Abril 21
Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de Mí. Regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los cielos es grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que ustedes (Mateo 5:11-12).
Una de las preguntas que formulé cuando predicaba acerca de amar a nuestros enemigos basado en Mateo 5:44, fue la siguiente: ¿Cómo hace uno para amar a quien lo secuestra y asesina?
¿Cómo se logra esto? ¿De dónde viene el poder para amar de esa forma? Solo pensemos en lo asombroso que resulta ver algo así en la vida real. ¿Hay algo que pueda mostrar el poder, la verdad y la realidad de Cristo mejor que esto?
Creo que Jesús nos da la clave de este amor radical y abnegado, descrito en Mateo 5:44, previamente en el mismo capítulo.
En Mateo 5:11-12, Jesús vuelve a hablar acerca de ser perseguido, del mismo modo que cuando habló en Mateo 5:44: “Amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen”. Lo notable de este pasaje es que Jesús dice que no solo somos capaces de soportar el maltrato de nuestros enemigos, sino que también podemos regocijarnos en estas circunstancias. “Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan… Regocíjense y alégrense”.
Esto parece estar fuera de nuestro alcance, es más que orar por nuestros enemigos y buscar el bien de ellos. Si pudiéramos hacer esto que humanamente es imposible, es decir, regocijarnos al ser perseguidos, entonces sería posible amar a nuestros enemigos. Si el milagro de gozarnos en medio del horror de la injusticia, del dolor y de las pérdidas sucediera, entonces también podría ocurrir el milagro de amar a quienes nos causan el sufrimiento.
Jesús da la clave para el gozo en estos versículos: “Regocíjense y alégrense, porque la recompensa de ustedes en los cielos es grande”. La clave para el gozo es la fe en la gracia venidera de Dios, es decir, estar satisfecho en todo lo que Dios ha prometido que será tuyo. “La recompensa de ustedes en los cielos es grande”. Nuestro gozo en la persecución es el gozo del cielo que viene a este momento de horror y nos libera para amar. Así, este gozo es la fuerza liberadora para amar a nuestros enemigos cuando nos persiguen.
Si eso es cierto, entonces el mandamiento de amar equivale a poner nuestra mente en las cosas de arriba (en todas las promesas de Dios para nosotros) y no en las cosas de la tierra (Colosenses 3:2).
El mandamiento de amar a nuestros enemigos se traduce en hallar nuestra esperanza y satisfacción en Dios y en Su gran regalo: Su gracia venidera. La clave del amor radical es la fe en la gracia venidera. En medio de la agonía debemos persuadirnos de que el amor de Dios es “mejor que la vida” (Salmos 63:3). El amor hacia los enemigos no nos da la recompensa del cielo. Atesorar la recompensa del cielo es lo que nos da el poder para amar a nuestros enemigos.
