Junio 3
Abraham… se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, estando plenamente convencido de que lo que Dios había prometido, poderoso era también para cumplirlo (Romanos 4:20-21).
Pablo tiene en mente una razón especial al decir que la fe glorifica la gracia venidera de Dios. Dicho de forma sencilla, esta fe que glorifica a Dios es una confianza con miras hacia el futuro en la integridad, el poder y la sabiduría de Dios para cumplir todas Sus promesas.
Pablo ilustra esta fe recordándonos la respuesta de Abraham a la promesa de Dios de que sería padre de muchas naciones, a pesar de que él era anciano y su esposa estéril (Romanos 4:18). “Abraham creyó en esperanza contra esperanza”, es decir, tuvo fe en la gracia venidera de la promesa de Dios, a pesar de todas las evidencias humanas que indicaban lo contrario.
Y sin debilitarse en la fe contempló su propio cuerpo, que ya estaba como muerto puesto que tenía como cien años, y también la esterilidad de la matriz de Sara. Sin embargo, respecto a la promesa de Dios, Abraham no titubeó con incredulidad, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, estando plenamente convencido de que lo que Dios había prometido, poderoso era también para cumplirlo (Romanos 4:19-21).
La fe de Abraham fue una fe en la promesa de Dios de hacerlo padre de muchas naciones. Esta fe glorificó a Dios porque estaba centrada en todos los recursos omnipotentes y sobrenaturales de Dios que eran necesarios para cumplir la promesa.
Abraham era demasiado viejo para tener hijos, y Sara era estéril. No solo eso: ¿cómo un hijo o dos podrían llegar a ser la multitud de naciones que Dios le había dicho a Abraham que le daría por descendencia? Todo parecía totalmente imposible.
Por tanto, la fe de Abraham glorificó a Dios porque él estaba plenamente convencido de que Dios podía hacer lo imposible, y de hecho lo haría.
