Julio 22
“Cuando Jesús entro en casa, Sus discípulos le preguntaban en privado: ‘¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?’. Jesús les dijo: ‘Esta clase con nada puede salir, sino con oración’”. Marcos 9:28-29
En Marcos 6, Jesús había enviado a Sus discípulos de dos en dos para proclamar que era necesario arrepentirse. Él les había dado, no solo instrucciones específicas, sino también “autoridad sobre los espíritus inmundos” (Mr 6:7). A causa de esto, ellos habían logrado un gran historial: “Echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban” (v. 13).
Considerando sus éxitos previos en el ministerio que Jesús les había dado, es fácil ver por qué los discípulos estaban sorprendidos y confundidos cuando sus esfuerzos por ayudar a un joven con un espíritu inmundo fueron inútiles hasta que Jesús llegó y lo restauró (Mr 9:14-27). Tal vez, al preguntar: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?”, los discípulos esperaban que Jesús les diera algún tipo de información secreta. Con frecuencia es lo que nosotros también creemos y malentendemos la respuesta de Jesús como si significara que se necesita de una habilidad o ministerio especial. Sin embargo, ese no es el caso. Jesús simplemente les está recordando a Sus discípulos, y a nosotros, esto: Ustedes no tuvieron éxito porque se olvidaron de hacer algo muy importante: orar.
Por causa de sus éxitos, los discípulos se habían acomodado. Habían perdido de vista que solo era gracias a la inmensa misericordia y poder de Dios que podían hacerlo todo. Seguían caminando junto a Cristo, pero ya lo estaban olvidando. Necesitaban un recordatorio.
A veces, nosotros también necesitamos un recordatorio. Imaginar que el poder de Dios sencillamente está a nuestra disposición y bajo nuestro control es sinónimo de incredulidad; es confiar en nosotros mismos en lugar de confiar en Dios. En contraste, la oración es el acto supremo de alinear nuestra voluntad a la de Dios. Reconoce que Dios debe obrar milagros porque nosotros no podemos hacerlo. Hasta que descansemos en la gracia de Dios, no podremos intervenir en las circunstancias de nadie ni marcar una diferencia eterna.
Existen muchas razones por las que no oramos. No sentimos que lo necesitamos. No queremos hacerlo. Sobrestimamos nuestras propias habilidades. Todas estas razones revelan un orgullo absoluto de nuestra parte. Cuando intentamos hacer las cosas por nosotros mismos, a menudo descubrimos que fallamos miserablemente. Así que la próxima vez que te veas tentado a resolver algo por ti mismo o a asumir que el poder de Dios obrará a través de ti porque la última vez lo hizo (¡y que la “próxima vez” probablemente será hoy!), considera lo que los discípulos habían olvidado y lo que Jesús tuvo que recordarles: debes orar a Aquel que tiene todo el poder, que nos inunda de misericordia y que merece toda la gloria. Porque, cuando oras y esperas lo que Dios hará, descubrirás que Él hace mucho más de lo que te habías atrevido a pedir o incluso a imaginar (Ef 3:20).
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
