricante. Puede ser que otra persona obtenga todos los beneficios de esta nueva innovación mientras yo asumo todo el costo, ya sea económico, de tiempo o de distracción.

¿Qué nuevos problemas traerá? 

Al hacer las dos primeras preguntas, hemos aprendido por qué se creó una tecnología y hemos comprendido qué problema pretende resolver y de quién es realmente ese problema. Ahora queremos hacer una continuación natural: si resolvemos con decisión este problema, ¿qué nuevos problemas habremos creado y a quién habremos perjudicado? Aquí debemos detenernos y hacer una pausa para considerar qué nuevos problemas surgirán como resultado de nuestra adopción de esta tecnología. Y queremos ver quién se verá más afectado por estos nuevos problemas.

Es muy posible que al adoptar el teléfono o la tableta de última generación hayamos agravado el problema de que nuestras vidas estén sobrecargadas de distracciones. Descubrimos que ya nunca podemos escapar del torrente de comunicación e información que fluye de él. O quizás descubrimos que pasamos más tiempo con el teléfono que con la familia, perjudicando nuestras relaciones más importantes. Hemos creado problemas relacionados con la sobrecarga de información y la distracción, y aunque a nosotros nos perjudica, son nuestras familias las más afectadas. Aunque la nueva tecnología resolvió algunos problemas, no podía hacerlo sin crear otros.

¿Qué le está haciendo a mi corazón? 

Esta última pregunta es la que todos los cristianos querrán hacerse al evaluar una nueva tecnología, y especialmente un nuevo dispositivo digital. Aquí volvemos al asunto de la idolatría y nos preguntamos si este dispositivo es en sí mismo una especie de ídolo. ¿Estoy corriendo a comprar este dispositivo para ser el primero en tenerlo en mi oficina, escuela o iglesia? ¿Qué es lo que me atrae del dispositivo y, cuando miro bajo la superficie, por qué lo quiero realmente?

Incluso si este dispositivo no es un ídolo en sí mismo, debería preguntarme si va a aumentar el poder o el control de otro ídolo. Tal vez me controle el deseo de estar en contacto constantemente, y este dispositivo me permita estar en contacto más frecuentemente y en más lugares. O tal vez me controle el deseo de encontrar descuentos, y este dispositivo me permitirá controlar más ofertas, subastas y ventas. En ambos casos, este dispositivo servirá para alimentar a mis ídolos, para cuidarlos, para aumentar su poder en mi vida. De nuevo, tengo que preguntarme por qué quiero realmente este dispositivo. Puede haber un sinfín de razones, tanto buenas como malas.

Así que ahí lo tienes. Ya que tenemos el hábito de hablar con nuestros dispositivos, ¿por qué no les hacemos algunas preguntas sobre sí mismos y sobre cómo piensan funcionar en nuestras vidas? Y por qué no nos comprometemos a reflexionar en profundidad, no solo sobre lo que aportan a nuestras vidas, sino también sobre lo que nos quitan.

Para más información sobre este tema, ver mi libro The Next Story (La siguiente istoria [Disponible en inglés]). 


Publicado originalmente en Challies.

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Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo BLOG ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por más de 7000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

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