Mayo 23
Si alguien viene a Mí, y no aborrece a su padre y madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no puede ser Mi discípulo. El que no carga su cruz y me sigue, no puede ser Mi discípulo (Lucas 14:26-27).
Jesús no se avergüenza ni tiene temor de decirnos a la cara lo “peor”, el doloroso costo de ser cristianos: aborrecer a la familia (versículo 26), cargar una cruz (versículo 27) y renunciar a nuestros bienes personales (versículo 33). No hay letra pequeña en el pacto de la gracia. Todo está escrito en letra grande y resaltada. ¡No hay gracia barata! ¡Es muy costosa! Ven, y sé Mi discípulo.
Por el contrario, Satanás esconde lo peor y muestra solo lo mejor. Lo único que realmente importa en el trato con Satanás está en letra pequeña en la última página.
En la primera página se lee en letra grande y llamativa: “Ciertamente no morirán” (Génesis 3:4) y: “Todo esto te daré, si te postras y me adoras” (Mateo 4:9). Sin embargo, en la última página y en letra pequeña tan pequeña que solo se puede leer bajo la lupa de las Escrituras se lee: “Y después de disfrutar de los placeres triviales, sufrirás conmigo para siempre en el infierno”.
¿Por qué Jesús está dispuesto a mostrarnos lo “peor” así como lo mejor de Él, mientras que Satanás solo nos muestra lo mejor? Matthew Henry responde: “Satanás muestra lo mejor que tiene, pero oculta lo peor, porque no puede compensar lo peor con lo mejor; sin embargo, Cristo sí lo compensa de manera abundante”.
El llamado de Jesús no es solo un llamado al sufrimiento y al sacrificio; en primer lugar, es la invitación a un banquete. Esto es lo que enseña la parábola de Lucas 14:16-24. Jesús también promete una resurrección gloriosa en la que todas las pérdidas de esta vida serán recompensadas (Lucas 14:14). También nos dice que nos ayudará a soportar las pruebas (Lucas 22:32) y que nuestro Padre nos dará el Espíritu Santo (Lucas 11:13). Promete que incluso si nos matan por causa del reino, “ni un cabello de [nuestra] cabeza perecerá” (Lucas 21:18).
Esto significa que cuando nos sentemos a calcular los costos de seguir a Jesús, cuando pongamos en la balanza lo “peor” y lo “mejor”, llegaremos a la conclusión de que Cristo lo vale. Él es absolutamente digno (Romanos 8:18; 2 Corintios 4:17).
No sucede lo mismo con Satanás. “El pan obtenido con falsedad es dulce al hombre, pero después [la] boca se llenará de grava” (Proverbios 20:17).
