¿Cómo puedo llegar a ser un calvinista más humilde?

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PRESENTADOR:

Las doctrinas de la gracia en esencia producen humildad. O eso es lo que desearíamos. Pero a veces no es lo que ocurre. Si no tenemos cuidado, una comprensión equivocada del calvinismo puede fomentar el orgullo.

Ese es el dilema de Natanael. Vive en Tennessee y nos escribe: “¡Hola, pastor John y Tony! Muchas gracias a ambos por el podcast John Piper Responde. Me ha ayudado a amar más a Jesús y a anhelar Su regreso —¡amar Su manifestación!—. Soy calvinista de cinco puntos. Creo que Dios escogió a un pueblo para Sí antes de la fundación del mundo para que sean Sus hijos, como enseña Efesios 1:4-6. Sé que Dios elige a las personas, por Su gracia y sabiduría libre, y no por algo dentro de las personas que elige.

Sin embargo, a veces, cuando empiezo a desbordarme de agradecimiento a Dios por elegirme y salvarme por Su gracia soberana, percibo cierta arrogancia en mí al pensar que soy ‘especial’ para Dios porque Su ‘gracia especial’ se ha extendido a mí, y no a otros. Sé que mi arrogancia es errónea. No hice nada para salvarme, y no merezco ser salvo en absoluto. Mi fe salvadora en Cristo es un don total de Dios, como dice Efesios 2:8-9. Por tanto, no tengo razones para jactarme. He visto a Dios hacer algo en mi corazón en esta área recientemente. Por eso, tengo la esperanza de que Él continuará perfeccionando la buena obra que comenzó en mí (Filipenses 1:6). Pero mientras tanto, además de sumergirme en la Palabra de Dios diariamente, ¿tiene algún consejo útil para mí sobre cómo puedo convertirme en un calvinista más humilde?”.

JOHN PIPER:

Bueno, no solo para Natanael en Tennessee, sino para mí, y para todos nosotros, esto es lo aterrador del corazón humano. No existe ninguna doctrina, ninguna teología, ningún conjunto de ideas, ningún credo que pueda proporcionar una protección infalible contra el orgullo y la jactancia del corazón humano. Punto. El corazón puede encontrar la manera de distorsionar las circunstancias más humillantes y convertirlas en circunstancias que aumenten el ego. Y el corazón puede hacer que incluso las doctrinas más humillantes se conviertan en un trampolín para la jactancia. Puede hacerlo. Lo hace.

Más engañoso que todo es el corazón,
Y sin remedio;
¿Quién lo comprenderá?.

Jeremías 17:9

Jesús dijo: “de adentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos… [el] orgullo [y la] insensatez” (Marcos 7:21-22). El orgullo. Esa es la enfermedad más profunda del corazón humano. E incluso aquel que es un santo salvado por Dios, comprado con sangre, habitado por el Espíritu Santo, maduro —sí, maduro— la enfermedad del orgullo puede levantar la cabeza de la tumba de la mortificación y avergonzarnos.

Cinco puntos de humildad

La doctrina de la elección incondicional está diseñada por Dios para destruir la jactancia humana. Sí, así es.

Dios ha escogido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo para avergonzar a lo que es fuerte. También Dios ha escogido lo vil y despreciado del mundo: lo que no es, para anular lo que es, para que nadie se jacte delante de Dios (1 Corintios 12:27-29).

Lo mismo ocurre con la doctrina de la gracia irresistible: la fe salvadora es un don, no un logro; está diseñada por Dios para destruir la jactancia. “Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9).

Es lo mismo con la doctrina de la depravación total: está diseñada para aplastarnos a todos al terreno común de mendigos sin esperanza y eliminar la jactancia. “Pero si tienen celos amargos y ambición personal en su corazón, no sean arrogantes y mientan así contra la verdad” (Santiago 3:14).

Lo mismo ocurre con la doctrina de la providencia omnipresente de Dios sobre los detalles más pequeños de nuestras vidas: está diseñada para eliminar la jactancia de nuestras vidas.

Oigan ahora, ustedes que dicen: “Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad y pasaremos allá un año, haremos negocio y tendremos ganancia”. Sin embargo, ustedes no saben cómo será su vida mañana. Solo son un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece. Más bien, debieran decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. Pero ahora se jactan en su arrogancia. Toda jactancia semejante es mala (Santiago 4:13-16).

Y pudiéramos continuar.

Cuatro caminos que te alejan del orgullo

Las doctrinas de la gracia —las doctrinas bíblicas, la historia bíblica, las verdades bíblicas— están diseñadas para mostrar los derechos de Dios, las prerrogativas de Dios, el poder de Dios, la autoridad de Dios y la gracia totalmente inmerecida de Dios derramada en nuestras vidas. Todos ellos están destinados a tener este doble efecto: (1) que nadie se jacte de sí mismo, y (2) que el que se jacte se jacte en el Señor. Entonces, ¿qué podemos hacer si nos encontramos tergiversando estas verdades para convertirlas en una plataforma de exaltación propia?

1. Lamenta tu pecado

Lamentar nuestro pecado presente, continuo —no solo los pecados pasados, no solo los pecados en principio, sino los de mi vida diaria que no ceden a la guerra—. Esto es lo que hizo clamar a Pablo: “¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? Gracias a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” (Romanos 7:24-25). Debemos ser dolorosamente conscientes del pecado que habita en nosotros, afligirnos por él y, con temblor, aferrarnos a la gracia.

2. Mira tu pecado en los sufrimientos de Cristo

Podemos tener ante nosotros las agonías de Cristo —y me refiero a las torturas y sufrimientos reales y horribles de Cristo— teniendo en mente lo siguiente: “Así de malvado soy. Esto es lo que merezco. Esto es lo que fue necesario para salvarme, tanto sufrimiento horrible”. James Denney dijo: “Ningún hombre puede dar la impresión de que él mismo es astuto y que Cristo es poderoso para salvar” (citado por John Stott en Between Two Worlds [La predicación: puente entre dos mundos], 325). En otras palabras, la exaltación propia y el sentido de la grandeza de Cristo al salvarnos no pueden ir juntos.

3. Tiembla ante la sutileza del orgullo

Dejemos que la historia del fariseo y el recaudador de impuestos nos estremezca, porque el fariseo ora como un calvinista: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres” (Lucas 18:11). Le está dando la gloria a Dios por su santificación. Pero aunque oraba como si quisiera dar gloria a Dios por su santidad, todo era una forma sutil de exaltación propia. Por eso la historia termina así: “todo el que se engrandece será humillado, pero el que se humilla será engrandecido” (Lucas 18:14). Esto debería estremecernos y hacernos estar alerta.

4. Ruega por humildad

Debemos suplicar a Dios por el milagro de la humildad. Es un milagro. Es un milagro porque no lo podemos lograr nosotros. Si lo logramos, estaremos orgullosos de haberlo conseguido. Es un don, y la naturaleza del don es peculiar. Es un don de olvidarnos de nosotros mismos. Si somos conscientes de ser humildes, vamos camino de perder esa humildad.

Así pues, oremos desesperadamente para que la buena teología dé buenos frutos. Oremos por esta hermosa realidad descrita por Jonathan Edwards. Me maravilla esta cita que describe lo que realmente buscamos:

Todos los afectos de gracia… son afectos de un corazón quebrantado. Un amor verdaderamente cristiano, ya sea a Dios o a los hombres, es un amor humilde y de corazón quebrantado. Los deseos de los santos, por más fervorosos que sean, son deseos humildes; su esperanza es una esperanza humilde; y su gozo, aun cuando sea indecible y lleno de gloria, es un gozo humilde y quebrantado, que deja al cristiano más pobre de espíritu y más semejante a un niño pequeño, y más dispuesto a vivir con una humildad total (Religious Affections [Afectos religiosos], 339).


Episodio original en inglés: https://www.desiringgod.org/interviews/how-can-i-become-a-humbler-calvinist

John Piper

John Piper

John Piper (@JohnPiper) es fundador y maestro de desiringGod.org y ministro del Colegio y Seminario Belén. Durante 33 años, trabajó como pastor de la Iglesia Bautista Belén en Minneapolis, Minnesota. Es autor de más de 50 libros.

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