Enero 1
Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y Su gracia para conmigo no resultó vana. Antes bien he trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí (1 Corintios 15:10).
La gracia no solo es la disposición de Dios para bendecirnos cuando no lo merecemos. Es el poder de Dios que, en efecto, obra y hace que ocurran cosas buenas en nosotros y para nosotros.
La gracia de Dios en Pablo era la obra de Dios en él que lo hacía trabajar arduamente. Por eso, cuando Pablo dijo que nos ocupemos de nuestra salvación, luego añadió: “Porque Dios es quien obra en ustedes tanto el querer como el hacer, para Su buena intención” (Filipenses 2:13). La gracia es el poder de Dios que produce buenas obras en nosotros y para nosotros.
Esa gracia es del pasado y del futuro. Cae como una cascada infinita sobre el momento presente, desde el río inagotable de la gracia que nos llega del futuro, hacia el depósito cada vez mayor de la gracia del pasado.
En los próximos cinco minutos, recibiremos la gracia que fluye a nosotros del futuro para nuestro sustento, y acumulará otros cinco minutos de gracia en la reserva del pasado. La respuesta adecuada por la gracia que hemos experimentado en el pasado es gratitud; y la respuesta adecuada por la gracia que Dios promete para nuestro futuro es fe. Estamos agradecidos por la gracia que hemos recibido este último año, y confiamos en que contaremos con gracia venidera para el nuevo año.
