Agosto 14
“Cuando Dios vio sus acciones, que se habían apartado de su mal camino, entonces Dios se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo”. Jonás 3:10
La Biblia deja claro que Dios es inmutable. Al mismo tiempo, el libro de Jonás afirma que Él puede —y de hecho así lo hace— cambiar Su actitud hacia las personas y Su manera de tratarlas. ¿Cómo podemos entender esta aparente contradicción?
Vemos esta tensión en otras partes de la Escritura. En Su trato con el rey Saúl, por ejemplo, Dios dijo: “Me arrepiento de haber hecho rey a Saúl, pues se ha apartado de Mí y no ha llevado a cabo Mis instrucciones” (1S 15:11, NVI). Pero unos versículos más adelante se nos dice: “la Gloria de Israel no miente ni cambia de parecer, pues no es hombre para que se arrepienta” (v. 29, NVI). Parece que Dios se arrepiente de Su decisión, pero luego leemos que no se arrepiente.
Sin embargo, no hay ninguna incoherencia final entre estos dos modos de expresión. Cuando se dice que Dios se arrepiente o cambia de opinión, el lenguaje descriptivo es una acomodación a nuestra perspectiva humana finita. Parece que ha habido un cambio en Dios, pero lo que realmente ha cambiado es nuestra conducta. Simplemente, Saúl ya no era el hombre que había sido antes. Se había vuelto obstinadamente desobediente, y Dios respondió a ese cambio de circunstancias de una manera totalmente coherente con Su carácter. Del mismo modo, en respuesta a la predicación de Jonás, los ninivitas cambiaron su conducta, esta vez, en la dirección opuesta: se apartaron del mal. Dios está siempre en contra del pecado y a favor del arrepentimiento y la fe; Su carácter no cambia. Sus advertencias tienen por objeto alertar a los descarriados y llevarlos al arrepentimiento, y si hay arrepentimiento, Dios responde en consecuencia.
Solo porque Dios responde de esta manera, el pecador que cree en Jesús puede conocer la aprobación de Dios. Dado que “Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos” (Heb 13:8), podemos saber que cuando nos acercamos con arrepentimiento y fe semejante a la de un niño, Dios nos recibe con compasión y misericordia. Esa es Su naturaleza, y no cambiará. Desde nuestra perspectiva, puede parecer que Él ha cambiado de opinión, pero Dios siempre permanece fiel a cada palabra que ha pronunciado. En un mundo que siempre está cambiando y en el que incluso los mejores de nosotros no siempre podemos mantener nuestra palabra, aquí hay un buen fundamento para tu confianza y gozo hoy.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
