Edith Schaeffer (de soltera, Seville) partió para estar con el Señor a los 98 años. Nació el 3 de noviembre de 1914 en Wenzhou, China, hija de misioneros asociados con China Inland Missions. Cuando era joven, asistió a Beaver College en Glenside, Pensilvania, y fue allí donde conoció a Francis Schaeffer. Se casaron en 1935. Posteriormente, Francis asistió a Westminster Theological Seminary y continuó su ministerio pastoral en Pensilvania y Missouri.
En 1948, la Junta Independiente de Misiones Extranjeras Presbiterianas (Independent Board for Presbyterian Foreign Missions) los envió como misioneros a Suiza. En 1955, tras identificar desacuerdos significativos con la IBPFM, se retiraron de esa organización y decidieron abrir su hogar y ponerlo a disposición como un lugar para demostrar el amor de Dios y ofrecer un foro para discutir acerca de Dios y el sentido de la vida. Lo llamaron L’Abri, tomando la palabra francesa que significa “refugio”. A mediados de la década de 1950, hasta 30 personas los visitaban cada semana.
Edith tuvo un papel fundamental en el mantenimiento del hogar y en la mentoría de quienes los visitaban. Escribió o coescribió veinte libros, incluyendo Affliction [Aflicción], un libro sobre el sufrimiento, y la autobiografía The Tapestry: the Life and Times of Francis and Edith Schaeffer [El tapiz: la vida y los tiempos de Francis y Edith Schaeffer], cada uno recibió el Premio Medalla de Oro de la Evangelical Christian Publishers Association (en 1979 y 1982, respectivamente).

Mis padres estuvieron entre los muchos jóvenes que pasaron tiempo en L’Abri. Dejaré que sea mi madre quien complete los detalles:
Creo que ya te he contado antes sobre mi primer encuentro con Edith Schaeffer, pero me gustaría hacerlo de nuevo. Fue en el verano de 1972, cuando John y yo nos dirigíamos a Toronto, vía Ginebra, después de varias semanas en Florencia. Decidimos viajar a las montañas y visitar L’Abri en nuestro camino de regreso a casa. Apenas nos habíamos convertido, y ya estábamos intentando entender varios sistemas de teología. Esta parecía una buena oportunidad para investigar la alternativa reformada.
Subimos la montaña y bajamos del autobús justo frente a la puerta de los Schaeffer. En unos pocos minutos, Edith se presentó a nosotros y nos invitó a almorzar el domingo. Me sorprendió que tuviera tiempo para nosotros, que realmente pareciera interesada en nosotros en los breves minutos que compartimos con ella. Pero lo que realmente conquistó mi corazón fue el siguiente pequeño incidente.
Durante nuestro tiempo en Florencia, habíamos conocido a un joven que acababa de visitar L’Abri. Él nos aseguró que Francis Schaeffer le había dicho confidencialmente que no creía que los hombres ejercieran su voluntad de manera verdadera y responsable. La soberanía de Dios lo anula todo. Le conté a la señora Schaeffer lo que él había dicho. Ella solo negó con la cabeza y gritó escaleras arriba: “¡Fran, escucha lo que ese tonto, Bob, le dijo a estos dos!”. La amé en ese instante. ¡Era genuina!
En los años siguientes leí la mayoría de sus libros y llegué a quererla cada vez más. Me enseñó sobre la belleza del hogar y la familia. Mostró con su ejemplo las maravillosas y poderosas virtudes de la hospitalidad cristiana. Y, además, era una buena teóloga por mérito propio.
Creo que su Bird’s Eye View of the Bible [Vista a vuelo de pájaro de la Biblia] no tiene igual en cuanto a su presentación concisa y accesible de la teología bíblica. Su versión más extensa de lo mismo, Christianity is Jewish [El cristianismo es judío], es uno de los libros más útiles que he leído. En otras palabras, ella y su esposo presentaban el evangelio comenzando desde el inicio de la verdad de Dios, en Génesis, y siguiendo la historia hasta su fin (y nuevo comienzo) en Apocalipsis. Estoy convencida de que, junto con su propio encanto personal, esa es la razón por la cual tantas personas se convirtieron bajo su ministerio. ¿Buscaban tomar cautivos y destruir fortalezas intelectuales mundanas? Sí, ciertamente. Pero siempre con el fin de abrir camino para aquel hermoso evangelio que ella (ellos) presentaban luego de manera tan magnífica y sencilla.
Entonces, ¿qué puedo decir? Estoy en deuda con ella ahora y para siempre. Fue una fiel madre en Israel, y yo soy una de las muchas que se levantan para llamarla bienaventurada.

Si nunca has leído una biografía de los Schaeffer, permíteme sugerirte que lo hagas ahora. Francis and Edith Schaeffer (recurso en inglés) de L. G. Parkhurst está escrito para un público joven y cuesta solo $3.99 en Kindle y Francis Schaeffer: una vida auténtica de Colin Duriez es una excelente obra y más extensa.
Puedes leer la despedida de Frank Schaeffer a su madre aquí. (Disponible solo en inglés).
Publicado originalmente en Challies.