El verano que pasó, Aileen y yo celebramos otro aniversario de casados, y puedo decir con honestidad que pocas cosas en la vida me han emocionado u honrado más que el hecho de que ella eligiera pasar su vida conmigo, de entre todas las personas. Hace ya tantos años que ella aceptó unir su vida a la mía y, desde entonces, hemos estado juntos y unidos. ¡Qué asombroso es eso!
Justo por los días de nuestro aniversario, mis devocionales me llevaron a las palabras de Salomón: “Regocíjate con la mujer de tu juventud” (Pro 5:18). Aunque sé que estas palabras fueron escritas específicamente para un hombre joven, comencé a reflexionar en ellas como un hombre ya no tan joven. Aileen es la esposa de mi juventud, aunque ninguno de los dos puede pretender ser tan joven como antes. Entonces, ¿cómo obedece esto un hombre que ya no es joven? O tal vez mejor, ¿qué consejo podría ofrecer a los que están recién casados? Aquí es donde mis pensamientos me llevaron mientras consideraba cómo regocijarme en la esposa de mi juventud.
1. Regocíjate en sus dones. Regocíjate en la esposa de tu juventud al regocijarte en sus dones. Gran parte del gozo del matrimonio proviene de tener un asiento en primera fila en la vida de otra persona. Desde esta perspectiva, tienes la alegría de verla poner sus talentos a trabajar. Cuando ella es cristiana, puedes verla dedicar sus talentos y sus dones espirituales al gran propósito de hacer el bien a los demás y glorificar a Dios. Esto te da la razón y la capacidad de regocijarte mientras observas a alguien desplegar deliberadamente lo que Dios le ha dado.
2. Regocíjate en su amor. Regocíjate en la esposa de tu juventud observando cuidadosamente cómo ella te ama y eligiendo disfrutarlo en esos términos. No, la terminología de los “lenguajes del amor” no proviene directamente de la Biblia y no, no es para nada perfecta. Pero sigue siendo una forma útil de reconocer el simple hecho de que diferentes personas expresan el amor de diferentes maneras. Si alguna vez te sientes poco amado o mal amado, abre tus ojos y tu corazón, observa con cuidado y probablemente verás que en realidad sí estás siendo amado, aunque tal vez en un “lenguaje” que no es de tu preferencia. Así que deja de quejarte y desear, y en su lugar aprende a abrazar y disfrutar ese lenguaje. Regocíjate al ser el destinatario indigno de la dedicación y el afecto de tu esposa.

3. Regocíjate en sus diferencias. Regocíjate en la esposa de tu juventud al regocijarte en quién Dios la ha hecho ser. Hay una voz persistente dentro de muchos de nosotros que dice que el problema principal con nuestra esposa son las formas en que ella no es un hombre. Los hombres y las mujeres tienden a ser diferentes en su compromiso emocional, en la forma en que procesan la vida, en su espiritualidad, en su interés y respuesta sexual, y de otras maneras. Estas son diferencias que reflejan el buen diseño de Dios. Son diferencias para maravillarse, abrazar y disfrutar, no comportamientos que cambiar o molestias que tolerar. Regocíjate en ella al regocijarte en esas diferencias y al no desear que ella fuera, en realidad, más como tú.

4. Regocíjate en su santidad. Regocíjate en la esposa de tu juventud al regocijarte en su santidad. Una de las mayores bendiciones que recibo cada día es ver la Biblia abierta de Aileen. De hecho, a veces, cuando sé que ella está haciendo sus devocionales, me acerco y echo un vistazo solo para animarme al verla buscar al Señor. Cuanto más caminamos juntos por la vida y cuanto más nos lleva ese viaje por caminos difíciles, más precioso se vuelve esto. Aprende a regocijarte en la santidad de tu esposa; a celebrar cada uno de sus avances en la santificación y a ser paciente y perdonador con su pecado.

5. Regocíjate en sus pasiones. Regocíjate en la esposa de tu juventud al regocijarte en sus pasiones. Dios nos da a cada uno diferentes intereses y nos hace de tal manera que nos entusiasmamos con cosas distintas. Puedes encontrar gozo en tu esposa al aprender sobre aquellas cosas que le apasionan, que la encienden. Puede ser una gran causa o un pasatiempo divertido, algo que la motive o algo que la relaje. De cualquier manera, cuando encuentras gozo en lo que a ella le da gozo, tu alegría aumentará aún más.

6. Regocíjate en su cuerpo. Regocíjate en la esposa de tu juventud disfrutando juntos de la relación sexual. Pongo esto al final aunque sea la aplicación más obvia del texto original. Este pasaje tiene una fuerte carga sexual y está claro que Salomón tiene la intención de convencer al lector de estar y permanecer enamorado de su esposa, y de disfrutar la relación sexual que comparten durante toda la vida: “Amante cierva y graciosa gacela; que sus senos te satisfagan en todo tiempo, su amor te embriague para siempre” (Pro 5:19).

Regocijarte en tu esposa significa buscarla activamente, hacer aquellas cosas que la deleitan y atraen, y mantener un interés activo y continuo en ella. Regocijarte en tu esposa significa negarte a regocijarte en cualquier otra persona; abstenerte de desear a cualquier otra, negarte a permitir que tus ojos se detengan o que tu corazón anhele a cualquier otra mujer. A través de ciclos de enfermedad y salud, capacidad e incapacidad, deseo y apatía, y todos los demás altibajos que vienen con las décadas juntos, regocíjate en ella, en su cuerpo. En ella y solo en ella.
Ya seas un hombre joven o un hombre no tan joven, tienes el mismo llamado de parte de Dios: regocíjate en la esposa que Dios te ha dado. Regocíjate en Su precioso regalo.
Publicado originalmente en Challies