Enero 9
Y después de que hayan sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, que los llamó a Su gloria eterna en Cristo, Él mismo los perfeccionará, afirmará, fortalecerá, y establecerá (1 Pedro 5:10).
Algunas veces, en medio de las aflicciones y los problemas de la vida diaria, clamamos y decimos: “¿Hasta cuándo, oh Señor? No puedo ver más allá del dolor de hoy. ¿Qué vendrá mañana? ¿Estarás también presente en ese padecimiento?”.
Esta pregunta es sumamente importante porque Jesús dijo: “el que persevere hasta el fin, ese será salvo” (Marcos 13:13). Nos estremecemos al pensar que podríamos estar entre “los que retroceden para perdición” (Hebreos 10:39). Esto no es un juego. El sufrimiento es una amenaza terrible a la fe en la gracia de Dios para el futuro.
Por tanto, es maravilloso escuchar la promesa de Pedro para los cristianos afligidos y cansados: “Y después de que hayan sufrido un poco de tiempo, el Dios de toda gracia, que los llamó a Su gloria eterna en Cristo, Él mismo los perfeccionará, afirmará, fortalecerá, y establecerá” (1 Pedro 5:10).
La seguridad de que Él no tardará más allá de lo que podamos soportar y de que acabará con las fallas por las que nos lamentamos y de que establecerá para siempre lo que ha estado tambaleando por tanto tiempo, esa seguridad viene de “toda gracia”.
Dios no es un Dios de un poco de gracia, como la gracia pasada. Él es el Dios de “toda gracia”, incluyendo los infinitos e inagotables depósitos de gracia para el futuro.
La fe en esa gracia es la clave para perseverar en el camino arduo y angosto que lleva a la vida.
