Nosotros creemos, historia del credo de los apóstoles

¿Qué tienen en común estas confesiones evangélicas históricas? Cada una de ellas tiene sus raíces en el Credo de los Apóstoles.
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La Confesión de Augsburgo. La Confesión Helvética. La Confesión Francesa. La Confesión Belga. La Confesión y el Catecismo de Westminster. La Segunda Confesión Bautista de Londres. Los Cánones de Dort. ¿Qué tienen en común estas confesiones evangélicas históricas? Cada una de ellas tiene sus raíces en el Credo de los Apóstoles.

El Credo, también conocido como los Doce Artículos de Fe, expresa las doctrinas bíblicas esenciales que han sido articuladas, defendidas y abrazadas durante casi dos mil años de historia de la iglesia. Muchos cristianos evangélicos a lo largo de la historia han usado el Credo de los Apóstoles como una proclamación personal de su propia fe. Además, todas las denominaciones evangélicas desde la Reforma Protestante han afirmado el Credo de los Apóstoles sin reservas.

Creo en Dios Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra;
y en Jesucristo, su único Hijo, Señor nuestro;
que fue concebido del Espíritu Santo,
nació de la virgen María,
padeció bajo el poder de Poncio Pilatos;
fue crucificado, muerto y sepultado;
descendió a los infiernos;
al tercer día resucitó de entre los muertos;
subió al cielo, y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso;
y desde allí vendrá al fin del mundo a juzgar a los vivos y a los muertos.

Creo en el Espíritu Santo,
la Santa Iglesia Universal,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida perdurable. Amén. [1]

Contra la Herejía

El origen preciso del Credo de los Apóstoles está envuelto en misterio. Aunque no hay evidencia histórica o textual de que sea el producto directo de los apóstoles, tiene raíces en las enseñanzas de estos y en la generación de discípulos que los siguieron, en la era patrística. Una versión abreviada del Credo que se remonta al siglo II parece haber sido usado primero como una confesión en el bautismo, y también aparece en algunos relatos de martirio. En el siglo V, el Credo de los Apóstoles se desarrolló en la forma en que se usa hoy en día (International Standard Bible Encyclopedia, 1:204).

El Credo de los Apóstoles, como todos los credos de la era patrística[JRRZ1] , fue compuesto como una respuesta directa a la herejía en defensa del evangelio y la fe cristiana. Tenía la intención de ser de naturaleza apologética, para articular lo esencial de la fe cristiana contra un telón de fondo de herejía. La herejía inmediata a la que el Credo respondió fue el gnosticismo, el cual negaba, entre otros principios, la creación divina, la encarnación de Cristo y Su deidad, y la salvación por la fe en Cristo solamente, todas las doctrinas que se afirman expresamente en el Credo.

Los primeros padres de la Iglesia citaron con frecuencia artículos del Credo de los Apóstoles en sus propios tratados apologéticos, la mayoría de los cuales fueron escritos para destinatarios paganos en el mundo grecorromano. Los artículos del Credo eran sucintos, pero lo suficientemente contundentes como para ser herramientas efectivas para compartir y defender la fe cristiana en los primeros trescientos años de existencia de la iglesia.

Ignacio de Antioquía, en su Epístola a los Tralianos, citó la sección cristológica del credo para exhortar a los cristianos tralianos a refutar cualquier enseñanza contraria a la cristología ortodoxa (9:1-2). En «Contra las herejías», compuesta en el siglo III, Ireneo citó varios artículos del Credo para defender las creencias de la iglesia patrística y repudiar las enseñanzas del gnosticismo (I.10). Al igual que Ignacio, Tertuliano incorporó todo el Credo en sus Prescripciones contra los herejes para «reconocer qué es lo que defendemos» (capítulo 13). Agustín proporcionó una exposición teológica del Credo en «De la fe y el Credo», argumentando que debe ser «encomendado a la memoria» y empleado contra los «insidiosos asaltos de los herejes» (capítulo 1).

Nuestro credo común

Desde los tiempos de la iglesia cristiana primitiva, el Credo de los Apóstoles ha sido afirmado en las tradiciones reformadas y enseñado como un resumen de las doctrinas cardinales de nuestra fe. En su Institución de la Religión Cristiana, Juan Calvino afirmó que el Credo «nos proporciona un resumen completo de la fe, que no contiene nada más que lo que se ha derivado de la infalible Palabra de Dios» (2.16.8). John Old, un creyente evangélico de la reforma inglesa, afirmó el Credo, porque «concordaba con la doctrina del Evangelio y la Escritura de los apóstoles» (La absolución, sig. F5v). La Confesión Belga de 1561, que se convirtió en la declaración doctrinal oficial de la Iglesia Reformada Holandesa y una de las Tres Formas de Unidad, se refería explícitamente al Credo de los Apóstoles como uno de los credos históricos que «aceptamos de buen grado» (artículo 9).

Los reformadores también utilizaron con frecuencia el Credo como herramienta didáctica para sus congregaciones y lectores. Por ejemplo, Heinrich Bullinger, el reformador suizo y pastor de una iglesia de Zurich, predicó cincuenta sermones a su congregación sobre los «puntos principales de la religión cristiana», tres de los cuales se referían al Credo de los Apóstoles («Fiftie godlie and learned sermons, Cincuenta sermones piadosos y didácticos»). Uno de los principales reformadores franceses, Pierre Viret, publicó una extensa exposición del Credo para «mostrar a los cristianos supersticiosos e idólatras cómo hacen y creen todo lo contrario de lo que dicen con sus bocas, con el fin de que la gente aprenda a creer con el corazón lo que confiesan con sus labios» (Una muy familiar [y] fructífera exposición de los xii artículos de la fe cristiana, sig. A2v). En su tratado, Viret desplegó cada uno de los doce artículos, de forma similar a como ha hecho el Ministerio Desiring God en esta serie disponible en inglés https://www.desiringgod.org/series/apostles-creed/articles.

No sólo el clero evangélico de la Reforma abrazó y enseñó el Credo, sino que las tradiciones protestantes desde la Reforma han mantenido y defendido sus artículos de manera consistente. William Perkins, un puritano inglés, siguiendo el precedente de Viret y Bullinger al exponer el Credo de los Apóstoles, afirmó que el Credo era «la médula y sustancia misma de la religión cristiana, enseñada por los Apóstoles, abrazada por los antiguos padres, sellada por la sangre de los Mártires» (Una exposición del Símbolo o Credo de los Apóstoles, prefacio, sig. 3r). Richard Baxter, ministro de la parroquia de Kidderminster, recomendó que los párrocos guiaran a sus feligreses en la recitación del Credo de los Apóstoles en el bautismo y la Cena del Señor para que «declaren qué doctrina es la que nos reunimos para profesar, y para preservarla en la mente de todos» (La religión cristiana expresada, sig. E5r).

Sostengamos nuestra confesión

La suscripción y la enseñanza sistemática del Credo de los Apóstoles tiene sus raíces en los precedentes históricos y tiene un beneficio espiritual intemporal para los cristianos de todas las épocas. El Credo ha sido y sigue siendo una ayuda útil para la adoración y el discipulado al proporcionar a los cristianos los resúmenes de las doctrinas esenciales de la fe. El Credo ha sido una pieza central de la evangelización en lo que respecta a la apologética cristiana. Sus verdades recuerdan a los cristianos la esencia de su fe y para «contender por la fe que una vez fue entregada a los santos» (Judas 3).

Mientras enseñamos regularmente el Credo juntos como iglesia, oramos para que Dios haga realidad para nosotros Hebreos 10:23 —que «mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza sin vacilar, porque fiel es el que prometió»—. [1]https://www.rca.org/about/theology/creeds-and-confessions/the-apostles-creed/el-credo-de-los-apostoles/


 [JRRZ1]Quizás valdría la pena enlazar lo con un artículo que explique de qué trata la era patristica.  [JRRZ1]

Brian Hanson

Brian Hanson (@brianlhanson) es profesor asistente de historia y teología en Bethlehem College & Seminary en Minneapolis, Minnesota. Es el autor de Reformation of the Commonwealth: Thomas Becon and the Politics of Evangelical Change in Tudor England.

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