Agosto 6
“¿Piensan que vine a dar paz en la tierra? No, les digo, sino más bien división”. Lucas 12:51
¿Vino Jesús a traer paz a la tierra, como cantaron los ángeles en la primera Navidad (Lc 2:14)? ¿O vino a traer división, como Él mismo anuncia aquí? Sí.
Reconozcamos primero la aparente contradicción. La forma en que Jesús responde aquí a Su propia pregunta —“¿Piensan que vine a dar paz en la tierra? No”— parece incompatible tanto con la declaración de los ángeles como con la instrucción de Jesús a Sus seguidores de ser pacificadores (Mt 5:9). De hecho, parece que Jesús está refutando el énfasis de todo Su ministerio terrenal al asociarse con la división y la discordia. Entonces, ¿cómo podemos conciliar las afirmaciones de Jesús de que traería tanto paz como división?
Lo que Jesús quiso decir cuando habló de traer división está directamente ligado a la obra que realizó para efectuar la paz. En otras palabras, cuando comprendemos la buena noticia —que “al que no conoció pecado, [Dios] lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él” (2Co 5:21)— ya no podemos ser los mismos. Es una obra demasiado magnífica para que resulte en apatía.
Cuando somos renovados en lo más profundo, todo en nosotros cambia: nuestros valores, nuestro enfoque, nuestro propósito, nuestros sueños. Ahora estamos en paz con nuestro Creador, y podemos vivir en paz con nosotros mismos. Pero, tarde o temprano, esta transformación resultará divisiva. Al compartir, hablar y vivir el milagro de nuestra reconciliación con Dios, nos encontraremos con el desprecio, la hostilidad y el juicio, a veces incluso de los que están en nuestra propia casa, como advirtió Jesús (Lc 12:52-53).
La venida de Jesús para traer paz puso al descubierto la división y el conflicto entre el Creador y Sus criaturas portadoras de Su imagen que habían existido desde que Adán y Eva se rebelaron por primera vez. Tus palabras y acciones, dirigidas por los mandatos del cielo y no por los caminos de este mundo, pondrán al descubierto esa misma división. Para muchos de nosotros, la división causada como resultado de la confianza en Cristo es una realidad difícil y dolorosa en esta vida.
Sin embargo, hay gran esperanza para todos nosotros: el objetivo final de Jesús no es la división, sino la armonía. La Biblia es absolutamente clara en cuanto a que el Príncipe de Paz reinará un día eternamente. Mientras tanto, no te hagas ilusiones: seguir a Jesús tiene un costo, un costo que puedes, por el poder de Su Espíritu, pagar con gozo al arriesgarte a la división para mantener la oferta divina de paz.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
