El Dios de lo ordinario

Dios se mueve en lo ordinario: en el canto de un ave, en una conversación con un amigo, en una cosecha de cebada. Él conoce, cuida, sustenta y provee.
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Mayo 13

«Y volvió Noemí, y con ella su nuera Rut la moabita, regresando así de los campos de Moab. Llegaron a Belén al comienzo de la siega de la cebada». Rut 1:22

¿Alguna mañana mientras lees, miras o escuchas las noticias te has sentido muy, muy pequeño? ¿Alguna vez te has preguntado si Dios sabe quién eres o dónde estás? ¿O qué interés pudiera tener Él, el Creador de todo, en ti?

Tú y yo somos muy ordinarios y con facilidad podemos creer que «ordinario» significa «inútil». Sin embargo, la historia de Rut y de Noemí revela algo muy diferente. En ella, descubrimos la mano soberana y providencial de Dios obrando en y a través de las rutinas de la vida. Él conoce, cuida, sustenta y provee.

El relato del libro de Rut sobre la provisión de Dios y Su cuidado comienza con un error. Elimelec tomó la fatídica decisión de abandonar la hambrienta ciudad de Belén para vivir en la próspera Moab con su esposa Noemí y sus dos hijos, pero tanto él como ellos murieron allí.

Ya sea que la motivación de Elimelec haya sido desesperación, descontento o desconfianza, la Escritura ilustra mediante su decisión que nuestra necedad no puede truncar la providencia de Dios. Incluso cuando respondemos a las circunstancias con una actitud incorrecta, cuando nos alejamos, figuradamente, de la tierra de la promesa de Dios, aún así Él puede cumplir Sus propósitos. Cuando nos vemos tentados a temer que Dios haya pasado por alto nuestra vida por causa de nuestros errores, podemos descansar en Su providencia que puede obrar a través de nuestras mayores (o menores) equivocaciones.

¿Alguna vez has visto a Dios moverse en los momentos ordinarios de la vida? ¿Alguna vez lo has visto trabajar mediante tus errores? ¿O te has tragado la mentira de que Dios solo obra de maneras espectaculares y extraordinarias, o a través de nuestros momentos de mayor obediencia?

Cuando buscamos solo lo extraordinario, nos perdemos de la gloria de Dios en lo ordinario: en un tazón de manzanas sobre la mesa, en una comida bien preparada, en el canto de un ave, en una conversación con un amigo, en la luna que brilla entre las nubes en el cielo nocturno. Cuando asumimos que Dios solo trabaja cuando somos buenos, nos perdemos de la gracia de Dios en el pecador: a través de alguna conversación sobre Cristo con un vecino, en el arrepentimiento de un padre con su hijo después de haberle hablado con impaciencia, en una oración por alguien más en medio de una noche de insomnio causado por nuestra ansiedad. Para Rut y Noemí, un campo de cebada listo para la siega era, en un sentido, una vista muy ordinaria, pero en verdad les declaraba la provisión de Dios. En su historia, hubo errores y aflicción, pero la cosecha de cebada les demostraba que Dios conoce, cuida, sustenta y provee.

Dios no ha cambiado. Aunque Él cuida de todo el universo, Él voltea Su mirada sobre ti y sobre mí y dice: Te conozco. Tu nombre está escrito en las palmas de Mis manos. Y tan cierto como cuidé de Noemí y de Rut, cuidaré de ti también (ver Is 49:16). Dios es quien sustenta y guía a Sus hijos. Que saber eso consuele tu corazón y te traiga paz hoy, sin importar lo ordinario que pueda ser tu día.


Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios

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Alistair Begg

Alistair Begg is the senior pastor of Parkside Church in Cleveland, Ohio, the Bible teacher at “Truth For Life,” and the author of Brave by Faith: God-Sized Confidence in a Post-Christian World. He is married to Susan, and together they have three grown children and five grandchildren.

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