Buen día. En algún momento hemos hablado sobre la soberanía de Dios. Por ejemplo: ¿Su soberanía en la salvación lo convierte en injusto? ¿Su soberanía absoluta debería hacernos menos devotos, ya que podemos simplemente entregarle todas las cosas a Él? Con esa misma idea, hoy hablaremos acerca de la soberanía de Dios sobre nuestro sufrimiento. Justo de eso es que Bridget quiere detenerse y reflexionar más profundamente. Aquí está su correo electrónico.
“Pastor John, le saludo desde Nueva Zelanda. Durante muchos años he pensado, como creo que hacen muchos cristianos, que Dios impediría que el dolor entrara en la vida de Sus hijos si pudiera. Pero en realidad no puede impedirlo todo. O simplemente permite que parte de él pase. Ya sea porque es impotente o pasivo, nosotros sufrimos. Por eso le pedimos Su liberación, y Él finalmente nos ayuda”.
“Pero cuando leo un versículo como Salmo 71:20, me llama la atención que parece decir que el mismo Dios que causó ese sufrimiento, es el mismo Dios al que el salmista tiene confianza para orar pidiendo liberación de ese sufrimiento. Aquí está el versículo completo: ‘Tú que me has hecho ver muchas angustias y aflicciones, me volverás a dar vida, y me levantarás de nuevo de las profundidades de la tierra’”.
“¿Puede explicar este versículo y lo importante que es para nosotros ver la soberanía de Dios sobre nuestro sufrimiento como la base de nuestra confianza en que Él es lo suficientemente poderoso como para liberarnos también? Esto parece profundamente importante y tan contrario a lo que yo y muchos otros cristianos decimos naturalmente sobre el sufrimiento. Pero lo veo ahí, en la Biblia. ¡Gracias!”.
Sí, es profundamente importante. A lo largo de los años, al leer la Biblia y al tratar con personas que sufren, he llegado a la misma conclusión en ambos casos: que la soberanía de Dios sobre el sufrimiento es una mejor noticia que Su supuesta incapacidad para eliminarlo o Su supuesta crueldad al no hacerlo. En otras palabras, lo que he descubierto es que la Biblia no solo enseña que Dios gobierna todas las cosas, incluidos nuestros sufrimientos, sino también que aquellos que confían en Su bondad y sabiduría en esa soberanía encuentran la mayor fortaleza e incluso gozo en las temporadas más difíciles de la vida.
Así pues, permíteme decir unas palabras de las Escrituras sobre la soberanía de Dios sobre nuestros sufrimientos y luego trataré de establecer la conexión con por qué eso es alentador, por qué es una buena noticia para aquellos que confían en Su bondad y sabiduría en medio de sus penas.
Soberanía total
Dios declara en Isaías 46:9-10: “Yo soy Dios, y no hay otro; Yo soy Dios, y no hay ninguno como Yo… Yo digo: ‘Mi propósito será establecido, y todo lo que quiero realizaré’”. Por tanto, ninguno de Sus propósitos se ve frustrado. Él es Dios. Pablo lo expresó así: “[Dios] obra todas las cosas conforme al consejo de Su voluntad” (Ef 1:11). “Ni un gorrión”, dijo Jesús, “ni un solo pajarito en ninguna parte del mundo cae a tierra sin la voluntad de nuestro Padre” (ver Mt 10:29). Los dados se lanzan sobre la mesa y ¿qué sucede?, cómo Proverbios 16:33 dice: “La suerte se echa en el regazo; pero del Señor viene toda decisión” (Pro 16:33). Cada vez que mi esposa y yo metemos la mano en la bolsa de letras para jugar al Scrabble, Dios decide qué letras sacamos. Así de detallada es Su soberanía, según la Biblia.
Lamentaciones 3:37-38 pregunta: “¿Quién es aquel que habla y así sucede, a menos que el Señor lo haya ordenado? ¿No salen de la boca del Altísimo tanto el mal como el bien?”. Es decir, la prosperidad y la calamidad provienen todas de Dios. Santiago que no nos jactemos como si supiéramos lo que sucederá mañana (ver Stg 4:13-14). “Más bien, debieran decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello” (Stg 4:15). Seguir con vida, hacer esto o aquello, será decidido en última instancia por el Señor, no por nosotros ni por Satanás.
Hebreos 12:6 y 11 dice: “El Señor al que ama disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo… Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia”. Veamos Salmo 60:3: “Cosas duras has hecho ver a Tu pueblo; nos has dado a beber vino embriagador”. También Salmo 66:10-11: “Porque Tú nos has probado, oh Dios; nos has refinado como se refina la plata. Nos metiste en la red; carga pesada pusiste sobre nuestros lomos”. Y fue Dios quien le dio a Pablo su espina en la carne para protegerlo del orgullo (2Co 12:7).
Hay una razón por la que mi libro Providencia tiene más de setecientas páginas. Ese es el tiempo que se necesita para siquiera acercarse a exponer la inmensidad del fundamento bíblico de la soberanía de Dios, que lo impregna todo, lo gobierna todo, es totalmente sabia, nunca carece de sentido, nunca es caprichosa, nunca es aleatoria, nunca es injusta, siempre tiene un propósito y siempre es buena.
Tú “me levantarás”
Y aquí está la maravillosa verdad que Bridget, acertadamente, extrae del Salmo 71: que la misma soberanía que nos trae sufrimientos es la misma soberanía que nos permite confiar en que Dios puede salvarnos en nuestros sufrimientos y de nuestros sufrimientos, según Sus sabios y amorosos propósitos. El salmo dice: “Tú que me has hecho ver muchas angustias y aflicciones, me volverás a dar vida, y me levantarás de nuevo de las profundidades de la tierra” (Sal 71:20).
En otras palabras, debido a que en última instancia no fui yo, ni las fuerzas naturales, ni la oposición satánica, ni los males de los adversarios humanos los que me hicieron ver muchas aflicciones y calamidades, sino que fuiste Tú, oh Dios, mi Padre, mi Padre omnisciente, amoroso y todopoderoso, por tanto, tengo todas las razones para confiar en que el mismo poder, amor y sabiduría me sacarán de esas aflicciones según Tu promesa.
Por tanto, creo que debemos pensar de esta manera: si Dios no tiene el poder, la sabiduría, el derecho o el amor para frenar las fuerzas naturales mortales, las fuerzas humanas hostiles o las fuerzas satánicas destructivas, si no tiene los medios para impedir que te hagan daño, ¿sobre qué base vas a confiar en que te dará resistencia en los sufrimientos, o te aliviará del dolor de esta vida, o te dará la felicidad definitiva en la era venidera? Si esperas una eternidad sin dolor con Dios (como yo), entonces en algún momento esperas que Dios juegue la carta de la soberanía y diga a las fuerzas naturales, humanas y satánicas: “¡Basta! ¡Ya basta!”.
Lo que enseña la Biblia es que la soberanía no es una carta que Él juega al final. No es una carta en absoluto. Es un derecho, una autoridad y un poder que pertenece a Su propia divinidad y que siempre está ahí, siempre activo.
Por eso miles de personas han descubierto que la soberanía de Dios sobre su sufrimiento es una realidad preciosa, porque significa que ninguno de nuestros sufrimientos carece de sentido, ninguno se debe a la debilidad de Dios, a la locura de Dios o a la crueldad de Dios, sino que todos se deben a los propósitos sabios, amorosos y santos de Dios para aquellos que confían en Su bondad en medio del sufrimiento. Y el mismo poder, sabiduría y amor que gobierna nuestras penas ahora es el mismo poder que nos liberará en el momento oportuno según Dios.
Permíteme terminar con Lamentaciones 3:31-32 (me encanta cómo lo expresa Jeremías): “El Señor no rechaza para siempre, antes bien, si aflige, también se compadecerá según Su gran misericordia”. Por tanto, es la misma soberanía la que causa dolor y la que muestra compasión.
Publicado originalmente en Ask Pastor John, episodio 2031.
