¡Creciendo a la imagen de Cristo al devorar tu Biblia!

Al estudiar la Biblia, aprendemos a pensar los pensamientos de Dios según Él. En otras palabras, aprendemos a pensar en categorías bíblicas.
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El pueblo de Dios prosperaba bajo el rey Jeroboam II en el siglo VIII a.C., pero no todo iba bien en Israel. Después de muchas advertencias a causa de la impiedad, Dios envió al profeta Amós para reprenderlos y darles un mensaje del juicio venidero. Sin que Israel lo supiera, su destrucción no estaba lejos. Los asirios invadieron el país en el año 722 a.C. y se llevaron a la mayor parte de Israel al cautiverio. Sin embargo, antes de su caída, Amós profetizó un juicio mucho peor que el cautiverio: “«Vienen días», declara el Señor Dios, «En que enviaré hambre sobre la tierra, No hambre de pan, ni sed de agua, Sino de oír las palabras del Señor. La gente vagará de mar a mar, Y del norte hasta el oriente; Andarán de aquí para allá en busca de la palabra del Señor, Pero no la encontrarán… »”. (Amós 8:11-12) Lo que Amós describe es un tiempo horrible en el que el pueblo de Dios, anhelantes de escuchar la palabra del Señor, no podrían hacerlo debido a la hambruna espiritual prescrita. Esta descripción histórica nos resulta incómodamente familiar hoy en día, cuando el amor y el celo por Dios parecen algo raro. Aunque pueden haber varios factores clave que contribuyen aquí, nuestra moderna epidemia de analfabetismo bíblico tiene, sin duda, un rol importante. La suficiencia de la Escritura En parte, eso se debe a que no sentimos una gran necesidad de las Escrituras. La Biblia no nos parece tan importante. No obstante, nuestra espiritualidad perezosa va en contra de uno de los versículos más potentes de la Biblia sobre el tema. En 2 Timoteo 3:16, Pablo declara: «Toda Escritura es inspirada por Dios», y luego añade cuatro modificadores que nos muestran cuánto necesita el cristiano la Biblia ya que es «útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia». Examinémoslos. En primer lugar, el apóstol Pablo dice que la Escritura es útil para la enseñanza. Se trata de una enseñanza instructiva sobre cómo debe pensar, creer y vivir cada cristiano. ¿Cómo sabemos lo que Dios desea que creamos sobre el mundo, la humanidad, Jesucristo, el evangelio, el gobierno, la iglesia, el matrimonio, la familia, el trabajo, la palabra, el ocio y demás? La Biblia se encarga de instruir a cada creyente en todos los asuntos de la vida y de la fe. Luego, el apóstol Pablo dice que la Escritura es útil para reprender. Esto tiene que ver con la exhortación que está diseñada para producir arrepentimiento y un cambio de pensamiento o acción. A menudo, nos comportamos con base en creencias erróneas o equivocadas sobre nuestras vidas. A veces, estas creencias son moldeadas por nuestros corazones pecadores y otras veces por pura ignorancia. Cualquiera que sea la causa, la Biblia trata de atacar nuestras presuposiciones erróneas, exponiéndolas por lo que son. Para usar una metáfora bíblica, la Biblia ilumina los lugares oscuros para exponer las cosas que están ocultas. La Escritura también es útil para la corrección, que es la otra cara de la reprensión: una exhortación positiva no sólo para alejarse del mal, sino para hacer lo que es correcto según la norma de Dios. Una cosa es disciplinar a un niño rebelde por hacer lo incorrecto, pero nada cambiará si no se le corrige para que haga lo correcto. La Biblia hace ambas cosas. Por último, el apóstol menciona que las Escrituras son útiles ejercitarnos en la justicia. Esta es la aplicación de la verdad bíblica: la obediencia de la fe (Rom. 1:5). Jesús dijo a sus seguidores en Mateo 28:19-20, que la Gran Comisión incluía «enseñándoles [a los discípulos] a guardar todo lo que les ha mandado». Gran parte de la Biblia (especialmente el Nuevo Testamento) es instructiva. Ya sea a través de la instrucción directa o a través del examen de las vidas de las personas, somos entrenados por Dios a través de sus palabras para conformarnos a su estándar de justicia. ¿Cuál es la aplicación práctica final? Continúa en el versículo 17, «a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra». El objetivo de la lectura, el estudio y la aplicación de las Escrituras es que el creyente sea edificado, equipado y madurado para toda buena obra que Dios le haya preparado (Ef. 2:10). En otras palabras, la Escritura es suficiente para ministrar a cada aspecto de tu vida. La Palabra de Dios puede cambiarte. Pero, ¿cómo? La Biblia te cambia Cuando Jesús fue tentado por Satanás en el desierto en Mateo 4, le respondió diciendo: «No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (v. 4). ¿A qué se refería? Jesús se refería a la Palabra que transforma y satisface el alma (más sobre el tema posteriormente). Todos los placeres del mundo pueden proporcionar sólo un consuelo parcial y temporal, pero la Palabra de Dios regenera, ilumina y motiva. Veamos brevemente algunas formas en las que las Escrituras pueden cambiarte y satisfacerte. La Biblia cambia tu espíritu (regeneración) Efesios 1:13-14 afirma que, «después de escuchar [¡o leer!] el mensaje de la verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído, [fuimos] sellados… con el Espíritu Santo de la promesa». El Espíritu regenera nuestras almas: «nacemos de nuevo» (Jn 3:3-8) y recibimos una vida completamente nueva en Jesucristo. El mensaje del evangelio en las Escrituras lleva consigo el poder de dar una nueva vida espiritual a los que creen (Rom. 1:16). Para una persona que aún no ha sido salva, la lectura de la Biblia puede llevarla de la muerte a la vida a través del evangelio de Jesucristo. La Biblia cambia tu mente (conocimiento) Según Proverbios 2:6, «El SEÑOR da sabiduría; de su boca vienen el conocimiento y la inteligencia». La Biblia es clara en que el verdadero conocimiento viene de Dios. El apóstol Pablo oró para que los creyentes de Colosas fueran «llenos del conocimiento de Su voluntad [de Dios] en toda sabiduría e comprensión espiritual» (Col. 1:9). En resumen, el Señor desea que le conozcamos, y el estudio de la Biblia es la principal forma de llegar a conocerle. Además, la Palabra de Dios no sólo proporciona conocimiento y sabiduría, sino que también tiene el poder de renovar y cambiar tu mente (Rom. 12:1-2). Al estudiar la Biblia, aprendemos a pensar los pensamientos de Dios según Él. En otras palabras, aprendemos a pensar en categorías bíblicas. Incluso, el creyente más inmaduro puede leer la Biblia y recibir sabiduría y entendimiento del Señor (Sal.119:130). Mientras que nuestras mentes pecaminosas se fijen, en última instancia, en cosas triviales y malas, una mente bíblicamente informada y llena del Espíritu se fijará en la vida y la paz (Rom. 8:6). ¿Quieres una mente transformada y renovada por las cosas de Dios? Lee tu Biblia. La Biblia cambia tus emociones (afectos/emociones) La Palabra de Dios no sólo puede regenerar tu alma y alterar tu forma de pensar, sino que también puede cambiar tu forma de sentir. Somos criaturas emocionales, y aunque no queremos estar contemplando nuestras emociones, una relación creciente con Dios ciertamente afectará la forma en que sentimos. Una de las expresiones más comunes de la emoción ligada al conocimiento de Dios es la alegría. David exclamó: «¡Cómo amo tu ley! Todo el día ella es mi meditación» (Sal. 119:97). Jeremías declaró: «Cuando se presentaban Tus palabras, yo las comía; Tus palabras eran para mí el gozo y la alegría de mi corazón» (Jer. 15:16). Después de aprender las Escrituras de parte de Jesús en el camino de Emaús, los dos discípulos dijeron: «¿No ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino, cuando nos abría las Escrituras?» (Lc. 24:32). Por supuesto, aprender la Biblia también puede producir sentimientos de dolor, especialmente por el pecado. Leemos en Hebreos 4:12 que «Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón» Cuando esto sucede y el pecado es expuesto, la Palabra produce un dolor piadoso. Por ejemplo, cuando la multitud incrédula escuchó el evangelio en el sermón de Pedro, Hechos 2:37 dice, «conmovidos profundamente», es decir,  se entristecieron y anhelaron el perdón. El estudio de la Biblia no debería producir menos en nosotros. Pero los cambios no deben detenerse en nuestras emociones. La Biblia cambia tu voluntad (volición/deseos) Una vez recibimos vida nueva en Jesucristo, nuestras mentes son iluminadas a las cosas de Dios y somos afectados emocionalmente, estamos obligados a actuar. La Biblia exhorta a los cristianos hacia la acción piadosa. El Señor desea que nos conformemos a la imagen de Cristo (Rom. 8:29). Debemos ser santificados. De hecho, Jesús oró al Padre «santifícalos en la verdad; Tu palabra es verdad» (Jn 17:17). ¿Qué significa ser santificado? Significa que somos limpiados espiritualmente, presentados a Cristo como santos, apartados e irreprochables ante Él (Ef. 5:26-27). En otras palabras, nuestras vidas deben ser cambiadas por lo que conocemos de Dios. De hecho, el apóstol Pablo nos dice que tener nuestras mentes renovadas por la Palabra de Dios produce un estilo de vida de adoración (Rom. 12:1-2). Pensamos, hablamos y actuamos de manera que produzcamos frutos espirituales y, por lo tanto, agrademos a Dios (Col. 1:10). No sólo debemos conocer las respuestas correctas sobre Dios; Él desea que le obedezcamos con nuestras vidas. Jesús dijo: «Si ustedes me aman, guardarán mis mandamientos» (Jn 14:15). Conocer la Biblia debe llevarnos a una mayor obediencia al Señor en todas las cosas. Conclusión Como en los días de Amós, es posible que estemos en una época de «hambruna» bíblica. Ciertamente, el deseo de deleitarse con las Escrituras es poco frecuente hoy en día, tanto en el mundo en general como incluso en la iglesia. Sin embargo, no podemos olvidar lo que hemos tratado en este artículo: la Biblia es poderosa y capaz de cambiar tu vida de adentro hacia afuera. Dios no ha dado ningún otro medio para llevar a cabo tal tarea. El Espíritu de Dios que actúa en los corazones de los cristianos utiliza la Palabra de Dios para transformarlos en personas semejantes a Cristo. Por eso, descuidar la disciplina de la lectura y el estudio de la Biblia es cortar la misma fuente de alimento espiritual que se necesita para vivir una vida cristiana. Esta es, pues, nuestra esperanza, nuestra oración y el gran trabajo de nuestra vida: tenemos que aprender a devorar nuestra Biblia.  

Nate Pickowicz

(M.A., Trinity Theological Seminary) es pastor principal de Harvest Bible Church en Gilmanton Iron Works, NH.

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