Agosto 4
A los que predestinó, a esos también llamó. A los que llamó, a esos también justificó. A los que justificó, a esos también glorificó (Romanos 8:30).
Entre la eternidad pasada en la predestinación de Dios y la eternidad futura en la glorificación de Dios, nadie está perdido.
Nadie que ha sido predestinado para ser hijo de Dios dejará de ser llamado. Nadie ha sido llamado dejará de ser justificado. Y nadie que ha sido justificado dejará de ser glorificado. Esa es la cadena inquebrantable de la fidelidad de Dios a Su pacto.
Por eso, Pablo dice:
Estoy convencido precisamente de esto: que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús (Filipenses 1:6).
Él también los confirmará hasta el fin, para que sean irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por medio de quien fueron llamados a la comunión con Su Hijo Jesucristo, nuestro Señor (1 Corintios 1:8-9).
Estas son las promesas de nuestro Dios, quien no puede mentir. Aquellos que son nacidos de nuevo están tan seguros como que Dios es fiel.
Devocional tomado del sermón “Eternal Security Is a Community Project”.
