Julio 25
“A Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor”. 2 Timoteo 1:2
La manera en la que Pablo se dirige a Timoteo en sus cartas es asombrosa. Él no se distancia de este joven; en cambio, se refiere a él como su “amado hijo”, como su “hijo amado y fiel en el Señor” y como “colaborador” en la proclamación del evangelio (2Ti 1:2; 1Co 4:17; Ro 16:21).
Al principio, podríamos pensar que Timoteo no era el receptor adecuado de estas palabras y cartas de Pablo, al menos no desde una perspectiva humana. No era fuerte ni maduro, sino relativamente joven, físicamente débil y tímido por naturaleza… un muchacho reservado que debió haber parecido inexperimentado para lo que estaba haciendo. Cuando se ponía nervioso, le afectaba a su estómago (1Ti 5:23). No era un candidato de alto calibre. Sin embargo, en realidad esto no es inusual. Así somos la mayoría de los creyentes. Así somos tú y yo.
Y, no obstante, Timoteo era un hombre de Dios.
Y era un hombre de Dios porque Él lo había elegido. Dios se deleita en escoger a hombres y a mujeres (incluyendo a los que parecen jóvenes, débiles por naturaleza, físicamente frágiles o reservados) y en decir: Esto es lo que tengo para ti. Eres Mi siervo elegido para la tarea que te he dado.
El evangelista del siglo dieciocho, George Whitefield, fue usado por Dios para conducir a decenas de miles a una fe salvadora. Sin embargo, a menudo se sentía abrumado al pensar en su propio ministerio. En una ocasión, mientras se dirigía a predicar en la capilla de la Torre de Londres, Whitefield narra: “Mientras subía las escaleras, casi todos parecían burlarse de mí por causa de mi juventud, pero pronto se tornaron serios y atentos en extremo”.¹ ¿Por qué la reacción de sus oyentes cambió? La respuesta es sencilla: Whitefield, tal como Timoteo, era un hombre escogido por Dios.
¡Cómo debió Timoteo de haber recibido el saludo de Pablo que le recordaba sus recursos! Dios había redimido y nombrado a Timoteo, y Dios le supliría gracia para las pruebas, misericordia para sus fallas y paz para enfrentar peligros y dudas.
¿Qué necesitamos tú y yo hoy? Exactamente lo que Timoteo necesitaba: gracia, misericordia y paz. Todo lo que estaba disponible para Timoteo lo está también para nosotros. Así que puedes descansar en Dios y en las provisiones que Él ha hecho a tu favor en Cristo. Sus recursos son suficientes para suplir todas tus necesidades y lograr toda tarea que Él te llame a realizar.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
