No evites el peligro; enfréntalo

Para muchos hombres, el matrimonio será el principal campo de entrenamiento para estos aspectos de la masculinidad. La pornografía nos ofrece orgasmos sin relación, sexo sin ataduras.
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La pornografía hace del placer sexual algo accesible sin dificultad alguna. La pornografía es el camino fácil. Simplemente toca pocas veces la pantalla de tu celular y allí está, sin cortejo ni competencia ni rechazo. En su libro Pornified [Pornificados], Pamela Paul escribe: La estrella pornográfica siempre responde; nunca se queja […] Su cabello nunca se queda atrapado bajo su codo y sus muslos nunca se cansan. Se excita fácilmente; llega al orgasmo natural y consistentemente y es maleable. Ella es lo que él quiere que sea. Es una porrista, una enfermera, una dominatriz, una ninfómana, una virgen, una adolescente, la madre de tu mejor amigo: ella es todas las mujeres que siempre estuvieron fuera de tu alcance. Ella es la vecina de al lado, la reina de la escuela, la maestra guapa, la supermodelo, la celebridad. Ella es cada mujer que alguna vez te rechazó. Solía ser lesbiana, solía ser fría, solía tenerle miedo al sexo. Ella es cada mujer imposible de tener. Ahora le encanta el sexo; nunca se sacia de tener sexo; nunca se sacia de tener sexo contigo. Ella es cada mujer que debería apreciarte. Las mujeres en la pornografía nunca discriminan; no importa cómo te veas, si tienes mal aliento o si no puedes mantener una erección. Por supuesto, a ella no le importa tu ocupación, tu reputación ni tu historia. Cada encuentro comienza de cero, encontrándose como desconocidos agradables y separándose con gratitud.[1] Las mujeres reales, sin embargo, son difíciles de amar. Son pecadoras, igual que los hombres. Por tanto, si has de convertirte en el tipo de hombre que puede amar a una mujer real, tienes que convertirte en el tipo de hombre que tiene el carácter que no evita el conflicto sino que lo enfrenta conscientemente y lo vence. Para muchos hombres, el matrimonio será el principal campo de entrenamiento para estos aspectos de la masculinidad. La pornografía nos ofrece orgasmos sin relación, sexo sin ataduras. Esta erosión lenta pero segura debilita la habilidad y el deseo del hombre para obedecer Efesios 5:25: “Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio Él mismo por ella”. En Mateo 18:15–20, Jesús ordenó a los cristianos no evitar el conflicto sino enfrentarlo. Si no enfrentamos el conflicto, somos hipócritas. No podemos decir que realmente nos amamos unos a otros si no lo mostramos en nuestras acciones. A veces, el amor requiere que cierres la boca; otras veces, amar significa hablar. Pero enfrentar el conflicto no significa amar el conflicto en sí mismo. Se trata de valorar algo más de lo que podrías obtener al evitarlo. Si verdaderamente valoras una amistad, tal vez tengas que decirle a un amigo algo que al principio lo lastimará. Mientras escribía estas palabras, recordé una situación en la iglesia que he estado evitando. Una pareja que conozco bien (al parecer) ha abandonado la iglesia. Esto duele, porque estuvimos en un grupo pequeño de estudio bíblico juntos durante dos años. Parte de mí espera que envíen un correo para decir que oficialmente se están marchando; quiero que tengan la valentía para hacerlo. Pero yo también tengo un papel que jugar en esto, no solo como su amigo sino también como su pastor. Tristemente, he estado evitando contactarlos porque sé que será incómodo y el camino fácil es simplemente dejarlos ir. Por tanto, obedeceré mi propio consejo. Ahora mismo estoy deteniéndome y les estoy enviando un correo. ¿Te unirás conmigo en cultivar este tipo de carácter?

Preguntas de diagnóstico

  1. ¿Cómo lidiaba con el conflicto tu padre u otras figuras paternas cuando eras pequeño? ¿Observaste este mismo patrón en tu vida?
  2. Ahora mismo, ¿qué conflicto estás evitando? ¿Por qué?
  3. ¿Habrá alguna situación en tu vida donde estás utilizando a Dios o alguna frase religiosa para evadir el conflicto?

[1] Paul, Pornified [Pornificados], 44–45.

Benjamin Vrbicek

Benjamin Vrbicek y su esposa Brooke tienen seis hijos. Posee una licenciatura en ingeniería mecánica y aeroespacial por la Universidad de Missouri y una maestría en divinidad del seminario Covenant Theological Seminary en St. Louis, Missouri. Es pastor de enseñanza en la iglesia Community Evangelical Free Church en Harrisburg, Pennsylvania. Es autor y coautor de varios libros y blogs.

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