Febrero 5
Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma (Hebreos 10:39).
No mires el costo temporal del amor y pierdas la confianza en las promesas infinitamente superiores de Dios. Si te echas atrás, no solo perderás las promesas, sino que serás destruido.
Acá está en juego el infierno, no solo la pérdida de algunas recompensas extra. Hebreos 10:39 dice que “nosotros no somos de los que retroceden para perdición”. Eso significa juicio eterno.
Por eso, nos advertimos unos a otros: No te desvíes. No ames al mundo. No empieces a pensar que no hay nada importante en juego. Teme la terrible perspectiva de no valorar las promesas de Dios por encima de las promesas del pecado. Como dice Hebreos 3:13-14: “Antes, exhórtense los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: ‘Hoy’; no sea que alguno de ustedes sea endurecido por el engaño del pecado. Porque somos hechos partícipes de Cristo, si es que retenemos firme hasta el fin el principio de nuestra seguridad”.
Pero, sobre todo, debemos enfocarnos en lo valiosas que son las promesas y ayudarnos mutuamente a valorar por encima de todas las cosas lo grande que es la recompensa que Cristo ha comprado para nosotros. Debemos decirnos unos a otros lo que dice Hebreos 10:35: “no abandonen su confianza, la cual ha de ser grandemente recompensada” (NVI). Y luego debemos ayudarnos mutuamente a ver la grandeza de la recompensa.
Esa es la tarea principal de la predicación, y el propósito principal de los grupos pequeños y de todos los ministerios de la iglesia: ayudar a las personas a ver la grandeza de lo que Cristo ha comprado para todos los que lo valorarán más que al mundo. Ayudar a las personas a verlo y saborearlo, para que el valor superior de Dios brille en su satisfacción y en los sacrificios que provienen de un corazón así.
Devocional tomado del libro “El poder presente de una posesión futura”.
