Estoy ansioso por pastorear ahora – ¿Debería abandonar el seminario?

Estoy ansioso por pastorear ahora - ¿Debería abandonar el seminario?
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¿Debo ir al seminario o no? Esa es la pregunta de hoy: «Hola, Pastor John, me llamo Brandon, soy un estudiante universitario de 23 años y resido en Georgia. He sentido un llamado al ministerio y lo he comentado con los líderes de mi iglesia. Ellos han afirmado este llamado y me han dado la oportunidad de servir en el ministerio juvenil y de predicar en ocasiones. El problema es que siento una necesidad apremiante por involucrarme en el ministerio a tiempo completo, para alcanzar a los adultos y a la comunidad. Sé que he sido llamado a ser pastor, pero con esta sensación, no puedo evitar la idea de olvidarme del seminario. El ministerio significa todo para mí, y sé que el seminario me ayudará a prepararme para él, pero me siento presionado a pasar directo a la obra. Además, tengo esta creciente sensación de que no solo estamos en la última hora del fin de los tiempos, sino que estamos en los últimos minutos, y que Jesús regresará pronto (espero que sea mientras viva). ¿Está mal dirigida esta sensación?».

El sentido de necesidad apremiante dado por Dios

Brandon, creo que tu sentido de necesidad apremiante es un don divino y valioso. Espero que no lo pierdas. Es decir, percibes que están en juego realidades vitales y eternas. Eso es cierto. En cualquier momento, personas pueden perecer. Pueden ir a la eternidad en cualquier instante. Esto incluye a todos los que conocemos. Deberíamos tener un sentido de necesidad en este aspecto. Jesús podría regresar y concluir la historia mientras vives, incluso mientras yo vivo. Me encantaría. ¡Oh, me encantaría! Demasiados cristianos, incluyendo pastores, han perdido el sentido de necesidad apremiante. Han adoptado una especie de rutina en donde no perciben el peligro en el que están las personas. Me alegro porque tú sí lo percibes. Ahora, permíteme hacer cuatro o cinco observaciones que podrían dar forma a la manera de canalizar este sentido de necesidad apremiante. Un par de experiencias propias podrían ser útiles, y luego mencionaré un par de referencias bíblicas.

Un problema de toda la vida

Es casi seguro que dentro de 20 años estaré viendo a Jesús cara a cara. Entonces tendría 93 años y no espero vivir hasta esa edad. Mi padre murió a los 88 años, así que serían 15 años más para mí. Siento la necesidad apremiante de no desperdiciar mi vida. No es solo una cuestión de qué tipo de educación debes recibir al principio de tu vida, sino que en cada momento de tu vida experimentarás esta sensación. Considerarás las posibilidades de lo que deberías hacer con tu vida cuando tengas 30, 40, 50, 60, 70 y tal vez 80 años. Vas a luchar con la pregunta de cómo usar de mejor manera los preciosos días que te quedan. Esa es la primera observación. Estoy de acuerdo contigo. En otras palabras, no observo tu situación desde lejos y digo: «Bueno, tienes un problema, y estoy tratando de ayudarte a resolverlo». ¡Yo también tengo el mismo problema!

La escuela no es un desperdicio

En segundo lugar, ahora que tengo 73 años y miro hacia atrás, no me arrepiento, no me arrepiento en absoluto, de haber permanecido en estudios hasta los 28 años. Asistí a la escuela desde los 6 hasta los 28 años. (No acudí al jardín de niños, así que empecé a los 6 años. Mi madre intentó que fuera desde los 5, pero yo lo odiaba, así que no me obligó. En aquella época, se podía hacer eso). Seguí hasta obtener mi título universitario. Tenía sentido que hiciera todo lo posible para obtenerlo. Todos en quienes confiaba me decían: «Adelante, termina tus estudios, y entonces Dios abrirá todas las puertas que tiene preparadas para ti». Así que, si tienes una esposa dispuesta, y el Señor provee los recursos, yo seguiría adelante y obtendría toda la educación disponible que tu corazón te permita obtener. Yo no me arrepiento de haberlo hecho. Anoche hablé con alguien de 60 años que regresará del campo misionero y volverá a la escuela porque siente que aún tiene mucho por aprender. Puede ser que en algún momento del camino cambies de opinión, por ejemplo, si ingresas al ministerio a los 19 años, y tratas de plantar una iglesia para un grupo de personas no alcanzadas, más tarde podrías decir: «Bueno, regresaré a la escuela». Está bien si quieres hacerlo de esa manera. Pero desde mi punto de vista, nunca me he arrepentido de haber recibido toda la educación posible; y tú vas a manejar la preciosa Palabra de Dios. Quieres que los médicos reciban una buena educación para que cuando tengan que realizarte una cirugía, no te maten; de igual manera, debes saber manejar la Palabra de Dios para no matar a la gente con ella.

Jesús tenía treinta años

Sé que, desde el punto de vista de un joven de 23 años, recibir más educación puede resultar tedioso. Cuando estaba en el seminario, existía una necesidad apremiante entre los estudiantes a finales de la década de1960. Pensaban que debían salir a las calles y hacer cosas más importantes que sentarse en las clases del seminario. Un día, el profesor Bromley, quien enseñaba historia de la iglesia, se levantó en la capilla y anunció el texto para su sermón. Nunca lo olvidaré. Lucas 3:23: «Jesús mismo al comenzar su ministerio era como de treinta años». Predicó durante treinta minutos sobre por qué debemos dejar atrás el deseo de olvidarnos del seminario y comenzar a realizar cosas de inmediato. Nos animó a ser pacientes. Y hay razones por las que los líderes de la iglesia se llaman ancianos, no jóvenes. Desde el día que escuché ese sermón (tenía entre 22 y 25 años en ese momento) me propuse terminar mi educación y trabajar en un ministerio fructífero para cuando tuviera treinta años. Lo logré un año y medio antes, lo cual me complació mucho. Dios fue bueno con Noël y conmigo.

El cuidado de Dios

Sería conveniente considerar un par de textos. Empecemos con 2 Pedro 3:8-9. Esta es la respuesta de Pedro a los que dijeron que la segunda venida no sucederá porque ha pasado mucho tiempo. Ellos decían: «Es solo un mito». Esta es su respuesta: Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. Creo que eso implica varias cosas para ti, Brandon. Primero, si el Señor regresa o no mientras vives, cuando venga (y vendrá), habrá sido en un periodo corto de tiempo desde la perspectiva divina. En segundo lugar, han pasado dos mil años, y Dios no ha cometido ningún error; ninguno. Este era el plan. El día está fijado por la autoridad de Dios. Lo dice en Hechos 1:7. Cuando el Señor venga, será el momento perfecto. Cuando miramos hacia atrás a los últimos dos mil años, ¿no nos alegramos de que cientos de hombres y mujeres piadosos se dedicaran a un estudio serio, para que pudieran escribir cosas que han sido absolutamente transformadoras para nosotros? Me alegro de que la sensación de necesidad apremiante que, digamos, sintió Jonathan Edwards, o Lutero, o Calvino, o Spurgeon, no les hizo salir y llamar a cada puerta, dejando de escribir sermones o libros que cambiarían mi vida y crearían una sensación de necesidad apremiante en mí.

Termina la carrera

Un último testimonio bíblico. Considera las palabras de Pablo cuando era anciano: Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida (2 Ti. 4:6-8). Brandon, esto es lo debes desear ser capaz de decir cuando tu muerte esté cerca. Ya sea que vivas 80 años o solo hasta los 25, debes ser capaz de decir: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe». Dios tiene una carrera para ti. Es un maratón; no una carrera de 100 metros planos. Él tiene un maratón para todos nosotros. En última instancia, si vas al seminario o no, no es la cuestión principal. La cuestión principal es: ¿correrás la carrera con todas tus fuerzas, fielmente hasta el final? Es un maratón. Necesitas controlar tu ritmo. Encuentra tu ritmo. Encuentra tus dones. Busca crecer de por vida en gracia y conocimiento, y sirve al Señor hasta que Él regrese o hasta que te llame a Su presencia.

John Piper

John Piper

John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

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