18 cosas que no me arrepentiré de hacer con mis hijos 

Como la mayoría de los padres, tengo esos momentos en que me invaden la culpa y el remordimiento y considero por cuánto tiempo he sido padre y también pienso en cuan poco me queda. Mi hijo mayor tiene trece años, es un adolescente, le falta un año para iniciar la secundaria y está a solo ocho años de tener la edad que tuve al casarme. Mis hijas ya casi lo alcanzan. Cuando este sentimiento se eleva siento que podría ahogarme en arrepentimiento y pienso en las cosas que nunca me arrepentiré.   Aquí hay dieciocho cosas que sé que no me arrepentiré de hacer con mis hijos. 

  1. Orar por ellos con ellos. Me frustra saber que una de las cosas que más me intimida es orar con mis hijos. No me refiero a orar con toda la familia antes o después de una comida sino a orar con mi hija por mi hija o con mi hijo por mi hijo. Sin embargo, este tipo de oración les permite ver que me preocupo por lo que les preocupa y nos permite unirnos en oración por esas mismas cosas. Sé que necesito priorizar esto porque nunca me arrepentiré de haber orado con ellos por ellos.
  2. Leerles libros.  Al invierno convertirse en otoño, al acortarse los días y enfriarse las noches, pasamos juntos muchas noches en la sala mientras les leo libros. Hemos leído nuestro camino a través de este mundo y a través de otros, hemos leído sobre historia, días antiguos y también hemos conocido a héroes y villanos. Todo esto lo hemos experimentado como una familia unida. Por tanto, nunca me arrepentiré de haberle leído libros a mis hijos. 
  3. Darles un beso de buenas noches. Los días se hacen largos y me canso bastante. Cuando mis hijos se van a dormir, por lo general estoy tan cansado que lo último que quiero es verlos en cama y darles un beso pero me alegra saber que en esos momentos mis hijos son más tiernos, dispuestos a hablar y prontos a escuchar. Nunca me arrepentiré de los besos de buenas noches. 
  4. Llevarlos a la iglesia. Hay un gran gozo al sentarnos juntos en la iglesia como familia, alabar al Señor juntos y escuchar de él en su Palabra juntos.  No llevo mis hijos a la iglesia para que aprendan buenos modales y a ser mejores personas sino a que aprendan quiénes son para que aprendan quién es Dios y puedan tanto encontrar como experimentar la Gracia. Nunca me arrepentiré de hacer de la iglesia una prioridad.
  5. Llevarlos a desayunar. Una tradición que amamos mucho en nuestra familia es llevar a mis hijos a desayunar los sábados en la mañana, a uno de ellos cada semana. Es una tradición que he perdido y revivido varias veces pero que vale la pena mantener. El gasto de diez o veinte dólares y el tiempo no se compara con la inversión hecha en sus vidas. Nunca me arrepentiré de nuestras citas de padre-hijos a desayunar.
  6. Permitir que mis amigos sean sus amigos. Disfruto que mis hijos se hagan amigos de mis amigos. Quiero que mis hijos tengan amigos mayores que ellos y más sabios también que les puedan ayudar en áreas que soy débil. Nunca me arrepentiré de animar a mis amigos a que sean sus amigos.
  7. Hacer el devocional familiar. El devocional familiar es una disciplina difícil de mantener y especialmente cuando los hijos crecen y adquieren más lecciones y responsabilidades. No obstante, nos comprometemos, nos volvemos a comprometer y perseveramos porque estos son momentos preciosos- tan solo unos pocos minutos para leer la Biblia, conversar sobre lo que hemos escuchado y orar. Sé que nunca me arrepentiré ni un solo momento de seguir al Señor juntos.  
  8. Disciplinarlos. Detesto disciplinar a mis hijos. Detesto tener que disciplinarlos pero estoy absolutamente convencido de que rehusarme a disciplinarlos es rehusarme a amarlos y respetarlos. El privilegio perdido, la charla severa y el tiempo que pasan solos en su habitación, son vistos como odio en el momento pero más tarde como amor. Nunca me arrepentiré de disciplinar amorosamente a mis hijos.
  9. Compartir momentos especiales. La vida se vive en gran medida en lo mundano y el amor se muestra mayormente en el día a día. Aun así,  también hay valor para beisbol en las tardes, noches de ballet y viajes de trabajo con papá. Nunca me arrepentiré de estas actividades tan especiales con mis hijos. 
  10. Pedirles perdón. Me causa mucha más dificultad pedir perdón a mis hijos que a cualquier otra persona. En alguna parte de mi mente estoy convencido de que pedirles perdón es mostrarles debilidad, pero en los mejores momentos se que pedir su perdón cuando he pecado contra ellos es honrarlos a ellos y a Dios. Nunca me arrepentiré de pedirles perdón. 
  11. Perdonarlos Mi gran debilidad es una de sus grandes fortalezas. Cuando pecan casi siempre son rápidos en buscar mi perdón. Nunca me arrepentiré sincera e inmediatamente de concederles el perdón que me piden.
  12. Amar a su madre. Sé que la estabilidad de un padre y de una madre firmemente comprometidos el uno por el otro trae estabilidad para toda la familia. Puedo amar a mis hijos al asegurarles mi amor por su madre a través de mis palabras, acciones y afecto. Nunca me arrepentiré de afirmar regularmente mi amor por su madre. 
  13. Identificar la gracia de Dios. Ha sido un gozo ver la gracia de Dios en la vida de mis hijos cuando profesan su fe y empiezan a crecer en un carácter piadoso. Estoy aprendiendo a decirles lo que observo, a elogiarlos por ello y a señalar a Aquel que lo ha generado. Sé que nunca me arrepentiré de identificar la gracia de Dios en sus vidas.
  14. Expresarles afecto. Me encanta caminar de la mano con mis hijas y abrazar a mi hijo antes de salir al colegio. Este afecto físico les hace sentirse seguros y amados mientras que les enseña los límites del contacto físico platónico y apropiado. Nunca me arrepentiré de expresar continuamente el afecto físico.  
  15. Planear pequeñas sorpresas. Los pequeños y ocasionales regalos cuando regreso de una conferencia, una rosa para mis hijas cuando le compro un ramo de flores a su madre y una cena en McDonald’s sin ningún motivo. Nunca me arrepentiré haber planeado y entregado estas pequeñas sorpresas especiales.
  16. Darles mi completa atención. Casi siempre tengo a mi alcance dos o tres dispositivos electrónicos. Es tan fácil interrumpir una conversación con cada zumbido o pitido, romper el contacto visual y romper la concentración. Sé que nunca me arrepentiré de darle a mis hijos toda mi atención cuando tienen algo que decir.
  17. Apuntarlos al evangelio. El evangelio no es simplemente la puerta para la vida cristiana sino la fuente misma de esperanza y alegría en la vida cristiana. Necesitamos regresar al evangelio una y otra vez. Necesitamos al evangelio todos los días y nunca me arrepentiré de apuntar a mis hijos al evangelio.
  18. Decirles “Te amo”. Amo sinceramente a mis hijos y puedo mostrarles ese amor en cada una de las formas anteriores pero cuando vayan al colegio, cuando salgan con sus amigos, cuando me llamen a la oficina, cuando hablemos por FaceTime a la distancia, nunca me arrepentiré de decirles “Te amo” una vez más.  

 ¿De qué cosas nunca te arrepentirás de decirle a tus hijos?  

Tim Challies

Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo BLOG ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por más de 7000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

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