La misericordia de Dios en el sufrimiento por la diabetes

Así que mi carácter ha sido moldeado, aunque sin duda, aún le falta mucho por ser moldeado, y eso me da miedo, aun así, confío en mi misericordioso Señor.
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Hoy, hace 3 años, faltando 2 días para el tercer cumpleaños de Abigail, mi hija, y pasadas las 5 de la tarde, ella fue hospitalizada de emergencia, siendo posteriormente diagnostica con diabetes tipo 1. Iniciando de esto modo lo que han sido años difíciles, pero llenos de la bondad de Dios. Yo no estaba presente cuando fue dado el diagnostico, andaba buscando cena para mi esposa, mi suegra y mi hija, recuerdo regresar al hospital y verlas llorando desconsoladas. Lo primero que pensé en ese momento fue que Abigail estaba muriendo, así que corrí a mi esposa y ella como pudo me comentó sobre la diabetes. Al instante, sin conocer mucho de esta enfermedad y por ver el llanto de mi esposa, mi reacción fue ir a la doctora y preguntarle si esto significaba que mi hija estaba próxima a fallecer. Ella muy amablemente me explicó la situación. Horas más tarde mi esposa, quien es médico, me comentó que su llanto era porque “viajó al futuro”, su formación profesional le hizo pensar en todas las complicaciones que en los próximos años mi hija podría tener, las que con el paso del tiempo he comprendido. En su momento mi esposa comentó sobre esta situación, puedes leer su testimonio dando clic aquí. Y así, comenzaron los 3 años que hasta hoy llevamos, aquellos que padecen o tienen personas con diabetes en su familia, sin duda comprenden lo que implica esta enfermedad, sobre todo cuando se trata de una persona que en ciertos momentos de su vida aún no es consciente de lo que está sucediendo en su cuerpo y las implicaciones alrededor de su condición. Nuestras noches dejaron de ser tan reparadoras, pues debemos estar constantemente revisando el nivel de azúcar de Abigail; los pinchazos en su cuerpo para medir la glucosa y aplicar insulina suelen dolerme más a mí que a ella, por lo menos en mí corazón; cada comida no puede iniciar mientras no se haya hecho el conteo de carbohidratos en sus alimentos; hemos tenido que correr a darle jugo o algo más porque de pronto nos dimos cuenta que la glucosa estaba muy baja; las visitas al hospital no se han acabado, en verdad, nunca terminarán, la emergencia nos ha recibido en algunas ocasiones y la hospitalización se ha necesitado de nuevo; los exámenes periódicos se han convertido en un “vampiro” que chupa la sangre de los brazos de mi niña; y muchas cosas más suceden y sucederán. Pero mi intención no es venir a decirte cuán difícil es mi vida, porque estoy seguro de que tú también tiene luchas, sin duda el llanto ha sido tu compañero en diversas ocasiones, o quizás te sucede lo mismo que a mí, que el dolor no logra salir en forma de lágrimas, pero sufres. Mi deseo al recordar de esta forma pública este tercer aniversario del diagnóstico de diabetes en mi hija, es compartir como en medio del padecimiento, nuestro Dios se ha mostrado fiel en todo el tiempo y como Él ha provisto de medios para fortalecernos y suplir para nuestras necesidades. Mi propósito es alentarte a ver a Cristo, quien cuida de aquellos que vienen a Él.

Luchas y bendiciones

Una consecuencia del cuidado de mi hija es que mi cuerpo suele pasar con demasiado cansancio, como mencioné arriba, las noches no pueden ser de sueño profundo porque debemos estar monitoreando el nivel de glucosa de Abi (así le decimos de cariño), con mi esposa tomamos turno, una noche cada uno, pero es imposible no despertar cuando el otro está de guardia, luego, durante el día las labores de cada uno llaman, con el estrés que el trabajo conlleva. Aun así, ha habido bendiciones en este cansancio, siendo la primera mi esposa, especialmente el trabajo en equipo con mi amada, hemos aprendido uno del otro en este proceso y algunas mañanas reímos de lo que cada uno vio o escuchó en su vigilia, especialmente cuando tienes hijos que al igual que su madre hablan dormidos. No es en vano que la Palabra muestra en Proverbios 18:22, que el hombre que encuentra esposa es beneficiado con la bondad de Dios. En las diversas dificultades de la vida, los casados debemos comprender que somos una sola carne no solo en lo sexual, también lo somos para soportar juntos los embates de este mundo afectado por la maldición a causa del pecado. Quizás tú no estás casado, y te preguntas como o con quien puedes hacer equipo. Pues esto me lleva a hablar de otra bendición que hemos recibido en este tiempo. Los demás: nuestra familia sanguínea, la familia de la fe, amigos cercanos, conocidos y desconocidos. Nuestra familia sanguínea ha sido un apoyo para nosotros en este tiempo, siempre buscando las formas de estar pendientes de nuestra condición, proveyendo recursos cuando estos han sido escasos, sin lugar a duda valoro todo lo que hacen. Sin embargo, no todas las personas tienen una buena relación con su familia o quizás les sucede como a nosotros, que tenemos a padres y hermanos viviendo a kilómetros de distancia. En este caso debemos recordar que tenemos a la familia de la fe, pero no es como si fueran un plan B, que cuando no tenemos el apoyo de la familia sanguínea entonces podemos ir a buscar a la gente de nuestra iglesia. No, para mí, la familia de la fe es tan importante y tiene el mismo lugar que mi familia sanguínea, incluso soy más cercano con algunos en el cuerpo de Cristo. A mitad del 2020, en un momento duro y confuso a causa del COVID-19, tuvimos que hospitalizar de emergencia a Abigail, y aunque no se permitían visitas en el hospital por la pandemia, me sentí acompañado en cada momento, no recuerdo una sola hora en la que no sonara mi teléfono por una llamada o mensaje de alguien de la iglesia, mi hijo mayor, Benjamín, estaba en casa, él recibió visita de alguien de la iglesia que le llevó comida y juguetes, y tuvo un buen momento con amiguito que él ama mucho. Sin esperármelo, un amado hermano me dijo que me había hecho una transferencia de dinero, lo cual ayudó mucho en la situación que estábamos pasando. Y desde inicios del nuevo estilo de vida familiar con diabetes, han aparecido personas que un día fueron desconocidos, pero que ahora son grandes amigos de la familia, gestionando para que tengamos algunos elementos que ayudan mucho en el manejo de la diabetes en Abi. Hoy, siguen apareciendo desconocidos que vienen y van, y en ese transitar han sido de mucha bendición para nuestra familia. Dos personas que han contribuido para mantenernos en estos 3 años han sido Benjamín, Benja de cariño, él, como hermano mayor ha hecho sacrificios por su hermana y sus padres, siempre está dispuesto a aprender cómo cuidar a su hermana, la tarde de ayer me dijo que quería aprender a inyectar la insulina en su hermana; la otra persona es Ilcia, ella ha estado con nosotros por años cuidado a los niños, nos acompaña desde que Benja tenía 3 meses de edad, siempre dispuesta a aprender cómo cuidar a Abi, a cocinar de manera adecuada para la salud de mi hija y muchas cosas más. Como puedes ver, en medio del sufrimiento el Señor ha enviado su provisión para nuestras vidas. Aunque a veces no quiero ver esas bendiciones, pues pienso solamente en el dolor del momento y pierdo de vista la bondad del Dios eterno.

Creciendo en la prueba

2 de Tesalonicenses 1:3-4, muestra como la fe de la Iglesia en Tesalónica había crecido debido a las persecuciones y aflicciones en su vida. Esto me hace pensar en dos cosas, la primera es recordar que en este mundo tendremos aflicciones, que el dolor y el sufrimiento estarán entrelazándose en nuestro camino por distintos motivos, y segundo, que el dolor y el sufrimiento puestos a los pies de Cristo, nos harán crecer en santidad y en carácter cristiano. La forma como afronto la vida no es la misma a la de hace 3 años. Tener que darme cuenta de mi incapacidad de cuidar de mi hija en esas noches en donde el cansancio es tanto que ni mi esposa ni yo escuchamos una escandalosa alarma, y ser despertado por algo inesperado para poder atender a Abi, me hace comprender mi dependencia diaria, y nocturna, de Dios. Así que mi carácter ha sido moldeado, aunque sin duda, aún le falta mucho por ser moldeado, y eso me da miedo, aun así, confío en mi misericordioso Señor. Estoy seguro que tú estás pasando por una situación difícil, quiero recordarte que Dios es bondadoso, que Su Palabra muestra en Romanos 8:28 que, a nosotros que le amamos todo nos ayuda para bien. No dejes de confiar en el Señor, no dudes que Él tiene cuidado tuyo y de los tuyos.

Rudy Ordoñez

Rudy Ordoñez, sirve en la Iglesia Presbiteriana Gracia Soberana, en Tegucigalpa, Honduras. Director Editorial en Volvamos al Evangelio. Editor y traductor en diversos proyectos. Apasionado de la iglesia local. Le gusta leer mucho y escribir un poco de todo. Casado con Ehiby y papá de Benjamín y Abigail.

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