Mayo 26
Rogamos que ustedes sean fortalecidos con todo poder según la potencia de Su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia, con gozo (Colosenses 1:11).
“Fortalecidos” es la palabra apropiada. El apóstol Pablo oraba por la iglesia de Colosas para que sus miembros fueran “fortalecidos con todo poder según la potencia de Su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia” (Colosenses 1:11). La paciencia es la evidencia de la fortaleza interna.
Las personas impacientes son débiles y, por tanto, dependen de puntos de apoyo externos tales como horarios que se cumplan al minuto y circunstancias que sostengan su frágil corazón. Los arrebatos de juramentos, amenazas y duras críticas dirigidos a las personas que interfieren en sus planes no suenan débiles. Pero todo ese ruido es un camuflaje para sus debilidades. La paciencia exige una tremenda fortaleza interna.
Para el creyente, esta fortaleza viene de Dios. Por eso Pablo oraba por los colosenses. Le pedía a Dios que los fortaleciera para que tuvieran la paciencia y la perseverancia que exige la vida cristiana. Pero cuando dice que la fortaleza de la paciencia es “según la potencia de [la] gloria [de Dios]”, no solo quiere decir que hacer que una persona sea paciente requiere de poder divino. Quiere decir que la fe en este “poder glorioso” es el canal mediante el cual viene el poder para tener paciencia.
La paciencia es un fruto del Espíritu Santo (Gálatas 5:22), pero el Espíritu Santo fortalece (con todo Su fruto) “por el oír con fe” (Gálatas 3:5). Por tanto, la oración de Pablo es que Dios nos conecte con el “poder glorioso” que fortalece con paciencia. Esa conexión es la fe.
