Julio 18
Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndose los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios (1 Pedro 4:10).
Cuando usamos nuestros dones espirituales, administramos la gracia; no la gracia de ayer, sino la de hoy, que llega en cada momento de necesidad. Y esta gracia venidera es “gracia multiforme”. Viene en muchos colores, formas y tamaños. Esta es una de las razones por las que los dones espirituales en el cuerpo de Cristo son tan diversos. El prisma de los dones de Dios en tu vida reflejará matices de la gloria divina que jamás percibirías por medio de mi prisma.
Hay tantas gracias venideras como hay necesidades en el cuerpo de Cristo, e incluso más. El propósito de los dones espirituales es recibir y proporcionar la gracia venidera de Dios para suplir esas necesidades.
Pero alguien podría preguntar: “¿Por qué citar la carta de Pedro para referirse a la gracia venidera? ¿No es acaso un mayordomo el que administra los bienes del hogar que ya están a mano?”.
La razón principal por la que cito a Pedro para referirme a la gracia venidera es que el versículo que sigue ilustra cómo ocurre esto, y se refiere al suministro continuo de gracia venidera: “…el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo” (1 Pedro 4:11). La palabra es “da”, no “dio”. Al servir, hazlo con el poder de la provisión continua de la gracia de Dios para hacer lo que necesitas hacer.
Cuando utilices tus dones espirituales para servir a alguien el día de mañana, estarás sirviendo “por la fortaleza que Dios [dará]” mañana. Él dará esa fuerza mañana, no hoy. “¡Que dure tu fuerza tanto como tus días!” (Deuteronomio 33:25 NVI).
Dios continúa, día a día, momento a momento, proveyendo la fuerza con la que ministramos. Lo hace porque quien provee de poder de manera constante e inagotable recibe la gloria. “…el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo”.
