Mayo 14
«No me llamen Noemí, llámenme Mara, porque el trato del Todopoderoso me ha llenado de amargura. Llena me fui, pero vacía me ha hecho volver el Señor». Rut 1:20-21
Cuando Noemí regresó a Belén, dejando atrás las tumbas de su esposo y de sus hijos en Moab, solo podemos imaginarnos el dolor y la aflicción que experimentó al regresar a lugares y rostros tan conocidos. ¿Qué pensamientos y recuerdos le vinieron a la mente? Ah, esa debe ser la señora Fulanita, y esos deben ser sus hijos. ¡Cuánto han crecido! Allí es donde solía llevar a los niños. Allá es donde Elimelec y yo solíamos salir a caminar…
A medida que la amargura de la situación comenzó a incrementarse, Noemí, cuyo nombre significa «placentera», decidió que un nombre más adecuado para ella era Mara, que significa «amarga». Ella no intentó fingir que los retos de la vida no existían ni convencer a los demás de que todo iba bien. Hacer eso habría sido deshonesto, una traición a la teología que sostenía su fe entre lo que el escritor de himnos, William Cowper, llamó «una providencia de ceño fruncido».¹
La situación de Noemí nos demuestra que, aun para el pueblo de Dios, algunas aflicciones de la vida parecerán insoportables, algunas circunstancias parecerán injustas y algunas preguntas permanecerán sin respuesta. Su reacción nos mueve a preguntarnos: ¿qué haremos cuando la aflicción impacte nuestra propia vida? El sufrimiento es un problema para el creyente, pero no menos para todos los demás. Todos deben luchar con el problema del dolor. Un ateo no puede hacerlo satisfactoriamente porque, si no existe Dios, solo viviríamos en un universo de azar, donde todo sucede porque sí. En cambio, el cristiano puede preguntar (de hecho, debe preguntar): «¿Dónde está Dios en esto?».
La expresión honesta de emoción por parte de Noemí corresponde con su teología. Ella no atribuye lo que ha sucedido al azar, sino que reconoce la obra de la mano de Dios. Ella declara que Dios es justo en medio de su sufrimiento; lo llama Shaddai, «Todopoderoso», el Dios proveedor que protege. ¿Qué significa Shaddai? Es el atributo de Dios que significa que Él está en Su mejor forma cuando nosotros estamos en nuestro peor momento.² Noemí había experimentado hambruna, pérdida, luto, dudas y despedidas, pero ya que conocía a Dios como Shaddai, podía dejarle a Él la explicación y la responsabilidad de estas pruebas tan amargas.
¿Adónde volteas cuando las olas golpean, cuando las llantas se salen del camino, cuando todo se pone de cabeza? Debe ser a tu conocimiento de quién es Dios y de cómo trata con Su pueblo. Este es un fundamento seguro sobre el cual puedes permanecer firme. ¿Adónde más puedes ir?
Cuando Noemí abandonó Belén, había hambruna. Cuando regresó, había cosecha. En medio de las nubes de la aflicción, la luz de la esperanza comenzó a verse cuando el escenario se acomodaba para que Dios proveyera de manera abundante para Noemí y para Rut. Cuando Dios trabaja, incluso la desesperanza puede ser la puerta de entrada para nuevos comienzos y nuevas oportunidades. Un día, Él hará que toda oscuridad desaparezca. Dios es tu Shaddai. ¿En qué parte de tu vida necesitas escuchar esto hoy? Y ¿quiénes a tu alrededor necesitan que les compartas esto?
1 William Cowper, «God Moves in a Mysterious Way» [«Dios se mueve de maneras misteriosas»] (1774).
2 Alec Motyer, A Scenic Route Through the Old Testament [Una ruta escénica por el Antiguo Testamento], 2da ed. (IVP UK, 2016), cap. 3.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
