Marzo 26
“Consérvense en el amor de Dios, esperando ansiosamente la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna”. Judas 21
Aunque Dios tiene todo el poder para guardarte “sin caída” y hacer que perseveres en la fe (Jud 24), aun así, te llama a un papel activo en tu perseverancia cristiana; es decir, a conservarte en Su amor.
Buscar de todo corazón el amor de Dios debería ser una constante en nuestra vida. ¡Por eso, la Biblia tiene mucho que decirnos sobre él! No es posible vivir dormido la vida cristiana; nuestra fe no se fortalece por sí misma. Entonces, ¿qué significa conservarnos en el amor de Dios?
Primero, la Escritura nos enseña que, para perseverar en nuestro amor por Dios, debemos mantener una actitud de odio hacia todo pecado (ver Pro 8:13; Sal 97:10; Ro 12:9). Comienza a jugar con tu pecado, anímalo o permítete entusiasmarte por él y tu amor por Dios inevitablemente se estropeará.
Segundo, podemos fomentar nuestro amor por Dios al deleitarnos en las ordenanzas que Él le ha dado a la iglesia. Jesús instituyó la comunión, por ejemplo, como un medio para comunicarse con nosotros de manera específica, mostrándose a Sí mismo para que nosotros podamos conocer Su amor y podamos amarlo también. Es imposible mantener una relación sana con Dios y, al mismo tiempo, apartarnos de los medios de gracia que Él ha establecido.
Tercero, necesitamos recordar que conservarnos en el amor de Dios no solo es una búsqueda individual, sino también un proyecto colectivo. Venimos a Cristo como individuos, pero no vivimos en Él solos. Somos como piedras vivas; somos edificados como casa espiritual para ser un sacerdocio santo de creyentes (1P 2:5). Cultivar amistades profundas y honestas con otros que aman a Dios nos ayuda a nosotros a amar a Dios. Las relaciones pocas veces son neutrales. Si deseamos crecer en nuestra fe, debemos buscar la compañía de amigos piadosos.
Crecer en nuestra fe demanda acción y rendición de cuentas, pero también paciencia a medida que esperamos “la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna”. Fuimos diseñados para buscar una relación creciente con nuestro Padre celestial, para apartarnos del pecado y disfrutar de Sus dones junto con otros que tienen una nueva naturaleza y en quienes mora el Espíritu Santo, mientras aguardamos la redención de nuestro cuerpo y el cumplimiento perfecto de los propósitos de Dios (Ro 8:23).
Por lo tanto, “ocúpense en su salvación con temor y temblor. Porque Dios es quien obra en ustedes” (Fil 2:12-13). Nosotros no nos ocupamos para obtener la salvación, pero sí nos ocupamos en ella, en todas las áreas de nuestra vida. ¿Contra qué pecado debes luchar? ¿De qué manera debes buscar fomentar alguna amistad cristiana profunda? Consérvate en el amor de Dios.
Devocional tomado del libro Verdad para Vivir: 365 devocionales diarios
