“No cometerás adulterio”: el séptimo mandamiento para los cristianos

Solemos pensar que la Ley del Antiguo Testamento ya no está vigente. Pero, ¿qué pasa si analizamos el séptimo mandamiento a la luz de la cruz?
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Para el cristiano, encontrar a Cristo en cada pasaje bíblico no es un mero ejercicio académico, sino una necesidad primordial. Jesús es el centro de la narrativa redentora y el cumplimiento de todas las promesas de Dios (Lc 24:27), por lo que leer las Escrituras sin buscar su conexión con Él reduce la Biblia a un manual de moralismo o a un registro histórico sin vida.

Sin embargo, para realizar esta tarea correctamente, debemos distinguir entre formas legítimas e ilegítimas de encontrar a Cristo en el Antiguo Testamento. Para hallar la conexión natural de un pasaje con Jesús, primero debemos investigar el significado original del texto para su audiencia inicial y su contexto histórico; luego, identificar el tema teológico central y trazar cómo la Biblia misma desarrolla ese tema de principio a fin. Una vez tenemos esta investigación, podemos ir al Nuevo Testamento para conectar el pasaje con las enseñanzas y el carácter de Jesucristo, para finalmente aplicar la enseñanza del pasaje a nuestra vida como cristianos.

En este artículo, haremos este proceso de análisis con el séptimo mandamiento del Decálogo: “No cometerás adulterio” (Ex 20:14). Sigamos los 4 pasos que ya mencionamos.

Debemos distinguir entre formas legítimas e ilegítimas de encontrar a Cristo en el Antiguo Testamento. / Foto: Lightstock

1. El séptimo mandamiento en su contexto original

En su sentido más básico, la Biblia define el adulterio como el acto sexual entre una persona casada y alguien que no es su cónyuge. Tanto en el antiguo Israel como en la actualidad, este pecado ha sido reconocido universalmente como un acto bajo, cruel y catastrófico. Sin embargo, para la sociedad original que recibió este mandamiento, el adulterio era considerado de formas diferentes: mientras que en leyes como las de Mesopotamia o los hititas el adulterio se consideraba principalmente una ofensa civil contra el marido, quien decidía si presentaba cargos, la ley de Dios lo establece como una ofensa directa contra Él y una violación sagrada del pacto matrimonial, castigada con la pena de muerte (Dt 22:22).

la Biblia define el adulterio como el acto sexual entre una persona casada y alguien que no es su cónyuge. / Foto: Unsplash

Este mandamiento podemos analizarlo desde dos facetas: una negativa y una positiva. En un sentido negativo, la prohibición buscaba evitar que el pueblo se corrompiera, que fuera una imagen falsa de Dios al contradecir Su carácter y que causara graves daños al prójimo, lo que al final desencadenaría en inestabilidad social. De manera positiva, este mandato promovía una representación del amor fiel de Dios, es decir, un amor sostenido por un pacto, un amor que provee seguridad para el prójimo y progreso para la sociedad. Este concepto de amor fiel puede encontrarse en toda la narrativa del Antiguo Testamento como el amor Jésed. Al entender mejor este concepto, podremos hacer una conexión más natural con Cristo en el séptimo mandamiento.

El séptimo mandamiento resguarda al pueblo y exalta el amor fiel del pacto, el Jésed que refleja el carácter de Dios y apunta a Cristo. / Foto: Envato Elements

2. El tema teológico central: el concepto del amor Jésed

El corazón del séptimo mandamiento reside en la idea bíblica del amor Jésed. El adulterio es, en esencia, una distorsión y contradicción de la imagen de Dios expresada en este amor fiel. Un atributo inalienable de Dios es Su lealtad al pacto, como afirma Deuteronomio 7:9: “Reconoce, pues, que el SEÑOR tu Dios es Dios, el Dios fiel, que guarda Su pacto y Su misericordia (Jésed) hasta mil generaciones”. Muchos expertos han comentado que la palabra traducida como “misericordia” en este versículo (Jésed) puede ser traducida como “amor leal” o “lealtad amorosa”, o como lo traduce la Nueva Versión Internacional, expresando que Dios “muestra Su fiel amor a quienes lo aman”. Este concepto hebreo conlleva valores de constancia, bondad y ternura dentro de una relación de pacto. Por ello, mientras que el amor Jésed describe la fidelidad absoluta de Dios (Sal 136:1-26) y es un mandato para Su pueblo (Miq 6:8), el adulterio representa lo opuesto: un amor infiel que traiciona el vínculo establecido.

El adulterio traiciona el vínculo sagrado del pacto y contradice el amor Jésed. / Foto: Unsplash

Ahora bien, la Biblia menciona al adulterio no solamente en lo concerniente al matrimonio humano, sino que existe el adulterio espiritual. Los profetas denunciaron a Israel por cometer “adulterio” al adorar a otros dioses, rompiendo su pacto con el Señor (Jer 3:8; 29:23, Ez 23:37). El libro de Oseas personifica este drama: un Dios esposo que, a pesar de la prostitución espiritual de Su esposa Israel, decide rescatarla y restaurarla mediante Su perdón (Os 1:1 – 3:5).

La Biblia presenta el adulterio también como infidelidad espiritual. / Foto: Unsplash

3. Cristo y Su relación con el séptimo mandamiento

Jesucristo no solo reafirmó el mandamiento, sino que profundizó en su raíz. Él enseñó que el adulterio no nace solo en el acto físico, sino en el corazón, identificando la lujuria hacia alguien que no es el cónyuge como una violación del espíritu de la ley (Mt 5:27-28; 15:19). Jesús nunca cometió adulterio físico, y en cuanto al adulterio espiritual, ejemplifica la obediencia perfecta al séptimo mandamiento mediante la “recapitulación” de la historia de Israel: Jesús es el verdadero Israel, el verdadero Hijo de Dios y el verdadero Siervo de Dios. John Stott, lo expresa de esta manera:

Tal como Israel había sido oprimido en Egipto bajó el faraón despótico, el niño Jesús se convirtió en refugiado en Egipto bajo el despótico Herodes. Tal como Israel pasó por las aguas del Mar Rojo para ser probado en el desierto durante cuarenta años, así también Jesús pasó por las aguas del bautismo de Juan en el río Jordán para ser probado en el desierto de Judea durante cuarenta días. Y tal como Moisés dio la ley a Israel desde el Monte Sinaí, así también Jesús dio la verdadera interpretación y amplificación de la ley a Sus seguidores desde el Monte de las de las Bienaventuranzas.

Jesucristo reafirmó el mandamiento y lo llevó al corazón, enseñando que el adulterio comienza en los deseos internos y que la lujuria ya quebranta el espíritu de la ley. / Foto: Unsplash

Donde Israel fue un siervo infiel y una esposa infiel y adúltera, Jesús venció como el siervo sufriente y fiel al pacto (Is 52:13; Ga 3:16). Jesús jamás cometió adulterio corporal ni espiritual. Al contrario, Su sacrificio es la máxima expresión humana de amor Jésed: el esposo dando Su vida por Su amada esposa pecadora (Su pueblo, la iglesia) para santificarla (Ef 5:25-26). En la cruz, Dios mostró Su amor para con nosotros mientras aún éramos pecadores e infieles (Ro 5:8). Así, el séptimo mandamiento prepara el camino para entender que el amor de Dios en el evangelio es el cumplimiento definitivo de la fidelidad a Su pacto.

4. El séptimo mandamiento para los cristianos

Aunque el séptimo mandamiento sigue vigente, para el cristiano, la obediencia al séptimo mandamiento no es una carga moralista, sino una respuesta al Nuevo Pacto que Dios ha hecho con Su pueblo, la iglesia. Un cristiano ha sido amado primero con un amor sacrificial, leal y fiel en Cristo, un amor Jésed. El creyente no se abstiene del adulterio por mera prohibición, sino porque ha sido redimido, comprado por un precio alto y capacitado para vivir para Cristo. 

El sacrificio de Cristo es la máxima expresión humana de amor Jésed. / Imagen: Envato Elements

Como afirma el apóstol Pablo: “Porque han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios” (1Co 6:20). Habiendo sido amado primero con un amor Jésed, el creyente ahora vive para reflejar esa misma lealtad, pues “el que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo” (1Jn 2:6). Por tanto, la exhortación final permanece vigente: “Sea el matrimonio honroso en todos, y el lecho matrimonial sin mancilla, porque a los inmorales y a los adúlteros los juzgará Dios” (Heb 13:4).

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Luis David Marín

Es el pastor de Iglesia Bautista Highview en Español. Él está felizmente casado con Emma. Obtuvo una Licenciatura en Estudios Bíblicos en el Seminario Bíblico Río Grande y está terminando una Maestría en Divinidades en el Seminario Teológico Bautista del Sur. Anteriormente se desempeñó como plantador de iglesias con la Convencion Bautista del Sur y también sirvió varios años en ministerios universitarios.

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