La familia: juntos en la presencia de Dios

Un niño tiene casi el mismo sentimiento al estar cerca de su padre, o al tener su brazo sobre su hombro o una mano sobre su rodilla.

La adoración centrada en Dios es de suprema importancia en la vida de nuestra iglesia. Nos acercamos a la hora de alabanza del domingo por la mañana con gran seriedad, deseo y expectativa. Tratamos de hacer desaparecer todo lo superficial o trivial. No todos los servicios son así. El domingo por la mañana es el Monte de la Transfiguración: el maravilloso lugar de gloria y silencio absoluto. La tarde del domingo o del miércoles es el Monte de los Olivos: el sitio familiar para conversar con el Señor y entre nosotros. En este artículo, esperamos hacer dos cosas: 1) demostrar que los padres (o algún adulto responsable) debe traer a los niños pequeños al servicio de alabanza del domingo por la mañana en lugar de mandarlos a la “escuela dominical”, y 2) dar consejos prácticos sobre cómo hacerlo. No afirmamos que nuestra forma de adorar es la única manera válida. No todas nuestras ideas coincidirán con la forma en la que otra iglesia lo hace. Por ejemplo, nosotros no tenemos un sermón infantil como parte de nuestro servicio de la mañana del domingo. Sería entretenido para los niños, pero a la larga debilitaría la intensidad espiritual de nuestra alabanza. Hay un tiempo para todo. Y creemos que, al menos por una hora a la semana, deberíamos mantener una máxima intensidad de reverencia profunda.

La más grande piedra de tropiezo

Hay muchas razones por las que insistimos a los padres a que traigan a sus hijos a la alabanza. Pero estos argumentos no llevarán consigo mucho peso con padres que no aman alabar a Dios. La piedra de tropiezo más grande para los niños en la alabanza es que sus padres no aprecian ese tiempo. Los niños pueden sentir la diferencia entre obligación y deleite. Entonces, la primera y más importante tarea de un padre es enamorarse de la alabanza a Dios. No puedes impartir lo que no tienes.

En conjunto

Adorar en conjunto refrena la fragmentación contemporánea de las familias. La vida ocupada de los estadounidenses deja poco tiempo para el tiempo compartido significativo. Es difícil sobreestimar la buena influencia de familias que hacen cosas importantes juntos semana tras semana, año tras año. La alabanza es lo más importante que un ser humano puede hacer. El efecto acumulativo de 650 servicios de alabanza junto a mamá y papá en las edades de entre 4 a 17 años es incalculable.

Imitar la actitud

Los padres tienen la responsabilidad de enseñar a sus hijos con su propio ejemplo el significado e importancia de la alabanza. Es así, que los padres deberían querer que sus hijos estén con ellos en la adoración, para que ellos puedan imitar la actitud y la forma de alabar de sus padres. Los niños deberían ver cómo mamá y papá inclinan sus cabezas en sincera oración durante el preludio y otros momentos no dirigidos. Deberían ver cómo mamá y papá cantan alabanzas a Dios con alegría en sus rostros, y cómo oyen con ansias Su Palabra. Deberían imitar la actitud de sus padres al encontrarse con el Dios vivo. Algo parece estar mal cuando los padres quieren tomar a sus hijos en edad de crecimiento y ponerlos con otros niños y otros adultos para formar su actitud y comportamiento en la alabanza. Los padres deberían ser celosos por modelar para sus hijos la tremenda importancia que le dan a la reverencia en la presencia del Dios Todopoderoso.

No es una expectativa exagerada

Sentarse quieto y callado por una hora o dos el domingo no es una expectativa exagerada para un niño de seis años a quien se le ha enseñado a obedecer a sus padres. Requiere una medida de disciplina, pero eso es precisamente lo que queremos animar a los padres a impartir a sus niños en los primeros cinco años. Por ello el deseo de tener niños en el servicio de adoración es parte de una preocupación más amplia de que los niños sean educados para ser sujetos y respetuosos (1Ti 3:4). Los niños pueden ser enseñados en los primeros cinco años de vida a obedecer a su padre y madre cuando les dicen “siéntate derecho y en silencio”. La impotencia de los padres en controlar a sus niños no debería ser resuelta por servicios alternativos, sino por una renovada disciplina en el hogar.

No todo les pasa desapercibido

Los niños absorben una cantidad enorme de información valuable. Y esto es así aún cuando dicen que están aburridos. La música y las palabras se vuelven familiares. El mensaje de la música comienza a ser captado. La forma del servicio comienza a sentirse natural. El coro deja una impresión especial con un tipo de música que los niños probablemente no escuchen en otro momento sino solo en ese. Aun si la mayor parte del sermón pasa desapercibido, la experiencia muestra que los niños escuchan y recuerdan cosas impresionantes. El contenido de las oraciones, canciones y sermones les da a los padres inmensas oportunidades de enseñar a sus hijos las grandes verdades de nuestra fe. Si tan solo los padres aprendieran a preguntar a sus hijos luego del servicio y a explicar las cosas, su capacidad para participar se incrementaría. No todo lo que los niños experimentan tiene que ser puesto a su nivel para hacerles bien. Algunas cosas sí. Pero no todo. Por ejemplo, para aprender un nuevo idioma puedes ir paso a paso desde el alfabeto al vocabulario, a la gramática hasta sintaxis. O puedes tomar un curso donde puedes empaparte y todo lo que escuchas está en el idioma que no conoces. La mayoría de los maestros de idioma estarían de acuerdo en que la última es, por mucho, la opción más efectiva. La adoración del servicio del domingo no es inútil para los niños solo porque mucho de ella pasa desapercibido para ellos. Ellos pueden, y lo harán, crecer en este nuevo idioma mucho más rápido de lo que pensamos si sus padres fomentan actitudes gozosas y positivas.

Un sentido de admiración

Hay un sentido de solemnidad y admiración que los niños deberían experimentar ante la presencia de Dios. Esto no es probable de ocurrir en la escuela dominical. ¿Existe algo como el trueno para niños, el rayo para niños o el choque de las olas del mar “para niños”? Un sentido profundo de lo desconocido y lo misterioso puede aparecer en el alma de un niño sensible en alabanza solemne si sus padres están buscando a Dios profundamente también. Una profunda emoción sobre la magnificencia de Dios puede venir al corazón jóven y manso a través de ciertos momentos de cántico de grandes himnos, “ruidoso silencio” o predicación autoritaria. Éstos son de valor incalculable para la cultivación de un corazón que teme y ama a Dios. No creemos que niños que han estado en la escuela dominical por varios años entre las edades de seis y doce años estarán más inclinados o mejor entrenados para disfrutar la alabanza que si hubieran pasado esos años junto a sus padres. De hecho, el caso opuesto es el más probable. Probablemente será más difícil aclimatar a un niño de 10 o 12 años a un nuevo culto de adoración que a uno de cinco o seis. El cemento está mucho menos húmedo y muchísimas posibilidades de moldear los impulsos del corazón se han esfumado.

Algunos consejos prácticos de Noël

Cuando nuestros cuatro hijos crecieron para ser jovencitos, asumimos que el capítulo de entrenar para la alabanza había terminado. Pero Dios tenía sorpresas maravillosas. Nuestro hijo más jóven tenía doce años cuando adoptamos a nuestra hija, quien sólamente tenía un par de meses de edad. Así que nuestra experiencia con niños pequeños en el banco comenzó hace más de veinte años, y continuará por un tiempo más.

Comenzar paso a paso

Descubrimos que la más temprana “escuela” para la alabanza se encuentra en el hogar, cuando ayudamos a un bebé a estar en silencio por un momento mientras le pedimos a Dios la bendición para nuestra comida; cuando un niño está sentado en quietud para escuchar un libro de historias de la Biblia; cuando un niño está aprendiendo a prestar atención a la palabra de Dios y a orar durante los tiempos de devocional en familia. En la iglesia, aún cuando nuestros niños tenían la edad de preescolar, comencé a ayudarlos a dar pasos hacia la concurrencia regular a los servicios de alabanza del domingo por la mañana. Usé otras reuniones como un campo de entrenamiento: bautismos, conciertos de coro, videos misioneros u otros eventos especiales que llamarían la atención de un niño de tres años. Yo “promovería” estos al niño como algo fascinante y muy maduro. La concurrencia ocasional gradualmente se desarrolló a la concurrencia por la noche, mientras que al mismo tiempo comenzamos a intentar la de los domingos por la mañana más y más regularmente. He elegido no usar el cuidado de los niños de la iglesia como una ruta de escape cuando el servicio se hace largo o el niño está inquieto. No quiero comunicar que vas a un servicio mientras sea interesante, y luego puedes ir a jugar. Y quería evitar un patrón que podría reforzar la idea de que todo el servicio es bueno hasta que llega la predicación de la Palabra de Dios, y luego puedes irte. Por supuesto, hay veces que el niño se inquieta o hace ruido, a pesar de los mejores esfuerzos de un padre. Oro por el entendimiento de las personas a mi alrededor, e intento lidiar con el problema sin molestar a nadie. Pero si el niño no se aquieta, lo llevo afuera (en busca de una rápida disciplina y en beneficio de los otros adoradores). Luego, debo decidir si volveremos silenciosamente al servicio o nos quedaremos en el área reservada para padres con niños pequeños. Depende de cuán atento parece el niño y si habrá un momento apropiado en el tiempo del servicio. Si nos quedamos en el “área familiar” fuera del santuario, ayudo a mi hijo a sentarse en silencio como si aún estuviéramos allí. Para el momento en que tienen cuatro años, nuestros niños asumen que estarán en todos los servicios semanales regulares con nosotros.

Preparación semanal

Tu anticipación y conversación antes y después del servicio y durante la semana será importante para ayudar a tu hijo a aprender a amar la alabanza y a comportarse bien en el servicio. Ayuda a tus hijos a conocer a tu pastor. Deja que se den la mano en la puerta y que él los salude. Habla sobre quiénes son los líderes de la alabanza; llámalos por nombre. Sugiere que el maestro de Escuela Dominical de tu hijo invite al pastor a pasar unos minutos con los niños si el calendario matutino del domingo lo permite. Si sabes cuál será el pasaje de la Escritura para el siguiente domingo, léanlo juntos varias veces durante la semana. El rostro de un pequeño se ilumina verdaderamente cuando oye palabras familiares desde el púlpito. Habla sobre lo que es “especial” esta semana: un solo de trompeta, un amigo cantando, un misionero de otro país por el que han estado orando. Algunas veces puedes tomar elementos regulares del servicio y hacerlos parte de la anticipación. “Hemos estado leyendo sobre José. ¿Qué crees que dirá el pastor sobre él?”. “¿Qué cantará el coro esta mañana?”. “Tal vez podamos sentarnos al lado de nuestro amigo lastimado para ayudarle con su himnario para que pueda alabar mejor también”. Hay dos preparaciones antes del servicio adicionales e importantes para nosotros: tomar una lapicera y un cuaderno para las “notas del domingo” y un paseo al baño (dejar el servicio es altamente desalentado).

¿Qué ocurre durante el servicio?

Primero, permito a un niño que quiere un boletín de alabanza tener uno. Hace que el niño se sienta participante del servicio. Y en silencio, antes de que el servicio comience, puede que apunte a las partes del servicio mencionadas en el folleto. Durante el servicio, todos nos sentamos o paramos con el resto de la congregación. Comparto mi Biblia, himnario o boletín de alabanza con mi pequeño, porque el uso de estos es una parte importante del servicio. El comienzo del sermón es la señal para que comiencen los “apuntes”. (Quiero que las actividades de un niño se relacionen al servicio, por lo que no traemos libros de la biblioteca para leer. Sí permito a un niño muy pequeño mirar a las imágenes de su Biblia si puede hacerlo en silencio). Tomar apuntes no implica simplemente garabatear, sino “tomar nota” en cuaderno especial utilizado sólamente para el servicio. “Tomar apuntes” crece como el niño lo hace. Al principio dibuja sobre lo que escucha en el sermón. Palabras individuales o nombres disparan imágenes individuales. Puedes tomar una palabra que será utilizada frecuentemente en el sermón. Haz que el niño escuche con atención y haz una marca en sus notas cada vez que escucha la palabra. Luego, puede querer copiar letras o palabras del pasaje de la Escritura para la mañana. Cuando deletrear se vuelve más fácil, escribirá palabras y luego frases que escucha en el sermón. Antes de que lo esperes, probablemente estará captando el sermón y resaltando conceptos completos.

Objetivos y requisitos

Mi entrenamiento para la alabanza tiene tres objetivos principales:

  1. Que los niños aprendan desde temprano y tan bien como puedan a alabar a Dios con el corazón.
  2. Que los padres puedan alabar.
  3. Que las familias no causen distracciones a las personas a su alrededor.

Hay algunas expectativas que les enseño a los más pequeños y espero de los niños más grandes:

  • Sentarse, pararse o cerrar los ojos cuando el servicio lo pida.
  • Sentarse en quietud y derecho, no recostado, jugando o moviéndose, sino con una actitud de respeto hacia Dios y los adoradores a su alrededor.
  • Mantener papeles, Biblia y páginas himnarias lo más silenciosamente posible.
  • Mantenerse despierto. Tomar notas ayuda. (Le permitía a los más pequeños dormir, pero generalmente no lo necesitaban).
  • Mirar hacia los líderes del servicio de alabanza en frente. Sin miradas hacia las personas o relojes.
  • Si pueden leer lo suficientemente rápido, canten con las letras impresas. Por lo menos mantengan sus ojos en las letras e intenten pensar en ellas. Si aún no pueden leer, escuchen con atención.

Crear un ambiente en la silla

Por mi parte, intento crear un ambiente en nuestra silla que haga la alabanza más fácil. En años anteriores, me sentaría entre los dos que estuvieran teniendo mayores problemas entre sí ese día. Elegimos los asientos en los que podemos ver mejor al frente (estando sentados, no de rodillas en la silla. El arrodillarse conlleva a calambres y le estorba la vista a los demás). Cada niño tiene una Biblia, dinero para la ofrenda, e himnario en mano, para que no tenga que revolver y buscar durante el tiempo de la alabanza. Durante el tiempo previo, si me doy cuenta de algo en la guía para lo que debemos estar preparados (una lectura compartida u oraciones congregacionales, por ejemplo) en silencio se lo muestro a un niño que sea lo suficientemente grande para participar.

El después 

Cuando el servicio ha terminado, mis primeras palabras son de felicitaciones al niño que se ha comportado bien. Además de las felicitaciones, puede que mencione una o dos cosas que ambos esperamos se comporte mejor la próxima vez. ¿Pero qué ocurre si hay falta de interés en nuestras expectativas establecidas, y poco interés en el comportamiento? Lo primero que hacemos luego del servicio es un viaje silencioso e inmediato al lugar más privado que podamos encontrar. Luego, las palabras merecidas son pronunciadas y las consecuencias aplicadas o prometidas.

Cercanía y calidez

En raras ocasiones, cuando mi esposo, el pastor, se puede sentar con el resto de nosotros, el más pequeño se trepa a su regazo y está más atento y quieto que nunca. Que maravilloso para una mente pequeña asociar la cercanía y la calidez del regazo de un padre con los tiempos especiales con Dios. Un niño tiene casi el mismo sentimiento al estar cerca de su padre, o al tener su brazo sobre su hombro o una mano sobre su rodilla. El ambiente de la familia unida concentrada en Dios será una imagen no verbal creciendo más y más en la mente del niño y en su corazón, mientras madura en apreciación por su familia y en asombro de la grandeza de Dios. Este artículo se publicó originalmente en Desiring God.

John Piper

John Piper

John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

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