Enero 4
Porque por una ofrenda Él ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados (Hebreos 10:14).
Este versículo es totalmente alentador para pecadores imperfectos como nosotros, y nos llena de motivación para buscar la santidad.
Lo que significa es que podemos tener la seguridad de que, a los ojos de nuestro Padre celestial, fuimos perfeccionados y estamos completos; no porque seamos perfectos ahora, sino precisamente porque, aunque aún no somos perfectos, estamos siendo “santificados”, “hechos santos”. Por la fe en las promesas de Dios, estamos distanciándonos de nuestras obstinadas imperfecciones, para acercarnos cada vez más a la santidad. Ese es el punto de Hebreos 10:14.
¿Nos hace nuestra fe desear abandonar el pecado y crecer en santidad? Ese es el tipo de fe que, en medio de la imperfección, puede mirar a Cristo y decir: “Ya me has hecho perfecto a Tus ojos”.
Esa es la fe que dice: “Cristo, hoy he pecado. Pero aborrezco mi pecado, porque tú has escrito Tu ley en mi corazón y anhelo cumplirla. Estás obrando en mí lo que es agradable a Tus ojos (Hebreos 13:21). Y por eso odio el pecado que todavía hay en mí y los pensamientos pecaminosos que todavía tengo”.
Esa es la fe verdadera y realista que salva. Esta es la fe que puede saborear las palabras: “Porque por una ofrenda Él ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados”.
No es la jactancia del fuerte. Es el clamor del débil en necesidad de un Salvador.
Te invito y te insto a ser lo bastante débil para confiar en Cristo de esta manera.
