Mayo 23
«[Él] comenzó a gritar y a decir: ‘¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!’. Y muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba mucho más: ‘¡Hijo de David, ten misericordia de mí!’. Jesús se detuvo y dijo: ‘Llámenlo'».Marcos 10:47-49
Alrededor del hombre ciego, la Pascua se acercaba y la multitud crecía. Había un sentimiento de anticipación. Para la mayor parte de la muchedumbre, no había tiempo para detenerse, ciertamente no por los eternos mendigos que yacían alrededor de las puertas de la ciudad. Estaban siempre allí, conocidos para todos en las afueras de Jericó. Muchos de entre la multitud probablemente habían visto a este hombre, Bartimeo, tan a menudo que ya ni siquiera lo notaban.
La gente estaba tan absorta con Jesús que Bartimeo probablemente era visto simplemente como una terrible inconveniencia. La reacción de ellos a sus clamores por misericordia (reprenderlo e intentar callarlo) sugiere que creían que este miembro marginado de la sociedad claramente no podía contribuir de ninguna manera útil a lo que Jesús estaba haciendo. Sin embargo, al buscar silenciarlo, se convirtieron en una barrera a la misión de Jesús, de Aquel a quien decían estar siguiendo y cuya causa decían estar obedeciendo.
Pero este ciego en particular no solo tenía un interés pasajero en Jesús, así que siguió clamando a Él. El relato de Marcos demuestra la perfecta compasión de Cristo con una frase sencilla: «Jesús se detuvo»; tres palabras de gracia. ¿Puedes imaginar la reacción de la muchedumbre cuando Jesús dijo a la gente que había estado reprendiendo al hombre: «Llámenlo»? Eso de seguro les hizo avergonzarse, aunque sea un poco, ¡y con razón!
Tal vez hay gente en tu vida por quienes te cuesta trabajo orar. Quizá son gente que simplemente te gustaría reprender o ignorar. Probablemente solo no quieres lidiar con la inconveniencia que representan. Podría parecerte incómodo invitarlos a la iglesia, sentarte con ellos, comer con ellos y participar en su vida. Es problemático y requiere tiempo y esfuerzo. Preferirías que estas personas escuchen el evangelio por alguien más. Es demasiado fácil que nuestra mentalidad se deteriore hasta este punto sin notarlo, pero, cuando lo hacemos, nos volvemos exactamente como la multitud: una barrera para que la gente conozca a su Salvador. Jesús nos dice: No los reprendas; llámalos. Esta es precisamente la razón por la que vine.
Que Dios nos perdone cuando, como la multitud, nos llenamos de indignación cuando alguien que está clamando por Su misericordia interfiere con nuestros planes y nos incomoda. Solo Cristo puede hacer la obra de abrir los ojos de los ciegos, pero Él nos ha dado la responsabilidad y el privilegio de proclamar estas palabras: «Ten ánimo… Él te está llamando».
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
